La Elegía de los Elfos – Microrrelato.

Al alba, la suave y triste elegía de los elfos se eleva desde el suelo del bosque, hasta el verde dosel, anunciando la muerte inminente de su hogar.

El mutismo de la pandereta es un aviso doloroso de que se aproxima el cierre de la vida tal como ellos la conocen: el hombre, ese ángel destructor, encontró al fin la puerta secreta que conecta su mundo de caos con el bosque encantado.

¿Qué harás para impedirlo?

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Mi relato en la revista digital Masticadores Sur:

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Instrucciones para Olvidar. Microrrelato.

Mi participación en «Escribir Jugando» del mes de Noviembre. Condiciones: hacer un relato de no más de cien palabras inspirado en la carta y que incluya el dado (acuario).

Para llegar al jardín del olvido —me dijo el viejo—, debes pasar por el acuario y dar de comer a los peces koi, pues ese es su reino y dominio.

Una vez alimentados, una escalera roja se revelará ante tus ojos, debes subir los peldaños lentamente, con cada paso irás olvidando algo. No hay vuelta atrás, piénsalo muy bien antes de iniciar este camino. Al llegar al jardín ya no podrás conjurar tu pasado y habrás olvidado tu presente. Quizás el mundo te llore, pero tú no lo sabrás y quizás, solo quizás, eso sea la libertad.

100 palabras incluyendo título.

Autor: Ana Laura Piera

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El Cumpleaños – Microrrelato.

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Mi participación en el VadeReto de Octubre, que esta vez va con el tema de un «cumpleaños». Si te interesa participar busca el enlace al final del relato y te llevaré directamente al blog ACERVO DE LETRAS.

Una noche más de insomnio, la tercera ya. Otra vez aquellos susurros incesantes que no sabía yo de dónde venían o qué decían; frases y palabras que me llegaban diluidas en la noche. ¡De nada valía cerrar puertas y ventanas!

Quise distraerme y decidí aprovechar el tiempo avanzando en algunos proyectos. Abrí mi computadora. Los susurros dejaron de serlo para convertirse en voces de hombres y mujeres; jóvenes y viejos, que hablaban al unísono y yo seguía sin captar nada. Abrí la pestaña del sitio donde trabajaba en mi árbol genealógico e inmediatamente supe que había dado con el origen de aquel barullo. Las fotografías de mis parientes habían tomado vida y los rostros gesticulaban demostrando cariño, interés y desacuerdo mientras hablaban uno con otro, todos al mismo tiempo y ello, multiplicado por las dos ramas principales más las ramas subordinadas, resultaba un completo caos. Incluso los lugares con nombre, pero aun sin fotos, vibraban con violencia, como queriendo dar su opinión sobre algo.

—¡Basta! —grité.

Las caras color sepia parecieron fijarse por primera vez en mí y quedaron mudos.

—¿Pueden dejarme descansar?

—Es que nos dimos cuenta de que va a ser tu cumpleaños —dijo la bisabuela Madrona, su voz profunda y amable iba acompañada de un guiño.

—Y pensábamos sorprenderte con algo especial —dijo el tatarabuelo Ginés buscando con la mirada, más arriba, a mi bisabuelo Pablo, como buscando confirmación.

—Mi mejor regalo es tenerlos acá y saber un poquito más de ustedes, pero por favor, ¡bájenle al ruido!

Todos sonrieron y me miraron con cariño. Poder dormir es un lujo, pero sus miradas, en ese momento, fueron el mejor regalo de cumpleaños que pude recibir.

280 palabras.

Autor: Ana Piera

Participa en el VadeReto AQUÍ

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El Escape – Microrrelato

Con este relato participo en la convocatoria de «Escribir Jugando» desde el Blog de Lidia Castro. Condiciones: hacer un relato de no más de 100 palabras inspirados en la imagen, que incluyan el elemento del dado (demonio) y que incluya también algo sobre Urano.

Estoy en Urano, hermoso gigante de tono azulado. Sus satélites: Desdémona, Ariel, Ofelia… hacen que me perciba como el protagonista de una tragedia Shakespeariana. A pesar del frío y la inadecuada atmósfera, doy largos paseos. El demonio Azmodan se la pasa maldiciendo y profiriendo insultos, pero me agrada.

Pronto pasarán lista. Abro los ojos y Azmodan está en un rincón de la celda quejándose.

«Mañana será al Sol» le digo. Azmodán me recuerda que estoy en el pabellón de la muerte. A veces es un pesado. «Si no quieres acompañarme, no lo hagas, pero mañana será al Sol»

100 palabras

Amigos: WordPress me está poniendo algunos comentarios como «anónimos» por favor pongan su nombre para yo identificarlos. Muchas gracias y perdón la lata. Saludos.

Autor: Ana Laura Piera

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Lágrimas – Microrrelato.

Mi participación en Escribir Jugando del mes de Septiembre. Hay que hacer un relato inspirado en la carta, que incluya el elemento del dado «Leo» y opcional algo relacionado con la goma de borrar. Yo he incluído el árbol que dio origen a este invento: el árbol del caucho, originario de América.

Ix Yatzil robó el tesoro, y tomando la forma de una tortuga carey se alejó de la isla nadando. En la noche, la constelación de Leo la guio hasta su hogar.

Al pisar la suave arena, la tortuga se transformó otra vez en Ix Yatzil, quien corrió a ofrecer el oro que salvaría a su gente.

Llegó tarde. Los hombres barbados no esperaron. Gruesas lágrimas brotan de sus ojos, como las lágrimas del árbol del caucho. La niña se derrumba y las figurillas de oro se desparraman en la arena ensangrentada, donde quedarán en el olvido.

97 palabras incluyendo título.

Autor: Ana Laura Piera

Nota: «Ix» es un prefijo que usaban los mayas antes del nombre de una mujer. «Yatzil» en maya se traduce como «la cosa amada». Para hombres el prefijo que se usaba era «Ah». Así por ejemplo un hombre podía ser «Ah Balam» (Jaguar).

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Clic, clac. – Microrrelato

Mi participación en el reto conjunto del blog Acervo de Letras y el blog El Tintero de Oro. Las condiciones son: El reto consistirá en escribir un microrrelato de 250 palabras protagonizado por un escritor/a desesperado/a por su falta de inspiración que se encuentra un Tintero de Oro con un mensaje grabado: «pídeme un deseo y lo verás por escrito», aunque este contrato tiene una letra pequeña: «pero todo tiene un precio»

Y aquí va mi aporte:

Mi última novela tuvo notoriedad y la editorial exigía adelantos de la siguiente, pero la inspiración me eludía.

Con nostalgia saqué la caja que contenía un tintero y una vieja máquina de escribir que habían pertenecido a mi abuelo, un escritor de renombre que se había suicidado. El tintero era pequeño, de oro macizo. Lo acaricié imaginando las veces que el abuelo debió usarlo. Noté que se calentaba entre mis manos hasta un punto en que lo tuve que soltar. Se revelaron unas palabras sobre la superficie: «Pídeme un deseo y lo verás por escrito». Deseé tener una herramienta que escribiera por mí. «… Pero todo tiene un precio». El tintero bajó su temperatura y las palabras se desvanecieron.

«Vaya broma» —me dije, disgustada.

Por la noche, escuché un clic, clac, dentro de la caja. Como impulsadas por dedos invisibles, las teclas de la máquina de escribir se movían y golpeaban el viejo rodillo. Coloqué una de las cintas de tinta del abuelo y metí una hoja. ¡Al amanecer, el artefacto había terminado mi novela!

«Escribí» novelas, cuentos, ¡incluso una obra de teatro! ¡Solo éxitos! Mas no todo era bello: no había forma de que dejara de hacer ruido, y lo más extraño es que si yo salía de casa el clic, clac me acompañaba en mi cabeza.

Ahora vivo en el pabellón siquiátrico de un hospital, la máquina se quemó cuando prendí fuego a mi casa, pero su ruido es omnipresente, no hay escapatoria.

247 palabras.

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Autor: Ana Piera.

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Lo que perdimos – Microrrelato.

Mi participación en el «VadeReto» del mes de Julio: Hacer un relato inspirado en un tatuaje, contar la historia que nos sugiere.

imagen generada con IA

Hacía mucho que las tuberías vomitaban todo menos agua. Ahora eran guarida de insectos y por más que intentábamos ordeñarlas, solo obteníamos desencanto y más sed, una sed tortuosa y mortal. Pronto comenzó la «Guerra del Agua». Primero murieron los ancianos y los enfermos. Las familias se juntaron en clanes, y armándose con lo que pudieran, incursionaban en otras partes de la ciudad, apropiándose con violencia del preciado recurso. Los ricos se atrincheraron en sus mansiones, pero estaban solos, pues el gobierno hacía mucho que no mandaba.

Tenía yo once años y recuerdo cuando entramos a una casa de la cual se decía que había una gran reserva. Mis tíos entraron como huracán y con sus rifles y pistolas acabaron con casi todos. Solo quedaba otro niño de mi misma edad que apareció después, se había escondido al escuchar el estruendo de las balas y los gritos. Mi tío Néstor me habló con su mirada, pidiendo que me encargara de eso, y… lo hice. Luego corrí donde estaban todos ocupados vaciando una enorme alberca. Yo temblaba, pero me repetía como un mantra las palabras que desde chicos nos habían enseñado: «Había que hacer siempre lo necesario para sobrevivir».

Por lo que tuve que hacer en aquella casa, mi tío me tatuó una gran gota de agua en el brazo, y dentro de ella una calavera.

Cuando pensamos que ya, ahora sí, se había acabado toda el agua escondida y que todos moriríamos deshidratados, empezó a llover como nunca habíamos visto. Hubo inundaciones pavorosas y muy pronto casi todo quedó anegado. Ahí empezó la «Guerra por la Tierra». Incluso un pequeño pedacito donde poder pararse y vivir era considerado un tesoro.

Mi hijo César me está viendo en este momento con ojos demasiado cansados para alguien que tiene apenas diez años, le duele el brazo derecho donde le hice un tatuaje: una colina emergiendo del agua y dentro…sí, una calavera…

Autor: Ana Laura Piera.

322 palabras.

Pido disculpas por el tema, sé que a muchos les gusta leer solo cosas bonitas y positivas pero en esta ocasión los voy a contrariar.

Si quieres saber más de este reto y leer otras participaciones da clic AQUÍ

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El Sueño – Microrrelato.

Mi participación en el reto de Lidia Castro, «Escribir Jugando» del mes de Julio. Consiste en hacer un relato de no más de cien palabras inspirado en la carta, que incluya el mineral «hematita» . Opcional, que aparezca en la historia algo relacionado con esta flor de cactus: Shadow cactus. (Yo no la incorporé en el micro).

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Un sueño se repetía:

Me veía dormido, con el pecho abierto. Un chamán danzaba enérgico alrededor mío y quería despertarme. Una noche lo logró y, dentro de mi ensoñación, abrí los ojos y sentí que colocó una piedra de hematita en el hueco de mi pecho. Entonces lo supe: el chamán era mi ancestro y me había despertado el corazón.

Al otro día visité a mis hijos, a quienes tenía muy abandonados desde el divorcio, y me acerqué a una organización para hacer voluntariado. Me prometí no volver a caer en el egoísmo y en la insensibilidad.

Autor: Ana Laura Piera

99 palabras con título incluído.

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Mal Alumno. Microrrelato.

Mi participación en el reto de Lidia Castro Navás «Escribir Jugando» del mes de Junio. Consiste en hacer un relato de máximo 100 palabras, inspirado en la carta y que contenga algo relacionado con el planeta Plutón. Opcional incluir algo relacionado con la «penicilina».

Estoy muerto: no respiro, y mi cuerpo, aunque conserva su forma, ha perdido solidez. La penicilina no me pudo salvar.

Un oráculo anunció que el dios del inframundo me esperaba. Una figura barbada, imponente y de aire severo, se materializó y ahora tintinea unas llaves frente a mí, como diciendo que las puertas de la vida se me han cerrado para siempre. Al lado, un temible perro de tres cabezas, gruñe y ladra rabiosamente. ¿Será «Cerbero»?, y el dios, ¿«Plutón»?

Nunca imaginé la muerte así. Ahora lamento no haber puesto más atención en mis clases de mitología…

99 palabras.

Autor: Ana Laura Piera.

Nota: Plutón es el dios del inframundo romano, equivalente al Hades, griego. Cerbero o cancerbero era el perro del dios. Se aseguraba que los muertos no salieran del Hades o inframundo y que los vivos no pudieran entrar.

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Toñito – Microrrelato.

Mi participación en el reto de El Tintero de Oro: La Paleta de las Emociones, consiste en escribir un micro inspirado en una emoción como mínimo.Yo utilicé: alegría, confianza, miedo, tristeza, remordimiento.

Imagen generada por inteligencia artificial

La llegada de Toñito me hizo sentir liviana, como una pluma flotando en el viento. Sus hermanos ya eran mayorcitos y yo extrañaba cuidar un bebé.

Aborrecida por ellos, de esa familia nunca supe ya nada, y con el tiempo solo recordaría a Toñito, eternamente congelado en los dieciocho meses y en el día en que lo tiré por accidente y los médicos dijeron que crecería jorobadito. Después de eso, siempre me faltó el aire y todas las desgracias las atribuí a una suerte de justicia divina. Incluso cuando un fuereño me violó y quedé embarazada creí que me lo merecía. Fantaseaba que al nacer, también tiraba a mi bebé y quedaba jorobado, volviendo el equilibrio a mi mundo.

Una noche arropada en niebla nació José. «No podías haber tenido un muchacho más sano, Chayito» dijo el doctor mientras lo ponía en mi pecho. Juro que me arrepentí de mis pensamientos y le prometí cuidarlo.

A José no lo tiré yo, sino un caballo encanijado, y ahí empezó otro calvario. Acabé en Guadalajara, en una clínica muy elegante, frente a un afamado especialista de columna, muy joven y bien parecido, pero jorobado. Nada más verlo supe quién era y sentí que el piso se abría bajo mis pies. Con mis ojos nadando en lágrimas, le confesé que yo había sido su nana y la causante de su desgracia.

Mi hijo volvió a caminar y yo ya puedo respirar. El perdón sabe a gloria.

244 palabras

Autor Ana Laura Piera.

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