La plaga – Microrrelato.

Detesto los lugares oscuros y mal ventilados; por eso mi ventana siempre estaba abierta. Quizá llegaron a mi planta Monstera en una ráfaga de aire, o tal vez adheridos a las patas de un insecto.

No es una plaga cualquiera. Su voracidad ya costó la mitad de sus hojas a la Monstera. Tomé uno y lo puse bajo el microscopio. Son personas diminutas. Hay niños, ancianos, bebés, mujeres y hombres. Van desnudos y sus rostros están deformados por unos enormes dientes en forma de sierra, como los de los tiburones.
Su forma humana me tomó por sorpresa.

Se han extendido a otra de mis macetas y hoy encontré uno vagando por la cocina. Sentí un incipiente dolor de cabeza. Por impulso, apoyé mi dedo índice sobre él y dejó de moverse. Impregné algodón con alcohol y lo pasé con fuerza por las hojas y tallos de mis pobres plantas. Al hacerlo, la torunda se saturó de un líquido rojizo y otras cosas que prefiero no imaginar. Puse mis fumigantes habituales, no solo en mis plantas sino en toda mi casa. Por último decidí poner un mosquitero.

Esta madrugada, el silencio se rompió con un roce metálico contra la ventana.
Me acerqué al mosquitero recién instalado y pude oír el chirrido rítmico y persistente de cientos de dientes tratando de serrar la malla…

Autor: Ana Laura Piera.

Nota: relato inspirado en una lucha real vs. una plaga de cochinilla de escama en mi Monstera deliciosa.


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Arrepentimiento – Microrrelato

La ominosa mancha se había extendido por la alfombra y comenzaba a escurrir hacia el piso. Él seguía creyendo que todo estaba bien, que ella se lo tenía bien merecido. La voz que habitaba en su cabeza no podía estar equivocada .

Siguió observándola y la ausencia de respiración, que ya no subía y bajaba sus pechos rotos, lo sumió en la oscuridad. Haciendo un gran esfuerzo bloqueó aquel susurro insistente, y por primera vez sintió algo parecido al arrepentimiento.

Una lágrima diminuta rodó de su cara hacia aquella boca abierta, congelada para siempre en una mueca de horror. Acercándose, le dio un apasionado beso en los labios y esperó alguna reacción. Nada. Pensó en otra estrategia y se puso a juntar los pedazos, quizás, si completaba aquel rompecabezas ella volvería a vivir.

Autor: Ana Laura Piera

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