Mi propuesta para el reto Escribir Jugando. Hacer un relato de no más de cien palabras, inspirado en una imagen, que incluya la runa Kaunaz y la flor de bach hornbeam (hojarazo).
Bricio arrojó las herramientas de trabajo y gruñó.
—¡Estamos malditos! Arwen está en la luna. Debimos tener un varón; al menos sabría ganarse el sustento.
—Ella ayuda—objetó Hilda.
—Las mujeres no sirven de mucho. ¡Dame de cenar!
De noche, Hilda puso entre los dedos dormidos de Arwen la runa Kaunaz para que la iluminara espiritualmente.
—¡Volveré! —susurró besándole la mejilla.
Fue al fogón y bebió una infusión dehojarazo que le quitó un poco el cansancio del alma. Necesitaba fuerza para dejar a su pequeña. Regresaría por ella en cuanto tuviera algo seguro.
95 palabras.
Autor: Ana Laura Piera.
La runa Kaunaz es la sexta runa del Futhark antiguo. Su forma es similar a la de un boomerang o un signo «<«. Simboliza el fuego creador, la iluminación espiritual, la inspiración artística, el conocimiento y la pasión humana.
Flor de bach hornbeam: Para los que se sienten demasiado agotados. Cansancio más mental que físico. Persona apática, sin ánimo para cumplir con sus rutinas, “no puedo más”. Falta de entusiasmo.
Sobre el género del microrrelato:
Un microrrelato es un texto narrativo de ficción extremadamente breve (desde una línea hasta un par de párrafos) que cuenta una historia intensa. Exige un lector activo que colabore en su construcción mental, ya que omite descripciones y detalles para que el lector los deduzca (elipsis).
Aunque sea breve, el microrrelato suele contener una situación inicial, un incidente o quiebre y un desenlace (muchas veces sorpresivo). No es simplemente el fragmento de un momento; es una historia en sí misma.
Mi propuesta para el reto Escribir Jugando: Hacer un relato de no más de cien palabras, inspirado en una imágen bucólica (un hombre navegando en un río). Incluir el signo Escorpio y opcional, la flor de Bach «Gentian» (genciana).
La suave corriente del río me lleva al lugar elegido. Cantan las aves y el verdor del paisaje me llena los ojos. En el fondo de mi embarcación está Elena. Uno de mis dedos, trémulo, destapa su cara y roza su mejilla helada.
Mil veces le dije que nadie podía arreglarme. Ni siquiera el amargor de la infusión de genciana diluyó mi sombra.Elena era intensidad y tozudez escorpianas. Su omnipresencia buscando ayudarme fue demasiado.
La lancha encalla en el lecho arenoso de una isleta. «Aquí descansarás, amor» —pienso feliz, anticipando el silencio que me espera.
97 palabras.
Autor: Ana Laura Piera.
Mi relato publicado en la revista digital Masticadores
En el ámbito de la astrología, el signo zodiacal de Escorpio se erige como un torbellino de emociones, intensidad y misterio. Nacidos entre el 23 de octubre y el 21 de noviembre, los escorpio son conocidos por su naturaleza enigmática y su inquebrantable pasión por la vida.
Mi propuesta para Escribir Jugando de abril. Hacer un relato de no más de cien palabras, inspirado en la carta, que incluya el objeto del dado (zapatillas aladas) y opcional que incluya algo relacionado con pinturas rupestres.
Mis zapatillas aletearon disparejas. Me sentí caer en picada, aunque seguía en el aire. Un zumbido taladró mis oídos. Ante mí desfilaron sucesos: guerreros en la Batalla de Maratón, dioses llorando en la Acrópolis, Prometeo robando el fuego. Luego, gente primitiva. Perdí el conocimiento.
El frío me despertó. Adolorido, me arrastré hasta esta cueva atraído por el humo de unas brasas. Con pesar, acerqué al rescoldo el valioso mapa del Laberinto del Minotauro. Al prenderse, iluminó rudimentarias pinturas de animales que parecían moverse sobre las rocas.
Maldije a Hefesto por haber forjado unas zapatillas aladas tan defectuosas.
Autor: Ana Laura Piera.
99 palabras.
Las zapatillas de Hermes, conocidas como Talaria, son un elemento mítico de la mitología griega, forjadas por el dios Hefestos con oro imperecedero. Estas sandalias aladas otorgaban al dios mensajero la capacidad de volar como un ave, moverse a velocidades increíbles y transitar libremente entre el Olimpo, la tierra y el inframundo.
Mi propuesta para el VadeReto de marzo: hacer un relato donde haya un eclipse lunar
En las entrañas del observatorio, el astrólogo Akbal pasó la noche estudiando códices. Tras muchos katunes de observación astronómica, su pueblo sabía predecir con exactitud cuándo Ixchel, la diosa lunar, se mancharía de sangre. Movió la cabeza preocupado, el siguiente eclipse coincidiría con la fecha en que el anciano rey designaría a su sucesor de entre sus dos hijos. Por la mañana, le visitó Iktan el menor de los príncipes.
—¿Qué tienes ahí, Akbal? —Los códices del cielo, mi señor. Se avecina un eclipse. —¿Puedes mostrarme? —Akbal asintió complacido, mientras desdoblaba con cuidado el códice para que el muchacho lo observara. Frente a él se desplegaron varias hojas de amate estucadas y sobre el estuco había coloridos glifos e imágenes. —Akbal, ¿alguna vez mi hermano se ha interesado por estas cosas? —No, mi señor. Él está enfocado en otras cuestiones. —A veces me gustaría ser un gran guerrero como él, pero nunca he sido bueno con las armas, y no soy lo bastante fuerte. —¡Oh, mi señor! Hay muchas formas de serlo. Atesorar conocimiento y aplicarlo con sabiduría es una de ellas.
Y así, Akbal le enseñó todo lo que pudo sobre los eclipses al príncipe Iktan.
Otro día, el rey mandó llamar a sus hijos.
—Akbal me ha informado que viene un eclipse. ¿Qué proponen? ¿Cómo debemos prepararnos?
Aj Koo, el mayor, fuerte e imponente como una ceiba, fue el primero en responder.
—¡Traigamos muchos prisioneros para sacrificar a la luna y así la fortaleceremos!
El rey entornó los ojos, concentrado, sopesando la propuesta. Luego interrogó con la mirada a Iktan.
—No hay necesidad de buscar conflictos con nuestros vecinos ni de derramar sangre. Lo que veremos es un abrazo celestial que se ha repetido innumerables veces desde que se guardan registros. Ixchel prevalecerá. No alarmemos a la gente, solo pidamos que estén en oración y recogimiento.
Aj Koo vio mortificado cómo el rey lanzaba una mirada de aprobación hacia Iktan.
Cuando la luz se batió en retirada las calles quedaron desiertas. La ciudad se envolvió en quedas plegarias que emanaban desde las casas.Desde su habitación en el palacio, el príncipe Aj Koo observaba molesto el fenómeno a través de una ventana. La luna perdió su resplandor y no pudo evitar pensar que lo mismo pasaba con el favor de su padre hacia él. Se sentía humillado de que, siendo el mayor, su padre prefiriera a Iktan el «debilucho», quien siempre acababa opacándolo y robándole brillo.
Una sombra «mordió» la luna y Aj Koo se desesperó. La luna estaba herida y sin la sangre de sacrificios que le dieran fuerza, no podría recuperarse. Maldijo tanto a su padre como a su hermano.
Cuando Ixchel se tiñó de rojo cobrizo, una calma tensa lo envolvió todo, pero la ira de Aj Koo se desbordó. Ofuscado, se dirigió a la habitación de Iktan.
Aj Koo entró con sigilo, en su mano sostenía un frío cuchillo de obsidiana. Fue directo al lecho de su hermano y respirando rápido y forzado, como un animal, hundió la obsidiana varias veces, desgarrando el bulto sobre la cama. Fue ahí cuando se dio cuenta de que solo se trataba de un señuelo. Antes, Akbal, guiado por un presentimiento, había dispuesto que en la recámara del joven príncipe Iktan hubiera guardias apostados. Aj Koo fue apresado justo en el momento en que un borde de la luna recuperaba su brillo de plata.
La ciudad respiró aliviada: Ixchel había regresado, y en su viaje, había revelado lo que había en el corazón de Aj Koo. Ahora solo quedaría seguir la luz de Iktan.
Mi propuesta para el reto de Lidia Castro «Escribir Jugando» de marzo 2026. Condiciones: inspirarse en la carta del hierofante (tarot), que incluya a Júpiter y opcional que aparezca algo relacionado con la esencia floral de bach: crab apple.No sobrepasar cien palabras.
Al alba, cual sacerdotisa de la limpieza, mamá se ponía a perseguir motas de polvo y a poner orden en cada rincón. ¡Ay de nosotros si alterábamos su inmaculado templo! Su rigor nos hacía infelices. Pero la abuela Sofía llegó con la promesa de curar la obsesión con esencia de crab apple.
¡Por Júpiter! Gritamos jubilosos el día que encontramos a mamá durmiendo hasta tarde, roncando fuerte, mientras nuestros juguetes conquistaban la sala.
Nota: El hierofante o Papa, es la carta número 5 en la baraja de tarot. Es un arcano mayor que en posición al derecho es la religión, la identificación grupal y social, la conformidad, la tradición, las creencias. Invertida representa restricción, tentaciones retenidas, desafío a lo establecido a las normas y el status quo.
Relato que participa en el microrreto de marzo de El Tintero de Oro: (Microrrelatos de la bestia). El requisito es que el diablo sea protagonista o personaje secundario. También participa en el VadeReto de febrero, siendo el requisito que incluya un disfraz y ocurra en carnavales.
250 palabras.
Desde el púlpito, el padre Gabriel exhortaba a sus feligreses a portarse bien durante el carnaval:
—¡No quiero enterarme de que alguno ande borracho y en malas compañías! ¡Mujeres, quédense en sus casas pidiendo por los pecadores en estas festividades de dudoso provecho!
La gente salió de misa sintiéndose regañada. Las tres beatas del pueblo: Dolores, Refugio y Patrocinio, miraban a todos con caras de: «ya lo dijo el padre, ¡compórtense!»
El cura se quedó guardando objetos litúrgicos, mandó decir que ese día no habría confesiones, pues se sentía mal, y salió corriendo a la casa parroquial.
Una vez en su sencilla habitación, impregnada de humedad y aroma a cirios, sacó de una cómoda una prenda envuelta en papel oscuro. La retiró con delicadeza de su envoltorio mientras su respiración se hacía más agitada. La tela de satín rojo atrajo las manos de Gabriel como un imán. La acarició con manos trémulas y pasó sus dedos por los cuernos plateados de la capucha. Luego miró con ojos entornados la máscara de gesto maligno. Se puso el disfraz con devoción, como cuando se vestía para la homilía, y se contempló en un espejo. Su rostro se ensombreció cuando vio reflejado el crucifijo de su cabecera, donde un afligido Cristo lo miraba con dureza. Gabriel lo descolgó y lo guardó en un cajón. Luego se puso la máscara. El espejo reflejó un demonio de ojos ardientes.
De lejos le llegaron la música y el jolgorio. El carnaval acababa de iniciar.
Mi propuesta para el reto «Escribir Jugando», de Lidia Castro: Inspirarse en la carta, incluir la piedra de jaspe rojo y opcional mencionar algo relacionado con la flor de bach clematis.No deberá exceder las cien palabras.
Cuando el centurión ordenó al legionario Publio Corvus explorar el territorio, este se alegró. Sentía ya insoportable el peso de su armadura y la sangre derramada le ahogaba los sueños. Decidió cruzar el Danubius.
Al salir de un tupido bosque, vio un brillo que llamó su atención. Junto a un desfiladero, y debajo de una mata de la delicada flor clematis, resplandecía una piedra de jaspe rojo. Lo tomó por señal de que no le faltarían fuerzas. Lanzó su gladius y armadura al vacío. No era un cobarde, solo buscaba otra forma de ser valiente.
100 palabras incluyendo el título.
Autor: Ana Piera.
Nota: Gladius es la espada romana utilizada por las legiones.Danubius, el nombre romano del río Danubio.
Si quieres ver lo que sucedía a los desertores del ejército romano da clic aquí.
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Cuento corto fantástico sobreun rey, un mago y una rosa que se negó a morir.
Mi propuesta para el VadeReto de Enero, un relato que incluya a un rey y a un mago. El género deberá ser, preferentemente, fantasía.
El joven rey Edranor miró los decretos de esa mañana. La tinta en la que estaban escritos tenía un fulgor rojizo: «Que ninguna lámpara se apague durante la noche, pues la oscuridad se filtra en las almas débiles, propensas a violar la ley». «Que cada decreto se copie cuarenta veces y se repita otras tantas, para que la ley no se pierda en el viento». Tomó los pergaminos y los sopesó. Como de costumbre, tenían una carga mucho mayor de lo que uno supondría. Dejó escapar un hondo suspiro y los firmó.
El pueblo obedeció, aunque dormir con las luces encendidas era incómodo, pues estaba convencido de que el rey pensaba en su seguridad. Las repeticiones resultaban fastidiosas, pero qué se le iba a hacer. En cuanto a Edranor, se sentía desgraciado, cada palabra no era suya, sino del mago Esmedras, y él se sentía como una triste marioneta.
Siendo un pequeño príncipe, una noche apareció en su habitación un hechicero de rostro severo, ojos como brasas y una voz autoritaria que no admitía réplica: «¡Obedecerás! ¡Sin mí no eres nada! ¡Si no estoy, el mundo se derrumba!». El chico, impresionado, se sometió.
Con el tiempo, Edranor se preguntaba si realmente el mago era tan poderoso como decía. Esmedras, intuyendo las dudas, quiso hacer una demostración de su poder:
—Mira, príncipe insensato, observa esta rosa tan llena de vida y color; observa cómo bajo mi influjo pierde su fuerza —acto seguido, Esmedras tocó la rosa con uno de sus dedos puntiagudos y secos. La flor se marchitó hasta morir.
—¡Esto es solo una muy pequeña muestra de lo que soy capaz! —exclamó de forma dramática y desapareció en el aire.
Al día siguiente, sin embargo, Edranor vio que la rosa había revivido. De ser un lastimoso resto marchito, había recuperado su forma y lozanía. Las dudas se anidaron aún más en su corazón y un día decidió desobedecer a Esmedras. Coincidió que la reina, madre del príncipe, enfermó de muerte. El chiquillo pidió ayuda al mago, pero este se negó aduciendo que la desobediencia había causado la desgracia. Desde entonces, Edranor hacía sin chistar lo que Esmedras le dictaba, aunque día tras día crecía dentro de él el deseo de liberarse de su yugo.
Una noche, el rey Edranor se levantó del lecho empapado en sudor; tenía la piel erizada, como sucedía siempre que Esmedras andaba cerca. Un día antes, a punto de firmar uno de los edictos, sintió que ya era suficiente. En ese momento, el pesado pergamino había pasado a sentirse tan ligero como una pluma de ave.
La figura espigada del hechicero apareció en medio de un pasillo: su desordenada cabellera flotaba y sus ojos ardían como carbones. El rey temblaba, pero su hartazgo se impuso:
—¡Esmedras, ya no quiero ser tu títere! Si tanto quieres el control, gobierna tú. Al fin y al cabo, puedes hacerlo con tus poderes.
—¿Qué dices, insensato? —dijo el hechicero acercándose, mientras su rostro se desfiguraba por la furia.
—Te doy mi corona, ¡libérame! —le extendió con manos trémulas la corona de oro, símbolo de poder.
—No entiendes nada, Edranor. No puedo gobernar a golpes de magia, que puede ser inestable. Tú eres un instrumento útil para el fin de mantener todo en pie. Fíjate bien en lo que haces. ¡Acuérdate de lo que le pasó a tu madre cuando decidiste desobedecerme!
—¡Quizás no fui yo, ni tú! Quizás tu magia no podía salvarla. Tal vez no eres tan poderoso como dices —dijo titubeante, pero luego su voz adquirió firmeza—: Si tu magia no es confiable, ¡que gobierne mi voluntad!
Hizo ademán de volver a ceñirse la corona; esta le quemaba los dedos y se había vuelto tan pesada que estuvo a punto de tirarla. Por su mente pasó el recuerdo de su madre postrada y él llorando en silencio, cargado con una culpabilidad que lo había mantenido sumiso mucho tiempo. «Debo hacerlo, de ahora en adelante seré yo quien lleve las riendas de este reino, para bien o para mal» —con este pensamiento y haciendo un gran esfuerzo, bajó la corona hacia su cabeza. Esmedras se abalanzó para impedirlo lanzando un chillido de espanto, pero no pudo evitar que la joya reposara de nuevo sobre las sienes del rey. El cuerpo del mago se retorció como una sanguijuela mientras profería gritos horripilantes. Luego se desvaneció en medio de un humo denso y nauseabundo mientras regresaba a las bajas esferas del mundo de los magos mediocres. El silencio que siguió no fue de miedo; una honda sensación de bienestar y paz embargó al rey.
Al día siguiente, en su despacho, Edranor miró un edicto pendiente de Esmedras: «La desobediencia, aun la más leve, se castigará con la muerte, pues es la semilla de la rebelión».
Edranor golpeó la mesa con el puño y luego quemó los pergaminos en el fuego de la chimenea. De inmediato se sintió ligero, liberado del todo de la influencia de Esmedras. Nunca más volvió a sentirlo o a escucharlo.
En medio de la plaza, la gente aclamaba a su rey en el décimo aniversario de su coronación. Personas de todas las clases sociales le vitoreaban; atrás habían quedado los años en que sus decisiones parecían sacadas de un libro de hechizos absurdos. Todos recordaban cuando se les ordenó dormir con las luces encendidas, pero el rey había cancelado después esa orden tan extraña y otras más. Nuevas leyes, más sabias, habían emanado de él, ganándose el cariño y el respeto de todos. Con el tiempo se ganó el sobrenombre de «Edranor, el sabio».
Mi propuesta para el reto de El Tintero de Oro: un relato de no más de 250 palabras que cumpla con ser intertextual. (Inspirado en algún cuento o historia conocida pero alterándola: cambio de escenario, personajes de otro cuento, diferente época…)
Tras un despegue algo accidentado —nos perseguían los esbirros del rey— mi padre, mi hermano y yo logramos alzar el vuelo.
Si me hubieran preguntado antes mi parecer, jamás habría dado datos estratégicos a esa pareja de tontos enamorados. Fue mi hermanoÍcaro, quien le sugirió a Ariadna que su novio Teseo podía usar un hilo para salir del laberinto. ¡Con razón el rey Minos estaba fúrico!
Dédalo, que siempre fue un nostálgico, permitió todo. Por eso mismo tampoco quiso dotar a mi hermano de la tecnología con que me había concebido a mí. En vez de darle motores, giroscopio y acelerómetro, le había dado ¡alas de cera! ¿Acaso quería que Ícaro conservara su humanidad? Esa pregunta me trastorna. ¿Qué hay de malo en ser como yo?
Vi la oportunidad: Con mi estrategia de asedio, lo obligué a elevarse hacia el sol. Los gritos de Dédalo urgiendo cautela a su hijo amado se deshilacharon en el viento sin alcanzarlo.
Cuando las ineficaces alas de cera de Ícaro se derritieron, perdió altitud y ganó velocidad. Su ahora minúsculo cuerpo —apenas un punto insignificante—,se perdió entre las nubes. La caída sería letal.
Mi competencia: felizmente eliminada.
197 palabras
Autor: Ana Laura Piera.
Nota: este texto cumple con la condición de ser intertextual porque no nace de la nada sino que se comunica y toma prestados elementos del mito, reinterpretándolos y agregando elementos actuales.
Te invito a leer una reflexión sobre este relato en Reflexópolis.
Mi propuesta para el reto Escribir Jugando, de Lidia Castro. Se trata de hacer un micorrelato de no más de cien palabras inspirado en la imagen, que incluya la piedra cuarzo rosa y de forma opcional tenga algo sobre la flor de bach: beech (esencia de haya)
Cerró los ojos tras inyectarse en el brazo; un cuarzo rosa rodó de su mano mientras el sofá desvencijado se hundía en un lecho de hojas. La envolvió una esencia de hayas en un claro luminoso.
Lo vio dormido y se acurrucó junto a él. Un fuerte olor animal se impuso. El musculoso cuerpo y su fuerte respiración le recordaron su peligrosidad.
En esa realidad sintética hallaba lo que no tenía afuera: aceptación, paz…
Sintió al león desperezarse. El día había llegado. Siempre supo que terminaría devorada. Sería como disolverse en el sueño, nunca despertar.
100 palabras incluyendo título.
Autor: Ana Laura Piera
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