
Viernes tejía cestas a la sombra de una palmera. Hacía calor y de lejos le llegaba el bramido de las olas rompiendo en la playa. Su ritmo se hizo lento, desgarrando las fibras vegetales con desgano. Las dejó de lado y con el dedo, en la arena tibia, trazó con delicadeza el glifo de su nombre verdadero.
Pasó Robinson por ahí cargado de troncos y se detuvo. Mientras se limpiaba el sudor de la frente, borró con el pie la figura en la arena.
—¿Otra vez escribías esa palabra horrenda?
—Nombre ser bello —dijo el indígena indignado—. Kairi ser «isla».
—Y mira a dónde te trajo ese apelativo del demonio. A esta isla olvidada en la que ibas a ser devorado por los caníbales. Pero Dios fue misericordioso y te salvé. El día que te encontré fue un viernes, así que eres Viernes y ya.
—Entonces tú también ser Viernes. Yo encontrarte ese mismo día.
Robinson lanzó un suspiro de hartazgo.
—Mi nombre no necesitaba cambiarse, el tuyo sí.
Se instaló el silencio entre ambos, roto solo por los ruidos propios de la selva.
A partir de ahí, todas las mañanas cuando el indígena despertaba, trazaba en el aire la figura de una isla y susurraba bajito: «Kairi»
Autor: Ana Laura Piera.
209 palabras.
Si eres tan amable de comentar, pon tu nombre en él porque a veces wordpress los deja como anónimos. Gracias.
Como saben, Robinson Crusoe y Viernes son los personajes de la novela de Daniel Defoe: Robinson Crusoe.
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