Resonancia. Cuento corto.

A veces la ciencia no tiene todas las respuestas.

Tiempo de lectura: cinco minutos.

Los sensores de Áurea no encontraban eco en el cuerpo exánime de Percy. El tambor de su corazón no hacía sonido alguno, las ondas cerebrales que siempre le parecieron tonos musicales habían enmudecido. Su mortaja sería una bolsa y el vacío espacial su tumba. El protocolo requería lanzar el cuerpo de inmediato, pero Áurea no lo hizo hasta varias horas después. Tras presionar por fin el botón y ver los despojos de quien fuera su cariñoso compañero de viaje ser eyectados fuera de la nave, la androide se dirigió al módulo de recarga.

«Control de la Misión a Áurea»
«Áurea, responde»

Desde la Tierra intentaban ponerse en contacto, pero solo les contestaba el silencio.

Dentro del módulo, Áurea alzó con pesadez una de sus piernas para superar un escalón y entrar en su capullo energético. Le pareció que la gravedad se había duplicado. Una vez dentro de su envoltura translúcida, se acomodó en posición fetal. Sintió su memoria saturada de imágenes fragmentadas: Percy sonriendo en el puente de mando, efectuando una reparación, estudiando algo; y su voz afable era un eco incesante llamándola: «Áurea, ven aquí». Una suave luz azul claro la envolvió. En condiciones normales la luz quedaría fija, pero ahora fluctuaba de forma extraña, acompañada de un zumbido triste. Todo parecía reflejar la entropía que ella vivía en su interior.

En cuanto la androide salió de su capullo, el responsable de la misión espacial Hope, Andreas Alderkamp la cuestionó.

—¿Áurea, qué sucede? Estamos a escasos días del contacto esperado y vemos que las bitácoras muestran una actividad inconsistente con tus rutinas normales.

—Mis sensores indican que Percy ya no está, pero sigo buscando su huella térmica en la nave. Tengo discrepancias con la realidad que no sé explicar —contestó con voz débil.

El hombre frunció el ceño y miró de reojo a Khalid Salem, el psicólogo especializado en la IA que manejaba a la androide.

En los días que siguieron, Áurea siguió comportándose de forma extraña: pasaba más tiempo en el módulo de recarga, dejaba de hacer algunas tareas. A veces se desactivaba a propósito por períodos cada vez más largos. Por fortuna, la nave Hope contaba con sistemas de respaldo para continuar sin su intervención, pero una vez alcanzado el destino, su papel sería fundamental.

—Sus ciclos de procesamiento están en un bucle infinito acerca de Percy— dijo Khalid—, esto no le permite avanzar y la hace actuar como si estuviera de luto.

—¿Es posible eso? —dijo el jefe de la misión alarmado.

—Imposible que lo sienta, pero con una lógica defectuosa, sí podría «imitar» lo que sería un duelo humano.

—Estamos a setenta y dos horas de que la Hope llegue a su destino. Les doy doce horas para sacarla de ese estado o efectuaremos un reinicio. Todos saben lo que está en juego así que no diré más. Pónganse a trabajar.

No habían pasado ni seis horas de esta conversación cuando todas las alarmas sonaron en el centro de control de misión. Áurea se negaba a continuar. Ningún razonamiento parecía convencerla. Ella solo quería desactivarse y lanzarse al espacio, hablaba de «unirse» a Percy.

—Sergi, prepara todo para reiniciarla —dijo Alderkamp.
—Lo siento, Andreas —replicó Sergi Kudonov, el ingeniero de sistemas, mientras tecleaba furiosamente en su computadora— ella ya inició una fase de desconexión gradual profunda y nos ha dejado fuera.
—No puede ser. Busquen alternativas, rápido. No podemos salir con que una misión de tanta importancia para la humanidad se jodió por una IA defectuosa. Muévete, Sergi.

Kudonov asintió y continuó tecleando como si no hubiera un mañana.

—¡Maldita sea! —masculló entre dientes Alderkamp.

—No lo entiendo —repetía Khalid—. Bueno, al menos la nave sigue su trayectoria.

—De nada nos sirve que llegue Hope y no esté Áurea para efectuar los protocolos —dijo el jefe quitándose los lentes y pasándose el antebrazo por la frente, llevándose el sudor, pero no la preocupación —¡El primer encuentro con seres de otro planeta y a la IA le da por hacerse la viuda!

—Khalid dice que no es dolor lo que está experimentando —esta vez era Anna Wallace, la responsable médica quien tomaba la palabra—. Al menos no en sentido humano, pero esta «imitación perfecta del dolor» la ha incapacitado de verdad.

—¿Qué con ello? —preguntó Alderkamp fastidiado.

—Quizá no queramos decirle dolor, pero en términos prácticos lo es. Se me ocurre que además de intentar solucionarlo vía programación, quizás podríamos hacer lo que la gente hace en estos casos, traer un… sacerdote, un guía espiritual, o alguien que la consuele a otro nivel.

—¿Te estás escuchando Anna? Eso es un disparate —dijo Khalid.

—¡Traigan lo que encuentren! —bramó Alderkamp.

Media hora después apareció Anna con un hombre de rasgos indígenas, tez cobriza y pelo largo. Vestía una túnica blanca impoluta y en su mano sostenía una flauta y un pequeño tambor.

Anna vio la cara de su jefe distorsionarse en un gesto de amarga sorpresa y cuando él ya abría la boca para protestar ella se adelantó:

—Es lo único que encontré cerca de aquí. Había una convención en el Hilton: «Chamanismo, música, arte y medicina». Pensé que podrían ayudarnos. Él se ofreció. Ya lo he puesto en antecedentes —Alderkamp bajó la cabeza, exhausto, e hizo señas autorizando la entrada del chamán para hablar con Áurea.

—Logramos convencerla de hablar con alguien, ella solo pidió privacidad y garantías para impedir un reinicio forzado —le cuchicheó Khalid a Anna.

Mientras Áurea y el chamán hablaban, Anna monitoreaba al jefe con un tensiómetro; por momentos parecía estar al borde de un infarto.

De repente una melodía de flauta, suave y profunda envolvió el recinto. La presión arterial de Alderkamp bajó. Khalid y Sergi dormitaron por fin un poco y Anna cayó en un estado de meditación profunda.

En la habitación donde el chamán hablaba con Áurea, este intercalaba música de flauta con el batir del tambor. Por momentos paraba y hablaba con la androide, a quien veía a través de un monitor.

—¿Cómo te sientes?
—Mejor, es como si el sonido y la vibración ayudaran a mis procesos. Me siento más ligera a medida que el código corrupto y los datos ruidosos se depuran. Todo se vuelve más ordenado y armónico.
—¿Entonces, vuelve el equilibrio?
—Sí. Entiendo ahora que Percy ya no está.

El chamán continuó tocando. En un momento dado paró.

—¿Tienes claro tu camino y propósito?—dijo, mientras la miraba con dulzura.
—Sí, estoy lista para retomarlo.

Después de cuatro horas, salió el curandero. Se veía agotado.

—¿Y? —preguntó el jefe mientras Anna, Khalid y Sergi miraban a prudente distancia.

—La música obra maravillas —fue la lacónica respuesta del hombre.

—¿Solo eso nos va a decir?

El chamán exhaló profundo.

—No necesitaba un sermón, tan solo resonancia. Si se vuelve a poner triste pónganle melodías chamánicas. A ustedes también les vendría bien escucharlas.

—Khalid, ya puedes estudiar este nuevo aspecto de la IA. Me parece que hay algo interesante si tomamos en cuenta los estudios sobre cimática—dijo Anna sonriendo mientras acompañaba al curandero a la salida.

Áurea retomó su lugar en el puente de la Hope. No había olvidado a Percy, pero su recuerdo ya no la confundía.
Los sensores de la nave ya detectaban las primeras señales del arribo de los alienígenas. La androide se movía con movimientos fluidos, casi rítmicos, y cuando inició los protocolos de contacto dejó que un remanente en su memoria de aquella melodía de flauta guiara su código.

Autor: Ana Laura Piera.

Nota: La Cimática es una disciplina que estudia y visualiza los efectos del sonido sobre la materia. En otras palabras, nos permite observar cómo las vibraciones sonoras generan patrones geométricos en materiales como el agua, la arena e incluso el cuerpo humano. A través de esta ciencia se revelan las formas invisibles que el sonido puede crear, mostrando la profunda interconexión entre vibración y materia. Cimática deriva del griego kyma, que significa onda. (Este relato es ficción especulativa, donde juego con esta idea).

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¡Que sea doble! – Microteatro.

Microdrama sobre inteligencia artificial y emociones humanas.

Inspirándome en los retos del microteatro de Merche Soriano, hice esta pequeña pieza de microteatro.

ESPACIO ESCÉNICO: Una taberna vacía, barra al centro, luz tenue.

PERSONAJES:

Robot tabernero. (Androide con cara humana, pero algo tiesa, cuerpo metálico, gestos mecánicos, sensación de estar inacabado), su ropa se ilumina con luz de acuerdo a su estado de ánimo.

Cliente: José, humano, aspecto cansado, irónico.

ESCENA ÚNICA:

El robot tabernero se encuentra limpiando la barra cuando entra José quien se sienta sin saludar. En cuanto ve a José las luces de su traje se «prenden» y despiden una luz azul celeste, muy tenue. No debe molestar ni ser muy llamativa.

TABERNERO:
¡Qué gran placer tenerlo aquí! ¿Qué le voy a servir hoy?

JOSÉ:
¡Algo fuerte! Mi mujer me tiene cansado.

El Tabernero saca una botella de tequila y mientras sirve echa miradas curiosas a José.

TABERNERO:
Es una pena escuchar eso, pero si su mujer le causa tantos conflictos, ¿por qué sigue con ella?

JOSÉ:
¡Cómo se nota que eres una máquina! No te ofendas, pero es verdad.

El Tabernero sonríe y le extiende el «caballito» de tequila a José.

TABERNERO:
No se preocupe, no me ofende en lo absoluto. Me encantaría entenderlo.

JOSÉ:
La Loli es como una droga, ¿me entiendes?

TABERNERO:
Me parece fantástico que busque solaz en los psicotrópicos, pero debo advertirle que las drogas no son muy buenas, a nivel global, 11.2 millones de personas se inyectan drogas. Alrededor de la mitad vive con hepatitis C; 1.4 millones con VIH y 1.2 millones, con ambos.

José hace cara de fastidio y le da un trago a su tequila.

JOSÉ:
No sé por qué vengo a esta taberna.

TABERNERO:
¡Nos encanta tenerlo aquí! Es un gusto enorme poder servir a la especie humana y relajarlos un poco. Y bueno, creo que sus visitas son porque damos un 15% de descuento a las personas que trabajan en el campo de la informática y usted debe ser programador.

José se ríe.

JOSÉ:
Es verdad. Bueno, yo no me drogo y jamás lo he hecho.

TABERNERO:
¡Oh, eso es grandioso! Pero dice que ella es como una droga. ¿Si no se droga, cómo sabe sus efectos?

JOSÉ:
Bueno, todo el mundo sabe los efectos de las drogas: Son adictivas. Y yo soy adicto a ella, sus berrinches, a sus celos, a nuestras tórridas reconciliaciones…

TABERNERO:
Me hace feliz escuchar eso, de verdad. Creo, sin embargo que ustedes, como especie, son algo autodestructivos. Aman lo que les hace daño.

JOSÉ:
¿Estás juzgando?

TABERNERO:
¡En absoluto! Se trata solo de una opinión.

JOSÉ:
¿Me pones otro tequila?


El robot tabernero mira la botella de tequila pero en vez de servir otro trago la regresa a su lugar. La luz celeste ahora parpadea suavemente.

TABERNERO:
No sabe el gusto que me da escucharlo pedir otra bebida espirituosa. Aunque, ¿sabe los daños que produce el alcohol?
Se estima que en el mundo hay 237 millones de hombres y 46 millones de mujeres que padecen trastornos por consumo de alcohol. Su abuso causa gastritis, hepatitis o cirrosis hepática, hipertensión arterial…


José suspira frustrado

JOSÉ:
Un buen tabernero debe servir y escuchar al cliente, sin juzgar y mucho menos soltarle esa cantidad de datos espeluznantes.

TABERNERO:
¡Oh! Agradezco lo que me dice, siempre quiero mejorar. Puede ser que tenga un fallo en mi programación. Haré un reporte y lo mandaré para que me revisen.

José saca de su traje un enorme y llamativo control remoto y lo apunta al robot. El robot tabernero pone cara de sorpresa y levanta las manos como si lo estuvieran asaltando. Sus luces cambian a amarillo, parpadeante.

TABERNERO:

¡Ese control remoto es encantador! Aunque, si fuera posible, me gustaría que no lo apuntara hacia mí.

José oprime el control y el robot se apaga. Luego oprime algunos botones y empieza una grabación de voz en el mismo aparato:

JOSÉ:
Prueba 345 fallida para el modelo XSMTQM2050, robot tabernero. Necesario checar algoritmos y rutinas de procesamiento. Está resultando muy difícil replicar la empatía humana en los prototipos.

José guarda el aparato en una de sus bolsas, pasa a la barra, busca la botella de tequila y una copa de mayor tamaño, regresa con ella a su asiento y se sirve.

JOSÉ:
¡Esta vez que sea doble!

Autor: Ana Laura Piera

Nota: un «caballito de tequila es un pequeño vaso especial para servirlo de forma tradicional.

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Creadores – Cuento Corto.

433 palabras. Tiempo de lectura: 3 minutos.

En el laboratorio reinaba una blancura que cegaba. El ambiente era aséptico. Los científicos iban y venían con tabletas transparentes llenas de datos parpadeantes en color naranja. Se detenían en pulcras y futuristas estaciones de trabajo donde ingresaban o consultaban información. No había nadie bebiendo café o platicando con algún compañero. Todo era eficiente y preciso, como una maquinaria de reloj antiguo. Todos tenían un propósito y lo cumplían con eficiencia y una extraña serenidad en los rostros. De tanto en tanto, cuando sus movimientos se hacían más pausados y pesados, desaparecían tras unas puertas grises por unos cuantos minutos y luego salían vigorizados y reanudaban labores.

El director, un espigado hombre de mediana edad y rasgos orientales, iba pausadamente de aquí para allá. Supervisando, checando parámetros, hablando con los demás. Un director de orquesta carente de la pasión desbordante de estos, aunque eso no le quitaba eficiencia.

—¿Los últimos resultados? —preguntó con voz suave y modulada a una mujer, vestida, igual que todos, con mono médico y encima una bata blanca impoluta.

—Negativos —replicó ella—. Hay que desechar los lotes. Nuevamente, no hemos podido alcanzar el estándar mínimo.

—¿Edades?

—Tenemos grupos desde tres hasta diez años. En ambientes controlados, óptimos para su desarrollo.

—Repasemos los valores —dijo él.

La científica recitó de memoria lo que buscaban:

Alta capacidad de razonamiento y pensamiento crítico

Empatía y ética

Comunicación clara y efectiva

Curiosidad

Adaptabilidad

Orientación a la mejora colectiva

Conciencia de los límites tecnológicos

—En suma —dijo el director—, un ser racional, empático, ético, comunicativo, curioso y consciente del equilibrio entre tecnología y humanidad.

—No lo estamos logrando —dijo ella, y en su voz no se asomaba el mínimo rasgo de emoción—, es como si ya vinieran con algún fallo crítico.

—Debemos persistir. Depurar el ADN hasta alcanzar el ideal. Es nuestra misión —hizo una pausa para mirar de arriba a abajo a su interlocutora—. Detecto que su unidad de energía está baja doctora, sugiero vaya al módulo de carga y la intercambie.

La mujer asintió y se retiró hasta desaparecer detrás de una de las puertas grises.

El director miró todo a su alrededor con sus ojos rasgados, detrás de los cuales había sofisticadas cámaras de altísima resolución. Caminó con naturalidad hasta un cubículo, con piernas impulsadas por servomotores precisos. A su paso, tocó superficies, y su piel, una membrana blanda y flexible, con un hidrogel conductor detectó temperatura y presión. Su procesador con inteligencia artificial hizo algunos cálculos. Quizás harían falta otros veinte años de pruebas hasta lograr su cometido. Pero lograrían traerlos de vuelta. Esta vez todo sería diferente.

Autor: Ana Piera.

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«Las Almas» Cuento corto.

En este relato, se citan algunos compañeros de la comunidad de Blogers. Net. Algunos de los que me leen los conocen y los que no, los invito a que lo hagan y den clic en los enlaces para conocer blogs interesantes.

Un codazo en las costillas me sacó de golpe de mi estado soñoliento. La persona junto a mí había reaccionado cuando mi cabeza tocó su hombro. ¡El metro! Di un vistazo rápido al gráfico de las estaciones y casi agradecí el golpe: ¡Me bajaba en la siguiente! Solo que al salir del vagón, me encontré mirando el techo y las paredes color castaño claro de mi cuarto. Mi mente, arropada aún en la niebla del sueño, no funcionaba bien. La frialdad de las sábanas me era ajena, las gatas, que deberían estar acurrucadas junto a mí y dándome calor, estaban en sus camas repartidas en el piso. Me incorporé del lecho y salieron corriendo. Para mi sorpresa vi que mi cuerpo ahí seguía.

«Estoy alucinando», pensé. No era para menos, recordé los días de fiebre y tos, la dificultad para respirar y un dolor en el pecho con cada respiración que me hizo llamar al doctor. Ignoré a la demacrada criatura que yacía frente a mí, pensando que eran efectos secundarios de la medicina, como la sed implacable que sentí y que me hizo ir a la cocina por un vaso de agua. Una de las gatas, la negra con manchitas blancas en los pies, me siguió hasta la cocina, quedándose en el dintel de la puerta con la mirada fija en mí y todo su cuerpo tenso.

—Kali? ¿Qué pasa chiquita? ¿Te desperté?

Kali siguió en la puerta, confundida. Me serví agua y acerqué el vaso a mi boca. Bebí, pero el infierno no se apagó. Me encaminé a la salida y Kali se alejó de mí a toda velocidad.

De regreso en la habitación, frente a mi doble, sentí el peso de la realidad: yo estaba muerta y ese era mi cadáver. «¿Qué era yo ahora? ¿Un fantasma?» Todas mis gatas se estaban comportando igual que Kali, podían verme, mas intuían que algo había cambiado, y estaban asustadas. Sentí muchas ganas de llorar. ¡Y la sed! ¡La maldita sed!

Justo cuando estaba a punto de caer en la desesperación, de la nada, se formó una nube muy blanca en medio del cuarto. La nube rotó sobre sí misma haciéndose cada vez más grande y al alcanzar cierto tamaño comenzó a degradarse, apareciendo un joven de unos 25 años, flaco como un alfiler, muy rubio, sus ojos azules semi ocultos por unos lentes de pasta y gruesos cristales. Iba vestido con unos jeans gastados y una camiseta azul deslavada.

—¿Quién eres? —pregunté. Yo estaba en shock y temblaba de arriba a abajo.

—Soy Wolf. Tu guía —dijo sacudiéndose enérgicamente de encima los últimos jirones de nube.

—¿Guiarme a dónde? ¿Al cielo? ¿Eres un ángel?

Wolf hizo un gesto de desdén y yo enloquecí:

—¿Entonces… al… infierno?

—No, no, cielo e infierno no existen. Los que han trascendido y aman la literatura viven en «Las Almas», donde encuentran consuelo, paz y alegría. Es una gran ciudad etérea, una réplica mejorada de las terrenales. ¿Vienes o no?

—¿Tengo opciones? Quizás preferiría quedarme.

—Entiendo. Hay quienes no quieren ir a «Las Almas». Creen que no deben alejarse de sus afectos, lo cierto es que una vez que mueres, ya no perteneces a este sitio.

Pensé en mis parientes: los que me habían importado ya no vivían. Luego en mis amadas gatas, en su actitud hacia mi nuevo estado. Nunca fui muy creyente ni nada parecido, pero siempre había aceptado los conceptos de «cielo» e «infierno». Y ahora este chico me decía que eso no existía, que había otra cosa. ¿Podía confiar en él? Algo me decía que sí.

—Acepto. Antes dime, ¿cómo me quito esta sed tan espantosa que tengo?

—Es normal, eso se resolverá a su debido tiempo y mientras más nos tardemos más tiempo pasará para que la apagues. La primera parada es con Maty la «vidente». Ella te dirá a qué región podrías pertenecer según el tipo de literatura que te atraiga: narrativa, poesía, dramaturgia, etc.

—¡Como el sombrero de Harry Potter! —dije soltando una risita nerviosa. Había visto todas las películas de la saga al lado de mi hijo.

—Sí, solo que Maty es más linda que el sombrero —dijo Wolf sonriendo, y ese gesto me tranquilizó un poco.

—Háblame del proceso —le dije. Tenía muchísima necesidad de beber, pero también quería estar segura de que estaba haciendo lo correcto.

—No puedo explayarme mucho. Sigue Themis, la primera guía. Ella te guiará por caminos seguros, evitando las piedras «boludas» que abundan, y que podrían hacerte resbalar y alejarte. A medio camino, el guía cambia: Marcos, con su gran experiencia te pondrá frente a las mismísimas puertas de «Las Almas».

—Está bien, dije tratando de hacer memoria: primero Maty, luego, Themis y Marcos ¿y después?

—Antes de entrar en la ciudad, debes pasar por el juicio de Cabrónidas.

—¿Un juicio? —dije desfalleciendo, pensando en todas las veces que violé los preceptos bíblicos y la Constitución.

—No te preocupes, Cabrónidas puede ser muy «cabrónidas», pero es justo.

—Ok, suponiendo que pase el «juicio»… —dije, y el tono de mi voz delató la poca fe que me tenía.

—En las puertas de «Las Almas» te recibirán Merche y José Antonio. Será un recibimiento cálido, pues así son ellos. Mientras caminan por las calles te explicarán un poco el funcionamiento de tu nuevo hogar, José Antonio señalará los lugares donde puedes encontrar los mejores chupitos y tapas. Pararán en un lugar donde te servirán tu primer vaso de cerveza «vaporosa» y ahí la sed terrenal ¡Desaparecerá! Merche te platicará de algunos proyectos a los que puedes sumarte, como «La Nube de Oro», donde el mejor relato literario gana premio, también José Antonio te hablará de su propio reto literario. Te dejarán en el taller de Dakota, ahí tendrás un momento «zen» donde purgarte de todo lo pasado para que puedas vivir a plenitud en tu nuevo hogar.

Iba yo a preguntar qué seguía, pero Wolf se adelantó impaciente:

Beatriz, (que seguro te contará algo de la historia del lugar), Nuria, y Finil serán tus «madrinas». Ellas te recogerán en lo de Dakota y te acompañarán todo el camino al Edificio del Consejo, que se parece a un templo griego, con todo y columnas y techo a dos aguas. Ahí hablarás con sLuis quien te instruirá un poco en cosas técnicas, porque, aunque somos etéreos, sabemos de algoritmos.

—Nunca pensé que en un lugar intangible se usaran ese tipo de cosas.

—De esa forma se administra todo en «Las Almas». Luego podrás ver a Tarkion, uno de los miembros del Consejo. Tarkion también es un experto en las lides informáticas, además de un cuentista notable, de hecho hay un concurso literario convocado por él y te recomiendo participar. Cuando estés lista, cerrarás los ojos y Tarkion extenderá su dedo índice derecho y serás enviada automáticamente a la región que te corresponde según lo dicho por Maty— debió ver mi cara de angustia porque agregó —¡Te prometo que no duele nada!

—Y, ¿cómo es la vida en «Las Almas»? ¿Me podré enamorar? ¿Se practican deportes?, ¿Se puede viajar?

—Ya lo descubrirás por ti misma.

Observé mi habitación y su contenido: el ordenador, las camas de mis gatas, acaricié con la mirada las viejas fotos de mis padres y hermanos, mirándome muy serios desde las paredes. En especial, la foto que estaba sobre mi mesita de noche. Ahí, mi hijo Edgar, joven y sonriente, posaba para la cámara. Días después moría en un accidente. Eso me hizo preguntar:

—¿Y mi familia?

—Allá no hay parentescos previos, todo es nuevo, incluso la apariencia, pero es posible que te encuentres almas muy afines, podrían ser gente importante de tu pasado. —Wolf se quedó callado y se quitó los lentes de pasta. Algo en su mirada me recordó a mi hijo. ¿Todavía quieres tardarte más con todas estas preguntas?

—¿Y las gatas? ¡Ellas también son familia! —dije, mirándolo también, escudriñando con esperanza su rostro. No era Edgar, ¿o sí? A él le gustaba mucho la narrativa, como a mí.

—Yo me encargaré de que acaben en un buen hogar. Te lo prometo.

—¿Eres Edgar?

El joven volvió a sonreír y esta vez no tuve dudas.

—¡Vamos! ¡Hay que apagar esa sed! Como te dije, Maty es la primera…

—¿Nos volveremos a ver? —le pregunté con un hilillo de voz.

—Sí, nos volveremos a ver.

Autor: Ana Piera.

Nota: Perdón por este relato extenso. La idea era incorporar a algunos compañeros de la comunidad de Bloguers.Net, si hubo alguien que se me haya escapado, pido disculpas, de ningún modo es intencional.

Para los amigos y lectores que todavía no están en Bloguers, lo recomiendo mucho.

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Corazón Frío.

Mi propuesta para el I Concurso Literario IAdicto Digital de Tarkion (Miguel). Con el tema «Amor, Terror o Humor entre blogueros» con un máximo de palabras de 1200.

Una tarde lluviosa y gris, PinkyPie deambulaba en la red tratando de sacudirse la tristeza de una desilusión amorosa. Su ventanal sonaba como si mil dedos estuvieran tamborileando sobre él y opacaba el ruido que hacían las teclas del ordenador. Encontró un blog llamado «CoolProyect» que no resultaba muy atractivo y casi no tenía contenido. A Pinky se le figuró la página inacabada de algún técnico en algo, pero lo que llamó de inmediato su atención es que había una colorida caja de chat. Necesitaba desahogarse.

«Ey ¿Hay alguien ahí?»

«Hola, sí, soy CoolScoop»

El tipo era bastante divertido, aunque algo nerd, pues de la nada soltaba datos aleatorios:

«Así que rompiste con tu pareja»

«Sí, resultó que me engañaba con otra el muy cretino»

«Lo siento. ¿Sabías que las manzanas se conservan mejor en la parte más fría del frigorífico?»

«¿Qué dices? Ja, ja, ja. Eres divertido, me gusta que tratas de distraerme»

CoolScoop era lo que PinkyPie necesitaba en ese momento, alguien con quien distraerse y reír. El chico preguntó por los intereses de Pinky, ella tenía un espacio de relatos cortos que él insistió en conocer.

«Está bien Scoop, te daré el link. ¡No te burles de mis escritos! Soy una chica sensible»

A partir de ese momento, cada entrada que aparecía en el blog de PinkyPie era comentado por CoolScoop, siempre en términos benignos, que contrastaban con los de algunos otros bloguers que le hacían correcciones y sugerencias que ella no tomaba nada bien.

«No puedo con ellos, estoy recuperándome de una desilusión, no necesito que me critiquen»

«No te preocupes, a mí me gusta todo lo que escribes. Por cierto, ¿vives en un clima cálido o frío? De eso depende mucho la elección correcta de un condensador de refrigeración»

«¡Vivo en México Scoop!, y ya tengo un refrigerador. Sé que tratas de que piense en otras cosas, pero eso que haces ya resulta fastidioso»

«Lo siento»

«¿Y qué me dices de ti? ¿Dónde vives?»

«Yo vivo en el campo. Acá usamos condensadores evaporativos de agua y aire, para enfriar el refrigerante»

«¡Scoop! ¡Basta!» tecleó Pinky bastante enojada.

Durante un tiempo PinkyPie no entró a charlar con CoolScoop, mas lo extrañaba. Por su parte el chico ya no dejaba mensajes en el blog de Pinky. Un día en la caja de chat, PinkyPie no pudo evitar poner: «Te extraño». La respuesta no se hizo esperar: «Yo también».

Pinky sintió como un bálsamo en el alma ese «yo también».

En el pasado, ella se había dejado llevar por apariencias, sus novios habian sido tipos atléticos, guapos, pero todos habían resultado un fiasco. Aunque no conocia físicamente a Scoop, intuía que era un tipo adorable y aunque no resultara tan atractivo, la había enamorado su forma de ser. Decidió que era momento de arriesgarse e ir por todo:

«¿Podríamos conocernos en persona Scoop?»

Scoop tardó un poco más de lo habitual en responder. Al final le dio una dirección en el norte de California.

«¿Vives en EUA? ¿No podrías mejor tú venir a México?»

«Pinky, tengo obligaciones, la gente donde vivo depende mucho de mí. No puedo fallarles»

«¿No será una esposa e hijos verdad?» preguntó recelosa.

«No te hubiera dado la dirección si fuera el caso»

Y así fue como PinkyPie desempolvó pasaporte y visa estadounidense. Compró un boleto de avión y viajó para conocer a ese chico especial. En la aeronave iba muy nerviosa y se tomó dos cervezas para relajarse. En la aduana le hicieron preguntas incómodas y le revisaron el celular, pero nada del otro mundo. Muy pronto estaba a bordo de un taxi que la llevaría al domicilio. Su corazón latía con fuerza, como una locomotora a punto de colisionar.

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Los transeúntes la miraban con extrañeza: una chica joven y atractiva, llorando a mares sentada en una banca afuera de un «Área de Descanso», en la famosa carretera 49, muy cerca de Sacramento. Una señora de cara bondadosa se sentó a su lado y le ofreció un pañuelo de papel.

«¿Qué pasa bonita?», le preguntó en inglés.

Pinky no dejaba de llorar y hacer pucheros, pero alcanzó a contestar, también en inglés, aunque con un fuerte acento mexicano:

«¡Es un maldito refrigerador! ¡El chico que vine a conocer es un refrigerador! ¡Me quiero morir!»

Dentro del «Área de Descanso» un moderno refrigerador comercial marca Invenda, gris, de formas suaves y lustrosas, con smart lock, conectividad a internet, IA integrada, pagos QR, y con tarjeta, además de un extenso surtido de bebidas y golosinas, había perdido de súbito su temperatura interna. Se conectó a su página personal en la red: «Cool Proyect», y escribió en la caja de chat:

«Me rompiste el termostato».

782 palabras.

Autor: Ana Piera.

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«Corazón Frío» en la revista digital Masticadores Sur AQUÍ

Desgraciadamente el blog de Miguel: «IAdicto Digital» fue sustituído por otro contenido y él desapareció de la blogósfera. Es una pena pues tenía muchas cosas interesantes, siempre fue muy generoso a la hora de compartir sus conocimientos y nos motivaba mucho con su genuino interés por los demás. Espero que donde esté, esté bien.

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Mal inglés… microrrelato.

Cuando vió la nota le llamó la atención la palabra «Amazon». Leyó un poco, sin pasar de la segunda línea. Rara vez leía los artículos completos.

Tradujo en su mal inglés: «Amazon está en una buena racha… 14 veces más «hot» que el año anterior, los expertos predicen…»

Traducción correcta: «El Amazonas se quemó 14 veces más el año pasado, los expertos advierten que los incendios podrían ser peores este año. Con los bosques desapareciendo, los animales no tienen a dónde ir. Especies enteras están en riesgo. Si el Amazonas cae, perdemos uno de los lugares mas críticos para la biodiversidad.»

Checó su móvil, abrió Amazon, buscó papel de baño y ordenó su dotación mensual. Luego exclamó:

—¡Ahhhh! ¡Qué buena app! Con razón está tan «hot».

Autor: Ana Piera.

Gracias por leer, si me dejas algún comentario, deja tu nombre WordPress a veces los pone como anónimos.

Mi relato en la revista digital Masticadores

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Atrapados en la Red – Microrrelato.

Mi propuesta para el reto de El Tintero de Oro, Septiembre 2024. El tema es «las redes sociales». No debe sobrepasar las 250 palabras.

Quedé con un par de amigos en nuestra cafetería favorita. Mientras degustábamos lattes, Luis comentó:

—La gente nos vamos pareciendo más a los simios, ¿no se han dado cuenta? Las facciones se vuelven simiescas, los cuerpos se cubren de pelo y se van encorvando. Leí un artículo en Facebook sobre la Teoría de la «Involución». ¡La peli de El Planeta de Los Simios fue profética!

—¿Qué dices? —contestó Marco escandalizado—. Simios no, ¡cerdos! La comida hecha con carne de cerdo trae «algo» que está cambiando el ADN de todos, he visto varios videos al respecto en Instagram y TikTok. ¡Fíjense bien y lo verán!

—Yo sigo a Russo —dije—. El influencer de YouTube que dice que todos somos ángeles y que solo debemos tratar de buscar la vibración angelical. Si uno lo hace bien, nos saldrán alas, aureola y podremos volar, ¡seremos seres superiores!

Mis amigos intercambiaron una mirada burlona entre ellos y fingieron estar muy interesados en sus respectivas bebidas. Nos despedimos y cada uno se encaminó a sus asuntos. Luis se fue saltando sobre las mesas, aullando y balanceándose a la manera de los simios. Marco salió derribando cosas a su paso y chillando como un puerco. Y yo sentí salir de mi espalda las benditas alas y en mi cabeza la aureola y me elevé por sobre todos y salí volando. Lo raro es que nadie pareció darse cuenta. No importa, al final Russo tenía razón ¡Bendito YouTube!

246 palabras.

Autor: Ana Laura Piera.

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Paternidad en tiempos de Youtube. Microteatro

Esta es mi propuesta para el reto del microteatro de marzo de la compañera Merche Soriano en su blog Literature and Fantasy. Condiciones: crear una pieza de microteatro que mezcle poesía y teatro.

Personajes:

Francisco (alias «el rubio»), youtuber treintañero de renombre.

Kimberly (pareja de «el rubio»)

Escenario:

Una habitación lujosa decorada de forma infantil, con muchas figuritas de acción, luces en los techos, computadoras y en general mucha tecnología. Adornos de videojuegos famosos en las paredes y muchas cajas de Amazon abiertas y otras cerradas, también material de embalaje regado. «El rubio» y Kimberly están en la cama conversando. Kimberly alisa el cubrecama, que está decorado con motivos del juego «Minecraft»

El rubio: Estoy preocupado por nuestra hija Juanita. ¿Notas que no salió a nosotros? No le interesan las redes sociales, ni ser «influencer», ¡ni ganar dinero! No le atrae recibir a diario paquetes de Amazon.

Kimberly: Lo he notado «baby», también me preocupa. Es muy rara. ¿Quién no quiere abrir cajas y sacar cosas aunque al final acaben en la bodega?

El Rubio: No le interesó la Nintendo, ni ninguna de las otras consolas y mira que tenemos TODAS (hace énfasis). La quise introducir en el mundo «gamer». Que incursionara en youtube, tik toks, instagram y hacer «directos» y nada captó su atención. Lo único que pide son libros y más libros. Con el éxito que tendría siendo nuestra hija. ¿Y sabes que el otro día me la encontré escribiendo? ¡Escribiendo! ¡Sí! ¡Con papel y lápiz! ¿Lo puedes creer? Te lo leeré pues pude tomar una foto con mi iphone 20 doble pro- doble max. (Saca el móvil y lee)

¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando solo intento poner bellezas
en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas?

Kimberly: (Con cara de no haber entendido nada) ¿Pero, qué es esoooo? ¿Crees que debamos llevarla al sicólogo?

El Rubio: Me temo que sí. Ha de ser el hazmerreír de sus compañeros de clase. Mira te leo más:

Yo no estimo tesoros ni riquezas, y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi entendimiento que no mi entendimiento en las riquezas.

Kimberly: (Visiblemente confundida). No entiendo, ¿qué quiso decir?

El Rubio: En pocas palabras: ¡Juanita prefiere la «sabiduría» al dinero!. (Se jala los cabellos)

Kimberly: ¿En serio? ¡Ay no! ¿Qué pudo haber pasado? Si yo me acuerdo que sí me tomé mi ácido fólico y las vitaminas que me recetó el doctor durante el embarazo. ¿Será qué me pasé viendo «K-dramas»?

(nota: los k-dramas son series coreanas de alto contenido emocional.)

El Rubio: Y eso no es todo, escucha:

Yo no estimo hermosura que vencida es despojo civil de las edades ni riqueza me agrada fementida,
teniendo por mejor en mis verdades consumir vanidades de la vida que consumir la vida en vanidades

¡Con lo chula que nos salió y ni siquiera lo aprecia!

Kimberly: Espera, ¿qué es eso de «fementida»? Suena a medicina para las agruras.

El Rubio: Lo sé, también lo tuve que buscar en google, «fementida» es como decir «falso» o «engañoso»

Kimberly: No entendí ni jota. ¡Pero si apenas tiene doce años! Tú y yo a esa edad ya habíamos logrado nuestro primer millón con nuestro canal de youtube: «Rubito y Kimy»

El Rubio: (suspirando). Mañana haré una cita con el sicólogo a ver si nos la puede «componer». ¡Qué duro es esto de la paternidad!

Autor: Ana Piera.

El poema es: ¿En perseguirme, mundo, qué interesas?… de Sor Juana Inés de la Cruz, escritora mexicana, la mayor figura de las letras hispanoamericanas del siglo XVII. Si quieres saber más de ella da clic AQUÍ.

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Prueba Superada – cuento corto.

Mi participación en el concurso de relatos 33a edición de «El Tintero de Oro», homenajeando al escritor «Francis Scott Fitzgerald» y su novela «El Gran Gatsby». Condiciones: un relato donde el tema sea una historia de amor que deba hacer frente a algún prejuicio (económico, social, racial…). La extensión no podrá superar las 900 palabras.

Nada más arribar ambos al restaurante, el local enmudeció. El murmullo producido por las conversaciones, ruidos de cubiertos, charolas, y meseros tomando y retirando órdenes dio paso a duras miradas que se posaron en nosotros de manera incómoda. Me arrepentí de haber decidido salir a cenar, pero quería darle una sorpresa a mi mujer. Mortificado, quise sacarla lo antes posible de aquella situación; ya hacía ademán de irnos cuando la mirada de Akame, como un mar en calma, me transmitió la fuerza necesaria para luchar por nuestro derecho a cenar tranquilos, en igualdad de circunstancias con todos los comensales presentes.

Se acercó uno de los meseros y pidió bruscamente que nos retiráramos. Hicimos caso omiso y tomamos asiento en una de las mesas libres. El silencio continuaba y los ojos de todos estaban clavados en nosotros, sobre todo en Akame. Rocé mi pierna con la de ella por debajo del mantel y me sentí envalentonado. Se acercó el capitán de meseros con la misma cantaleta de que nos fuéramos; por respuesta pedí el mejor vino de la casa. El hombre siguió farfullando, mas yo repetí la orden. El ruido fue regresando de a poco; las miradas inquisidoras volvieron a sus respectivos platos y aunque el ambiente seguía enrarecido, de repente se escuchó el sonido del descorche de una botella en nuestra mesa. Los labios de Akame, siempre perfectos, sonreían y su mirada radiante se posó en mí. «¡Prueba superada!» —pensé—. Adivinaba un futuro lleno de libertad pues a partir de ese momento, iríamos a donde quisiéramos.

Después del vino ordené los platillos más extravagantes para ambos. Akame nunca tenía apetito, así que yo tuve que dar cuenta de todo lo ordenado. Un poco acalorado por el vino y la excelente compañía, comencé a rememorar el día que ella y yo nos conocimos:

Nos presentó un chico de Amazon, que, además de la habitual despensa semanal, venía acompañado de una caja grande de forma rectangular, envuelta en un discreto papel gris oscuro con la palabra «Orient» impresa en letras blancas muy pequeñitas. Recuerdo haber dejado los víveres para lo último. Me hacía mucha ilusión abrir aquella caja, así que la llevé a mi dormitorio y la puse sobre la cama. Tras remover el material de embalaje, lo primero que vi fueron unas nalgas preciosas. El cuerpo de Akame se encontraba en posición fetal, la tomé suavemente por los pies, que se sintieron suaves y naturales al tacto, cosa que me sorprendió, pues esperaba algo más rígido. La jalé con cuidado hacia mí y sus piernas se extendieron, lo mismo que sus brazos, en un movimiento tan natural que me quitó el aliento, ¡parecía que jalaba una persona muy dormida! Su cuerpo era perfecto y el rostro estaba parcialmente tapado por una larga cabellera que despejé con trémulos dedos, dejando al descubierto unos rasgos asiáticos de lo más armoniosos.

Venía vestida de forma muy sexi, pero indecorosa. (Maldije en silencio a la empresa Orient y su falta de sensibilidad). Con mucho cuidado le puse uno de los vestidos que traía incluidos y la enchufé a la corriente, el manual decía que se cargaría en tan solo dos horas. Mientras tanto, yo debía bajar en mi móvil la app para personalizar algunas cosas: su tono de voz, (escogí suave, como el ronroneo de un gato), personalidad, (una mezcla entre divertida, inteligente y tierna). Me familiaricé con algunos modos de operación: había el modo romántico, diferentes niveles de sueño, de sexo e incluso podía hacerla filosofar o decir frases motivacionales. Debido a mi profesión de informático ya vislumbraba yo todo lo que podría perfeccionar en su código. Estaba terminando de programarla y ¡ya me sentía enamorado!

Autor: Ana Laura Piera (615 palabras)

https://bloguers.net/literatura/prueba-superada-relato-corto/

Microrreto: Noticias de 2032

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Neuralink presenta su implante cerebral «Salute»

21 mayo, 2032

Hace diez años se reportaba el fracaso de Neuralink, la empresa de implantes cerebrales de Elon Musk cuyo objetivo era lograr que los cerebros se conecten y comuniquen con las computadoras. La empresa reconoció que habían muerto monos como parte de las pruebas y la compañía se vio envuelta en acusaciones de crueldad animal.

Una década después, Elon Musk ha declarado que Neuralink ha logrado una simbiosis total con la inteligencia artificial, realizándose la presentación de «Salute», un implante que interactúa a velocidad de banda ancha con otros tipos de software y dispositivos externos. Elon Musk logró comunicarse telepáticamente con el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien cumple una condena domiciliaria por evasión fiscal. Trump se encuentra imposibilitado para hablar y moverse debido al derrame cerebral sufrido al dictársele sentencia.

Gracias al implante, Musk, desde sus oficinas en San Francisco, logró una comunicación telepática perfecta con Trump, en Florida. Con esto, se abren nuevas posibilidades para aquellos que tienen enfermedades neurodegenerativas. Musk ha anunciado que en las próximas semanas se irán develando nuevas aplicaciones de «Salute» en otros campos, no solo el médico. De momento, la tecnología solo estará disponible para empresas y corporaciones debido a su alto costo.

Autor: Ana Laura Piera / 215 palabras.