Reflejo imposible. Cuento corto.

Mientras buscaba comida en un arruinado edificio de viviendas, encontré una cámara Polaroid Sun 600, todavía en su empaque original. Recordé a mi abuelo, aficionado a la fotografía, que decía que una instantánea era el tiempo mismo contando una historia. Sentí una alegría intensa por el hallazgo. ¿Estaría cerca lo necesario para que funcionara? En el frío sótano de la construcción encontré un empaque metálico con un cartucho de ocho disparos. ¡La suerte me sonreía por partida doble! La fecha de caducidad era viejísima, pero quizás la temperatura fresca y constante lo hubiera preservado.

Puse a prueba el funcionamiento con una toma exterior en una calle cuyo pavimento deformado y costras de asfalto narraban la desgracia. Al disparar se escuchó un «clic» seco y hubo un destello luminoso desde el flash. El ruido del motor y rodillos moviéndose me sobresaltó; todo el proceso fue escandaloso y lo que yo menos quería era llamar la atención. El equipo expulsó el papel fotográfico; percibí un aroma metálico. Con lentitud, luchando por abrirse paso a través de químicos viejos, «algo» surgía desde el gris lechoso de la capa fotosensible.

La captura mostró en primer plano mi entorno: la ciudad devastada por el abrazo apretado y fatal de la Gran Plaga de Maleza. Al intentar acabar con ella, la gente provocó incendios que en algunas partes se habían salido de control. Lo que quedaba eran fachadas negras, vigas de acero retorcido y abundancia de restos de carbón. En el centro de la imagen, sin embargo, estaba una vía bulliciosa con autos circulando en ambos sentidos. Sobre un hermoso arcén lleno de verde, una chica asiática que vendía periódicos y chucherías volteó, con un movimiento desdibujado, hacia la cámara. Quedé atónito. ¿Una escena del pasado? Hice una segunda toma y la muchacha apareció mirando de frente. En sus ojos curiosos se reflejaba el brillo del flash.

Tras capturar esas dos fotos, el contador había pasado de ocho a seis.

Emocionado, subí a uno de los malogrados pisos. Al mismo tiempo que comía una barra energética caducada, escribí con carbón en un pedazo de escombro:

«Año 2076. Soy Leo. Déjame una pista».

Bajé de nuevo. Apoyé el fragmento de concreto en mis piernas y tomé otra foto. En la imagen resultante apareció ella, desde ese pasado luminoso, con la vista en mi mensaje. ¿Habría podido leerlo?

Un silbido a lo lejos, y otro más, como una respuesta al primero, me pusieron en alerta. Apreté la Polaroid contra mi pecho. Los rapiñadores tecnológicos habían visto el resplandor o quizás escucharon al equipo trabajar. Era hora de esfumarme.

El contador cambió de seis a cinco.

Por prudencia dejé pasar algunos días antes de regresar y lo sentí como una tortura. Tenía la ilusión de que ella me hubiera dejado alguna señal. Estando ahí, revisé cada hendidura en el pavimento. Cotejé las tomas que tenía con el presente y una jardinera llamó mi atención. De ella solo quedaba un trozo de piedra ennegrecida. La revisé. Traté de moverla sin éxito. Escarbé alrededor, cada vez más profundo. Encontré una cajita de metal ahogada en resina. Emocionado, me la eché en el bolsillo. Estaba seguro de que contendría algo para mí. Antes de irme hice otro disparo; el obturador se atascó. Frenético, le di unos golpecitos hasta liberarlo, pero no obtuve ninguna imagen. Repetí y, aunque el mecanismo funcionó bien, el revelado volvió a fallar. Los químicos necesarios quizás se encontraban ya muy degradados. Si no hubiera sentido la cajita de metal conmigo, lo habría pasado fatal.

Tras esos dos intentos infructuosos, el contador ahora aparecía en tres.

En cuanto pude, rompí el sello de resina y saqué la caja. Era reducida, pero robusta. La abrí con no poca dificultad. Dentro encontré un recorte de periódico descolorido doblado sobre sí mismo muchas veces, para que cupiera. Lo extendí con cuidado; se me rompió en los lugares del doblez, así que al final lo leí casi como un rompecabezas. Se veía una fecha: 21 de abril de 2026. Un titular llamó mi atención:

«Esfuerzos por terminar con el crecimiento anormal de la maleza en diferentes partes del mundo no rinden frutos».

En una esquina, escrito a mano, leí:

«¡Te veo en el destello! Soy Kim. Te dejo un regalo. No están contaminadas».

Sentí que mi energía subía al máximo: ¡Ella me veía!, y por el recorte escogido tal vez intuía que yo la observaba desde aquel futuro sórdido. Encontré semillas de hortaliza con sus nombres en bolsitas de papel: zanahoria, calabaza y tomate; también granos enteros de arroz y avena. Aquello era un tesoro, pues ninguna verdura o cereal se había salvado de la destrucción de la Gran Plaga. Hasta ese momento sobrevivíamos con comida vieja, hongos secos e insectos. ¿Seguirían viables?

Exploré hasta encontrar un sitio alejado donde pudiera sembrar los granos de Kim. En medio de un terreno lunar con parches negros, vi los despojos de una granja. En las inmediaciones, encontré un pozo profundo cuya boca había colapsado. Pasé días retirando la obstrucción hasta que fue posible bajar un balde pequeño con una soga improvisada con ropa vieja. El agua no estaba cristalina, pero era eso o nada. Ayudado por un azadón corroído, delimité un área pequeña y limpié la costra calcinada dejada por la plaga. Aireé y volteé la tierra hasta que, entre el suelo oscuro, vi el reflejo húmedo de lombrices retorciéndose. Aquello era una muy buena señal. Hice surcos y deposité las frágiles semillas en el sustrato. No sabía si lo que había causado el desastre seguía latente o no.

Mi motivación se volvió buscar indicios de que la vida se abría paso en aquel pedacito de tierra. Tras varios días, pequeñas plántulas emergieron. Su alegre verdor contrastaba con el gris oscuro cenizo de aquel mundo devastado. Su germinación me devolvió la fe en el tiempo venidero. Cuando estuvieron más crecidas, quise fotografiarlas. Rogué por una toma efectiva. A pesar de que la cámara hizo ruidos agónicos, logró expulsar la foto, que mostró sembradíos y la granja íntegra, como había sido, y al frente: ¡Mis plantas!

El contador pasó de tres a dos.

Regresé al sitio de Kim. Me tomé un autorretrato sosteniendo la instantánea de la granja. Fue otro fracaso. Pero quizás ese intento fallido la alertaría para acercarse. Yo temblaba, ¡el que seguía era el último disparo que quedaba! La Polaroid emitió un crujido de engranajes rompiéndose. Escuché otra vez silbidos acompañados de gritos guturales. Sentí los vellos de mi piel erizarse. La dejé en el piso: los merodeadores se detendrían a revisarla y eso los demoraría. Con la última fotografía en mi mano corrí mientras se iba revelando la imagen: en primer plano, las plantas, luego yo; detrás, Kim. Ambos sonreíamos. La captura mostraba nuestra historia y la que estaba por venir.

Autor: Ana Laura Piera.


https://bloguers.net/votar/AnaPiera68

https://bloguers.net/literatura/reflejo-imposible-cuento-corto

Pequeños, grandes inicios

He estado un poco perdida y no he podido ponerme al día con las lecturas de sus blogs, pido una disculpa. Estuve fuera de vacaciones y dentro de los sitios que tuve oportunidad de visitar está el lugar de nacimiento del Río Mississippi dentro del Parque Estatal Itasca en el norte del estado de Minnesota, en EUA.

En el sitio donde se considera que «nace», este se puede cruzar a pie. Es un pequeño y humilde lugar de inicio para un río formidable, uno de los más largos de América del Norte que, junto con el Misuri, conforma uno de los sistemas fluviales más grandes e importantes del mundo. (Y el que me recuerda una lectura preferida de mi niñez: Las Aventuras de Tom Sawyer, del escritor Mark Twain).

A veces los inicios pequeños desembocan en algo gigantesco, no lo olvidemos cuando nos sintamos frustrados o insignificantes.

Un abrazo para todos los que me siguen y llegan a leer mis cuentos.

Ana Laura Piera

Hermosa Muerte – Microrrelato.

Desde el génesis de todas las cosas, el sol muere dulcemente entre los cerros. Al extinguirse su luz se abandona a los brazos del mar y al vaivén de su reflejo en el agua, efímero camino dorado que va desapareciendo en medio de una agonía anaranjada. Es una hermosa muerte que se repetirá una y otra vez hasta que todo acabe.

https://bloguers.net/literatura/un-atardecer-en-la-playa-pura-inspiracion-foto-microrrelato/

Ana Laura Piera.

Enamorado – Microrrelato.

Siendo buzo arqueológico había encontrado tesoros antes; mas nada como ella, y guardó el secreto de su hallazgo. La visitaba a menudo y la grácil estatua, que parecía tener vida, le hablaba al corazón. Se sintió enamorado, decidió que aquella inmersión sería su última, el agua su tumba y ella, su compañera por siempre.

Autor: Ana Laura Piera

https://bloguers.net/literatura/el-enamorado-microcuento/

Pálido reflejo – Reflexión.

Caminando, haciendo unas compras, vi mi reflejo en una vidriera. No pude evitar tomar una foto. Esto no pretende ser una reflexión triste, de alguna forma nos hemos “adaptado” a todo esto que hemos vivido. ¿Se extraña nuestras vidas de antes? Pues si, pero aún dentro de estos tiempos difíciles hay momentos buenos. Valorémoslos. Sobre todo apreciemos lo que verdaderamente importa, creo que es una de las enseñanzas de esta pandemia. Aprovecho para agradecer sus visitas a mi rincón de la blogósfera. ¡Gracias!

Foto tomada por Ana Laura Piera

Alcanzando el cielo – Arte.

Un gran árbol dañado por una tormenta en Gales es transformado por el artista Simon O`Rourke. La base de la escultura es un árbol como cualquier otro pero al mirar hacia arriba se va transformando, mudando su corteza y eventualmente volviéndose como la piel de un brazo y termina con las arrugas propias de la palma de una mano y sus dedos.

El artista hizo una investigación y encontró que el área donde se encontraba el árbol era conocida como «Los Gigantes de Vyrnwy» de ahí decidió hacer una mano gigante, simbolizando estos seres y el último intento del árbol de alcanzar el cielo. Como que esta imagen podría inspirar una historia, ¿no crees?

El link al artículo está aquí: https://mymodernmet.com/es/simon-o-rourke-escultura-motosierra-mano/

Corrido de Juan Charrasqueado – Música.

fotografìa por Ana Laura Piera

Caminando por la calle me encontré este disco de vinilo, viejo y roto. Me llamó la atención e imaginé mejores tiempos para él: quizás alguien solía ponerlo porque le gustaba, quizás el disco animó una que otra fiesta. Tal vez fue un regalo. Le tomé una foto pensando que podía ser buen material para inspirarme un cuento. Ya en casa me puse a investigar.

Resultó ser un disco de un “corrido” mexicano, “Juan Charrasqueado”. El corrido es un género musical mexicano, una narrativa popular que se puede cantar. El término “charrasqueado” se aplica a una persona que tiene una herida visible de arma blanca. Me dio curiosidad y encontré la canción en youtube, donde hay varias versiones. Una de las personas que cantó este corrido fue el cantante Jorge Negrete allá por los 40`s. Negrete fue la personificación del “charro” mexicano por excelencia. La palabra “charro” en México, significa lo mismo que “jinete”, aunque su origen es español y con otro significado completamente. Me encontré la versión de su nieto que “no canta mal las rancheras” (como decimos en México cuando alguien es bueno en lo que hace), por cierto su voz es muy parecida a la de su famoso abuelo.

Por ahora les dejo con la música y el cuento ya será después. Y pues si, ese disco roto y maltrecho ya inspiró esta entrada muy mexicana.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

y el abuelo famoso:

Encontramos amor en los lugares imposibles- Fotografía.

Conexiones con fotos.

Frida – Reflexiones.

 Y llegó “Frida”, se trata de mi perrita Chihuahueña, la nombré así por los bigotes que tiene…(Una disculpa, Frida Kahlo donde sea que te encuentres).

Después de algunos años de solo tener a mi gata Nala, (una gatita siamesa adorable), hoy se incorpora a la pandilla esta preciosa perrita. Es una bebé aún, tiene mes y medio de vida y la veo muy chiquita, sobre todo si la comparo con Nala, ¡mi gata está enorme! Aún no las he presentado y espero que cuando llegue ese momento no hagan corto circuito.

Por ahora Frida, como todo cachorro, se la pasa durmiendo, jugando y haciendo pipí y popó por todos lados. Cuando trae la pila bien cargada se pone como loquita, alegre y revoltosa. Espero no le dé por masticar mi ropa interior, morder cables, hacerse pipí en las almohadas o cosas peores. Le he puesto un cascabel para escucharla cuando se acerca y evitar que muera la pobre de un pisotón.

Si alguien tiene un buen consejo para el cuidado de estos perritos se lo voy a agradecer ¡ah! Y también si alguien sabe como hacer para que aprenda a hacer del baño en el lugar adecuado también se lo voy a agradecer mucho (aunque está aún pequeñita quiero ir viendo la estrategia a seguir). La presento…

Autor: Ana Laura Piera

Actualización 2021: Nala murió hace mucho. A Frida tuvo que aplicársele la eutanasia por cuestiones de salud.

Flor de agua, flor de fuego – Fotografía

Les dejo esta foto curiosa de dos flores, una estalla en colorido de tonos rojos y candentes y la otra estalla en tonos lìquidos y transparentes. Una es flor de fuego, la otra: flor de agua…son hermanas diferentes.

(si, estoy media loquita pero eso se me ocurriò al tomar la foto)

Foto de: Ana Laura Piera