Mi propuesta para Escribir Jugando de septiembre: hacer un relato de no más de cien palabras, que incluya la runa Isa y se inspire en esta carta. Opcional que incluya la flor de bach Agrimony.
Fue al humedal a arrojar la runa Isa, que simbolizaba hielo y freno. Ya no deseaba sentirse paralizada. Quería tomar una decisión. De su ánfora bebió la infusión de Agrimonia mientras contemplaba el agua serena y transparente.
Su corazón se calmó.
Una libélula de ojos azules se posó en su hombro y le susurró la verdad. Se levantó decidida: no huiría con Damián, el hombre prohibido.
Caminó hacia su casa, dejando en la ribera, como una cáscara vacía, la versión de ella misma que ya no le servía.
90 palabras incluyendo el título.
Autor: Ana Laura Piera.
Otro relato mío con un humedal de fondo y el tema de la transformación, aquí.
Nada en ellos parecía fuera de lo común. Ni su forma de actuar, vestir o moverse hubiera podido indicar que en el fondo de la vieja lancha, se encontraba un cuerpo humano; tibio aún por habérsele escapado la vida hacía poco tiempo. El cielo enrojecido anunciaba la agonía del sol. Albert aprovecharía la noche para deshacerse del cadáver en medio del inmenso lago.
Todos en el pequeño pueblo de San Andreu sabían que eran hermanos y que de cuando en cuando Albert visitaba a Caterina, quien vivía con su esposo Bernat; un hombre mayor que ella por veinte años.
Caterina se inclinó un poco para echar un último vistazo al cuerpo de su marido, parcialmente tapado con una lona. Se sintió extraña sabiendo que él no estaría más con ella. Observó a Albert y por un instante no era el hombre de treinta y dos años, sino el niño de once, asustado por haber hecho muy malo. Desde el pequeño embarcadero, ella le aventó mil promesas en una mirada para tranquilizarlo.
Albert se alejó remando despacio, mientras recreaba en su mente lo sucedido: Su hermana, a quien nunca le había podido negar nada, pidiéndole por fin matar a Bernat. El cuerpo de su cuñado contorsionándose, pataleando, luchando. Albert tapándole boca y nariz con una de sus manos de gigante y con el otro brazo apretándolo con fuerza para que no eludiera su destino. Por fin sobrevino la laxitud del cuerpo y pensó que era como si su cuñado estuviera plácidamente dormido y no muerto.
Mientras remaba un pensamiento logró alejar los malos recuerdos. La semana siguiente podría regresar a San Andreu a meterse en la cama tibia de su hermana como lo habían hecho desde siempre. No tendrán que esconderse o emborrachar a Bernat hasta dejarlo inconsciente. Ahora podrán vivir su amor prohibido sin prisas, mientras el hombre flota como un fantasma submarino, desgarrado el cuerpo y olvidado para siempre en la oscuridad.