
De lejos le llegó el sonido del helicóptero descendiendo sobre la pista de aterrizaje. Del cofre con tesoros, el monje Tenzin sacó las llaves de oro.
Al tocar la del corazón, lloró por todo lo que estaba en juego; con la de la espada, sintió ganas de acabar con la amenaza de forma violenta; cuando sus dedos rozaron la de la calavera, le sobrevino la calma y se llenó de sabiduría. No había mejor arma que la palabra justa.
Disuadiría a aquellos miserables que querían poner un McDonald’s en las inmediaciones del templo Jokhang en Lhasa.
100 palabras.
Autor: Ana Laura Piera.

Nota: Yo pensaba que en el Tíbet no había McDonald´s, pero sí, hay dos en la capital, Lhasa. Pero dentro de Lhasa también hay lugares donde por preservación cultural no es posible instalarlos. Uno de ellos es el mencionado en el relato.
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