
El abordaje del avión fue caótico como siempre. En el estrecho pasillo, que olía ligeramente a combustible, los cuerpos sudorosos de los pasajeros se rozaban batallando para acomodar maletas en los compartimentos superiores.
La mujer junto a mí, sentada del lado de la ventanilla, era una joven treintañera de pelo largo y facciones agradables. Meditaba o rezaba, pues tenía los ojos cerrados y estaba inmóvil. Me llamó la atención un anillo plateado en su mano izquierda, con una enorme piedra negra que bien podía ser ónix u obsidiana.
El avión carreteó hacia la pista. Se detuvo, y los motores rugieron preparándose para el despegue. Miré de reojo a mi compañera, quien seguía en «meditación». La aeronave aceleró y en el momento en que se elevaba, sentí su mano buscando la mía y, al encontrarla, ejercer una presión desagradable y húmeda contra mi piel. La volteé a ver, extrañado. Ella me miraba con los ojos muy abiertos y una expresión de terror en el rostro. Retiré mi mano con brusquedad.
La nave se estabilizó en el aire. Los viajeros se relajaron, dejándose mecer por el suave murmullo de los motores. Ella empezó a hablar en voz baja:
—Creo que he cometido un error de principiante.
La miré sin entender. Ella bajó la mirada y acarició la enorme piedra negra de su anillo, casi con devoción.
—Este anillo es una reliquia mágica que potencia conjuros. Yo creí lanzar uno de protección, pero pienso que lo dije mal, e hice lo contrario. Quizás no lleguemos a destino.
El aire se espesó entre nosotros. Afuera, el avión sobrevolaba un banco de nubes blancas y algodonosas.
—Me toma el pelo —dije, aunque su angustia era convincente.
—Soy una aprendiz de bruja. No ponga esa cara; la brujería existe. Son prácticas espirituales que…
—Le ruego que no siga, por favor.
Se encendió el aviso de cinturones y el capitán anunció que tendríamos turbulencia. La luz menguó, el avión dio varios saltos y por la ventanilla vimos relámpagos. Los rebotes y giros se intensificaron. Aquello se estaba descontrolando. Cayeron las mascarillas de oxígeno y la gente se lamentaba. Ella me miró como diciendo: «¿Lo ve?».
Jalé la mascarilla y me la coloqué. La aeronave vibraba, se oían golpes sordos, fuertes. A ratos los motores hacían un sonido agudo, como de sirena. Cerré los ojos; sentía sequedad en la boca y noté que transpiraba. Algo helado rozó mi brazo derecho, ¡era el anillo! Y ahora, no era negro, sino blanco azulado.
—¡Aleje eso de mí! —le dije quitándome la mascarilla y señalando el extraño objeto. Ella lo miró asustada y se lo quitó.
—¡Hay que deshacernos de él! —dijo gritando.
Ignoré lo que consideré una locura. Miré hacia la ventanilla. Entre las ráfagas de lluvia, vi algo caminar sobre el ala. Era una figura pequeña, como un niño, y volteaba a verme con ojos llameantes. Me estremecí. Cerré los ojos con fuerza y cuando los abrí, ya no estaba. ¿Lo había acaso imaginado? Las luces parpadeaban y las sobrecargos pedían a gritos que nadie se levantara de su asiento.
La chica había envuelto su mano en el cinturón de seguridad y con la hebilla trataba, frenética, de golpear la piedra. Abrí la mesa de servicio, solo un poco, y le hice señas de que pusiera el anillo en uno de los bordes. Cerré la mesa de golpe contra el seguro. La piedra estalló en pedazos y, junto con un crujido seco y potente, se oyó también un grito extraño que no tenía nada de humano y que me heló la sangre. Terminamos cubiertos por astillas de cristal de color oscuro.
Las sacudidas persistieron un poco más, pero con menor intensidad; las nubes oscuras dieron paso a un cielo limpio y luminoso. La gente suspiró aliviada.
El resto del vuelo la chica se lo pasó dormida y yo me preguntaba: ¿Qué diablos había sucedido?
Ahora procuro abordar al último momento después de observar bien a todos los pasajeros; siempre temo encontrarme a alguien portando un anillo parecido.
677 palabras.
Autor: Ana Laura Piera
https://bloguers.net/votar/AnaPiera68
https://bloguers.net/literatura/error-de-principiante-cuento-corto
El relato esta muy bien narrado, y toda la atmósfera de misterio e incertidumbre en torno al sorprendente anillo. Pero deja una puerta a plantearse la hipótesis de la brujería como también de que hubiera sido un paso del destino fortuito. El final alienta a ser abierto, la chica duerme, todo parece alcanzar de nuevo la normalidad, pero existe la duda de una historia ambivalente, donde todo puede ser, también la magia. Juegas con los elementos paranormales para, finalmente, tras la catarsis del peligro, renacer. Me ha encantado.
Hola Marisa, sí precisamente era la idea, que el lector cuestione todo. ¿Pudo ser un hecho sobrenatural? ¿O simplemente paranoia? No hay respuesta mala, porque cada quien puede interpretalo como guste. Gracias por leerlo y comentar. Saludos.
Parece que, en ocasiones, una desbordada pasión por un objeto deposita sobre su materia parte de esa emoción, albergando un poder para el cual no estaba en un principio destinado.
Es un conjuro terrible que sólo deben practicar los magos inmunes por designio.
Es un relato excelente, gracias por compartirlo. Un saludo.
Muy bien escrito. Me ha gustado mucho tu planteamiento y argumentación. Te felicito.
Gracias por pasar Julie. Abrazos.
Dependiendo en que te enfoques te lleva para un lado o para otro, ¿será verdad lo vivido o solo la imaginación?, termina como empieza, ella dormida o en meditación, está muy bueno, engancha y te hace fantasear entre la magia y la realidad o la creación mental, abrazo grande
Es para que se queden pensando jejeje. Gracias por pasarte Themis. Abrazos.
Una bonita historia que deja entrever todos los recobecos de tu encantadora imaginación, de la cual somos unos privilegiados por compartirla con nstros. Gracias, amiga.
Inma
Gracias Inma.
Hola Ana. ¡Me encantó! Has construido una situación cotidiana y reconocible: un vuelo comercial con toda la tensión que ya de por sí provoca, y la conviertes en una escena inquietante, una pesadilla, con un giro fantástico muy bien dosificado. Es un relato que incita a la relectura para lograr descubrir si fue un conjuro mal usado, una paranoia de una persona atormentada por algún problema o un simple miedo a volar.
No logramos saber si realmente el anillo ha desatado algo sobrenatural o si todo podría explicarse por el miedo, la sugestión y el caos del vuelo. Pero entonces aparecen detalles inquietantes: el cambio de color de la piedra, esa figura pequeña caminando sobre el ala, el grito no humano al romper el anillo. Y la frontera entre paranoia y magia se vuelve inestable. ¡Genial! Un abrazo.
Hola Marlen, sí, hay un espacio ahí para la elucubrar y barajar posibilidades. Cada lector puede decidir la teoría que más le agrade. Abrazo fuerte y gracias por pasarte…
Un texto apasionante con un ritmo creciente y un final que te agarra. Esa eterna lucha entre la realidad y lo que elocubra el cerebro cada uno queriendo imponer su relato, como se dice en estos tiempos.
Felicidades, Ana.
Hola Doctor, pues sí, al final uno siempre quiere que pase lo menos malo jajaja pero en este caso creo que sí llega a sorprender ese giro final. Muchas gracias por pasarte y comentar, lo aprecio mucho.
Estupendo este artículo que tiene de todo. Maravilloso poder sumergirnos en todo lo esto de la forma que lo logras siempre. Muy buena la relación entre los pasajeros y la fantasía que se vislumbra por aquí.
Hola de nuevo, Maty. Este relato es para un nuevo desafío que encontré y bueno a fuerzas había que meter la frase y que sucediera en un vuelo. Gracias por pasarte y comentar. Abrazo fuerte.
Estupendo el relato, mantiene el suspense en todo momento y deja a nuestra interpretación lo sucedido. ¿Fantasía? ¿Terror? ¿Realidad? quizás una pesadilla. Me ha encantado Ana. Un abrazo.
Hola Sabius, muchas gracias por pasarte y comentar. Abrazo fuerte.
Hola Ana.
Me ha gustado mucho. Describes muy bien ese ambiente de embarcarse en el avión y desarrollas una historia imposible de soltar en la que te estás preocupando del qué pasará en cuanto descubres lo que ha pasado.
Un saludo
Hola Ana, vuelvo a ser luferura, y encima no he terminado este comentario… en la escuela de brujas deberían enseñar a la aprendiz que los experimentos se hacen en casa y con gaseosa.
Un saludo.
Jejeje, síii. Tienes toda la razón. Saludos…
Muchísimas gracias por tu visita y comentario, lo aprecio mucho. Abrazos.