La plaga – Microrrelato.

Detesto los lugares oscuros y mal ventilados; por eso mi ventana siempre estaba abierta. Quizá llegaron a mi planta Monstera en una ráfaga de aire, o tal vez adheridos a las patas de un insecto.

No es una plaga cualquiera. Su voracidad ya costó la mitad de sus hojas a la Monstera. Tomé uno y lo puse bajo el microscopio. Son personas diminutas. Hay niños, ancianos, bebés, mujeres y hombres. Van desnudos y sus rostros están deformados por unos enormes dientes en forma de sierra, como los de los tiburones.
Su forma humana me tomó por sorpresa.

Se han extendido a otra de mis macetas y hoy encontré uno vagando por la cocina. Sentí un incipiente dolor de cabeza. Por impulso, apoyé mi dedo índice sobre él y dejó de moverse. Impregné algodón con alcohol y lo pasé con fuerza por las hojas y tallos de mis pobres plantas. Al hacerlo, la torunda se saturó de un líquido rojizo y otras cosas que prefiero no imaginar. Puse mis fumigantes habituales, no solo en mis plantas sino en toda mi casa. Por último decidí poner un mosquitero.

Esta madrugada, el silencio se rompió con un roce metálico contra la ventana.
Me acerqué al mosquitero recién instalado y pude oír el chirrido rítmico y persistente de cientos de dientes tratando de serrar la malla…

Autor: Ana Laura Piera.

Nota: relato inspirado en una lucha real vs. una plaga de cochinilla de escama en mi Monstera deliciosa.


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El enfermero – Microrrelato.

Voy vestido con un traje de enfermero y un gafete de identificación falso. Me siento un fraude ambulante recorriendo los pasillos de este enorme complejo hospitalario. Procuro imprimir a mis pasos una urgencia que logre convencer a los demás de que tengo un propósito y así evitar que me hagan preguntas incómodas que sé muy bien que no podré responder.

El truco ha funcionado: mi caminar enérgico, mi mirada de determinación, mi presencia constante han logrado que el personal me vea como uno de los suyos. Me he librado de sus gestos de recelo, pero no de mi problema. Si no fuera por eso, sería perfecto.

He pasado incontables horas observando y escuchando todo a mi alrededor. Así he ido absorbiendo la jerga médica e incluso he realizado algunos procedimientos sencillos. La mañana que inyecté a alguien por primera vez sucedió de nuevo: me sentí flotar y desde arriba me veía a mí y al paciente. Por suerte, una de las enfermeras que pasaba detuvo mi brazo y lo movió hacia la zona correcta del glúteo donde debía entrar la aguja.

—¿Qué te sucede? ¿Estás enamorado? ¡No querrás dejarlo cojo!

El contacto hizo que «regresara a mi cuerpo». A pesar de pequeñeces como esta, ya no pienso que soy un fraude y fantaseo con que en verdad fui a la Facultad de Medicina.

Casi no recuerdo ya mi vida de antes. Pero una vez, recién llegado al hospital, me quedé encerrado sin querer en el cuarto de la limpieza. El olor de algunos desinfectantes trajo a mi mente, de forma vívida, mi pasado: vagar en las calles, buscar en la basura, drogarme. Menos mal que uno de los conserjes escuchó mis gritos de desesperación y me sacó.

Me anima mucho que el «Gastro», el Dr. Cortés, me salude siempre. La gente dice que es un arrogante, pero yo procuro estar al pendiente para lo que necesite: llevarle un café, preparar a un enfermo, ayudarlo con el interminable papeleo. ¡Hay mucho que hacer en este hospital!

Hoy el Dr. Cortés me ha pedido que lo asista en una apendicectomía. No se acordaba de mi nombre; en vez de Axel, dijo Miguel, pero no importa. Casi no lo puedo creer: ¡mi primera cirugía! Estoy emocionado. Me ha sobrevenido un persistente temblor en las manos, supongo que es por los nervios. He pasado por el quirófano donde haremos la operación. No pude resistirme y me acosté en la mesa quirúrgica. Vi una copia exacta de mí con un escalpelo en la mano y a punto de hacer una incisión en mi carne. Me levanté de prisa. Iré a Psiquiatría, solo necesito saber qué medicamento tomar para que se vayan las alucinaciones y los temblores. Ya no puedo posponerlo. Los pacientes merecen lo mejor. Creo que si me lo propongo, podré hacer la transición a médico y, ¿por qué no? Quizás llegue a ser un gran cirujano.

Autor: Ana Laura Piera.

Mi relato en la revista digital Masticadores.

Versión revisada de un relato publicado en este blog el 24 de junio de 2021


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Mente alada – Microrrelato.

Mi participación en Escribir Jugando de julio: crear un relato de no más de cien palabras, que esté inspirado en esta imagen, que incluya un casco y opcional que mencione algo sobre la primera computadora portátil.

Había leído sobre el primer ordenador portátil: la Osborne 1, hito que liberó la mente y abrió nuevos horizontes tecnológicos. Le inspiró a idear su propia creación: un casco alado portable, diseñado para liberar el cuerpo y volar.

Tocándose la costilla rota que apenas había sanado tras un intento fallido, se lanzó de nuevo al cielo. Tras planear, se elevó y luego cayó en picada como los halcones. Remontó acariciado por el aire. Con los lentes y filtros incorporados vio los gestos de sorpresa y admiración de sus conciudadanos. Querían también tener alas y él se las daría.

Autor: Ana Piera.

100 palabras.


Mi relato en la revista digital Masticadores.

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Amanda – Microrrelato.

Saliendo a deshoras del trabajo, y nada más entrando al auto, Esteban ya se aflojaba la corbata, se quitaba el saco y se ponía en mangas de camisa. En el trayecto a casa, rememoraba los detalles de su jornada laboral: las acciones sutiles, pero degradantes de su jefe hacia su persona, como pasarle una colilla de cigarro para apagarla. Los cuchicheos incómodos de sus compañeros, que con toda seguridad, hablaban de él. El peso de los folios y carpetas en sus dedos, una carga que nunca se terminaba y lo perseguía hasta la entrada de su casa. Pero frente a su puerta, y sabiendo lo que había detrás, todas esas frustraciones se disolvían como una pastilla efervescente.

En la penumbra, Amanda le esperaba acomodada en la sala. Corrió hacia ella y la besó. No se cansaba de mirarla: su eterna sonrisa en el rostro, la ausencia de quejas. Su silencio comprensivo y amoroso era un bálsamo. Los encuentros íntimos eran de lo mejor. Ella no exigía nada y era la mar de generosa. Sí, Amanda hacía su vida más enriquecedora, era su otra mitad, la razón por la que volvía a casa en las noches. Era un hombre feliz a pesar de su trabajo de mierda.

Movió el cuerpo rígido de su compañera a otro sillón para él poder relajar las piernas y ver algo de tele. En la pantalla estaban anunciando el nuevo modelo robótico Amanda 2.0 de la fábrica de muñecas sexuales Orient. Esteban miró con pena su ya anticuada versión 1.9. Era hora de cambiarla.

Autor: Ana Laura Piera.


Esta es una versión mejorada de un cuento mío publicado el 5 de noviembre de 2020.

Mi relato en la revista digital Masticadores

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La promesa – microrrelato.

Mi propuesta para el reto Escribir Jugando. Hacer un relato de no más de cien palabras, inspirado en una imagen, que incluya la runa Kaunaz y la flor de bach hornbeam (hojarazo).

Bricio arrojó las herramientas de trabajo y gruñó.

—¡Estamos malditos! Arwen está en la luna. Debimos tener un varón; al menos sabría ganarse el sustento.

—Ella ayuda—objetó Hilda.

—Las mujeres no sirven de mucho. ¡Dame de cenar!

De noche, Hilda puso entre los dedos dormidos de Arwen la runa Kaunaz para que la iluminara espiritualmente.

—¡Volveré! —susurró besándole la mejilla.

Fue al fogón y bebió una infusión de hojarazo que le quitó un poco el cansancio del alma. Necesitaba fuerza para dejar a su pequeña. Regresaría por ella en cuanto tuviera algo seguro.

95 palabras.

Autor: Ana Laura Piera.

Este micro aparece en Masticadores Latinos


La runa Kaunaz es la sexta runa del Futhark antiguo. Su forma es similar a la de un boomerang o un signo «<«. Simboliza el fuego creador, la iluminación espiritual, la inspiración artística, el conocimiento y la pasión humana.

Flor de bach hornbeam: Para los que se sienten demasiado agotados. Cansancio más mental que físico. Persona apática, sin ánimo para cumplir con sus rutinas, “no puedo más”. Falta de entusiasmo.


Sobre el género del microrrelato:

Un microrrelato es un texto narrativo de ficción extremadamente breve (desde una línea hasta un par de párrafos) que cuenta una historia intensa. Exige un lector activo que colabore en su construcción mental, ya que omite descripciones y detalles para que el lector los deduzca (elipsis).

Aunque sea breve, el microrrelato suele contener una situación inicial, un incidente o quiebre y un desenlace (muchas veces sorpresivo). No es simplemente el fragmento de un momento; es una historia en sí misma.


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Fractura – Microrrelato.

Mi propuesta para el VadeReto: Hacer un relato con el tema «fractura»

En la oscuridad, busqué a tientas las sábanas que, tibias y relegadas a rincones imposibles, eran testigos de un primer encuentro muy satisfactorio.

Él prendió la lámpara de noche y de un bolsillo de su pantalón sacó una cajetilla de cigarros. Lo miré alarmada.

La habitación se llenó de un humo odioso y ceniza de tabaco cayó sobre la ropa de cama.

—Creo que esta es una habitación para no fumadores —dije, esperando que se tratara tan solo de un descuido.

No hizo caso y apuntó el control remoto a la televisión. Una serie policiaca con mucha sangre se impuso frente a mí.

—¿No la apagas? —pregunté tras un tiempo que consideré prudente.

—La dejo un rato; es que sin ruido no me puedo dormir. ¿Te molesta?

—No hay problema —dije, y me odié a mí misma por mentir, pero no tenía ánimo para una confrontación. Sentí una fisura interior que me iba quitando las ganas.

Cuando el cansancio me venció y pude cerrar los ojos, el crujido de una madera al romperse me obligó a abrirlos. Era su ronquido, seco y brutal. La fractura resonó en mis huesos. 

Me levanté y me vestí en silencio. Lo miré una última vez antes de salir. Ni su cabello perfecto ni la promesa de sus brazos rodeándome pesaron más que aquellos detalles aborrecibles. Mientras me alejaba por el pasillo del hotel, borré su nombre de mi lista de contactos.

Salí a la calle y agradecí el silencio de la ciudad a esa hora de la madrugada.

Autor: Ana Laura Piera.


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Descanso – Microrrelato.

Mi propuesta para el reto Escribir Jugando: Hacer un relato de no más de cien palabras, inspirado en una imágen bucólica (un hombre navegando en un río). Incluir el signo Escorpio y opcional, la flor de Bach «Gentian» (genciana).

La suave corriente del río me lleva al lugar elegido. Cantan las aves y el verdor del paisaje me llena los ojos. En el fondo de mi embarcación está Elena. Uno de mis dedos, trémulo, destapa su cara y roza su mejilla helada.

Mil veces le dije que nadie podía arreglarme. Ni siquiera el amargor de la infusión de genciana diluyó mi sombra. Elena era intensidad y tozudez escorpianas. Su omnipresencia buscando ayudarme fue demasiado.

La lancha encalla en el lecho arenoso de una isleta. «Aquí descansarás, amor» —pienso feliz, anticipando el silencio que me espera.

97 palabras.

Autor: Ana Laura Piera.

Mi relato publicado en la revista digital Masticadores

En el ámbito de la astrología, el signo zodiacal de Escorpio se erige como un torbellino de emociones, intensidad y misterio. Nacidos entre el 23 de octubre y el 21 de noviembre, los escorpio son conocidos por su naturaleza enigmática y su inquebrantable pasión por la vida.

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La picadura – Microrrelato.


Y cuando llegó la tercera noche, ella dijo que iría al hospital, pero se arrepintió, rindiéndose a lo inevitable. El dolor irradiaba hasta su antebrazo; la extremidad le punzaba y un molesto hormigueo la recorría.

El alacrán la picó al mover una silla rota, el instrumento preferido con el que su marido, Alfredo, la golpeaba. Mirarla arrumbada le impedía olvidar y, a la vez, sentía placer; tal como estaba aquel objeto, así debía estar él.

El dolor del piquete fue atroz, y cuando vio al alacrán caer al piso como un destello anaranjado y desafiante, una premonición de fatalidad le mordió el alma.

Su cojera se acentuó. Todo le dolía. Intentó hacerse un chocolate caliente y ni siquiera pudo bajar la taza. Una rigidez extraña se instaló en su organismo. Su visión ahora se limitaba a percibir luces y sombras, aunque había ganado en sensibilidad táctil. Trató de contestar una llamada y ya no tuvo voz.

A la quinta noche salió de su casa percibiendo el resplandor de la luna. Buscó abrigo entre las grietas, tardando mucho en recorrer las apenas dos cuadras que la separaban de su destino. La maleza crecida le acarició la armadura que era ahora su piel. La luna iluminó su perfecto aguijón, hinchado de veneno sin usar. Se quedaría ahí, junto a la tumba de Alfredo, convertida en alacrán. Picaría sin misericordia a cualquiera que se acercara y, si al desgraciado se le ocurría regresar, lo pincharía hasta que se volviera a morir.

Autor: Ana Laura Piera.

250 palabras.


En la traducción de Vicente Blasco Ibáñez de «Las mil y una noches», la tercera noche comienza con la frase: «Y cuando llegó la tercera noche, ella dijo«, dando paso a la continuación de la historia del mercader y el efrit.

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Error Divino – Microrrelato.

Mi propuesta para Escribir Jugando de abril. Hacer un relato de no más de cien palabras, inspirado en la carta, que incluya el objeto del dado (zapatillas aladas) y opcional que incluya algo relacionado con pinturas rupestres.

Mis zapatillas aletearon disparejas. Me sentí caer en picada, aunque seguía en el aire. Un zumbido taladró mis oídos. Ante mí desfilaron sucesos: guerreros en la Batalla de Maratón, dioses llorando en la Acrópolis, Prometeo robando el fuego. Luego, gente primitiva. Perdí el conocimiento.

El frío me despertó. Adolorido, me arrastré hasta esta cueva atraído por el humo de unas brasas. Con pesar, acerqué al rescoldo el valioso mapa del Laberinto del Minotauro. Al prenderse, iluminó rudimentarias pinturas de animales que parecían moverse sobre las rocas.

Maldije a Hefesto por haber forjado unas zapatillas aladas tan defectuosas.

Autor: Ana Laura Piera.

99 palabras.

Las zapatillas de Hermes, conocidas como Talaria, son un elemento mítico de la mitología griega, forjadas por el dios Hefestos con oro imperecedero. Estas sandalias aladas otorgaban al dios mensajero la capacidad de volar como un ave, moverse a velocidades increíbles y transitar libremente entre el Olimpo, la tierra y el inframundo.

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Santo remedio – Microrrelato.

Mi propuesta para el reto de Lidia Castro «Escribir Jugando» de marzo 2026. Condiciones: inspirarse en la carta del hierofante (tarot), que incluya a Júpiter y opcional que aparezca algo relacionado con la esencia floral de bach: crab apple. No sobrepasar cien palabras.

Al alba, cual sacerdotisa de la limpieza, mamá se ponía a perseguir motas de polvo y a poner orden en cada rincón. ¡Ay de nosotros si alterábamos su inmaculado templo! Su rigor nos hacía infelices. Pero la abuela Sofía llegó con la promesa de curar la obsesión con esencia de crab apple.

¡Por Júpiter! Gritamos jubilosos el día que encontramos a mamá durmiendo hasta tarde, roncando fuerte, mientras nuestros juguetes conquistaban la sala.

75 palabras.

Autor: Ana Piera.

Este relato en la revista digital Masticadores.

Nota: El hierofante o Papa, es la carta número 5 en la baraja de tarot. Es un arcano mayor que en posición al derecho es la religión, la identificación grupal y social, la conformidad, la tradición, las creencias. Invertida representa restricción, tentaciones retenidas, desafío a lo establecido a las normas y el status quo.

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