El otro hijo – Microrrelato.

Mi propuesta para el reto de El Tintero de Oro: un relato de no más de 250 palabras que cumpla con ser intertextual. (Inspirado en algún cuento o historia conocida pero alterándola: cambio de escenario, personajes de otro cuento, diferente época…)

Tras un despegue algo accidentado —nos perseguían los esbirros del rey— mi padre, mi hermano y yo logramos alzar el vuelo.

Si me hubieran preguntado antes mi parecer, jamás habría dado datos estratégicos a esa pareja de tontos enamorados. Fue mi hermano Ícaro, quien le sugirió a Ariadna que su novio Teseo podía usar un hilo para salir del laberinto. ¡Con razón el rey Minos estaba fúrico!

Dédalo, que siempre fue un nostálgico, permitió todo. Por eso mismo tampoco quiso dotar a mi hermano de la tecnología con que me había concebido a mí. En vez de darle motores, giroscopio y acelerómetro, le había dado ¡alas de cera!
¿Acaso quería que Ícaro conservara su humanidad? Esa pregunta me trastorna. ¿Qué hay de malo en ser como yo?

Vi la oportunidad: Con mi estrategia de asedio, lo obligué a elevarse hacia el sol. Los gritos de Dédalo urgiendo cautela a su hijo amado se deshilacharon en el viento sin alcanzarlo.

Cuando las ineficaces alas de cera de Ícaro se derritieron, perdió altitud y ganó velocidad. Su ahora minúsculo cuerpo apenas un punto insignificante,se perdió entre las nubes. La caída sería letal.

Mi competencia: felizmente eliminada.

197 palabras

Autor: Ana Laura Piera.

Nota: este texto cumple con la condición de ser intertextual porque no nace de la nada sino que se comunica y toma prestados elementos del mito, reinterpretándolos y agregando elementos actuales.

Te invito a leer una reflexión sobre este relato en Reflexópolis.

El Escarabajo – Microrrelato.

«Convivir es difícil», pensó Cecilia mientras se ponía crema desinflamatoria sobre los golpes. «Las parejas tienen problemas, superaremos esto». Pero muy en el fondo sabía que no, que los arranques de Leo no eran normales y las palizas cada vez eran más frecuentes. Se maldijo por ser mujer pues ella no era contrincante para él. Reflexionó que en lugar de que a una le enseñaran a cocinar o a lavar ropa, mejor sería aprender a defenderse. Una vez ella había tratado de darle una patada en los huevos, pero le fue peor, ya que esa vez su marido le pegó como nunca. Terminó de ponerse el ungüento y cojeando fue a la cocina a preparar la cena de Leo y se la dejó sobre la mesa. Quién sabe a qué hora llegaría, últimamente le daba por llegar en la madrugada borracho y provocador.
Se durmió llorando de dolor y de coraje.

Despertó convertida en un gigantesco escarabajo. Vio con horror que en lugar de piel su cuerpo estaba cubierto con un exoesqueleto iridiscente y sus manos eran ahora tenazas mortíferas. «¿Pero qué diablos?», pensó mientras el miedo la dominaba. Aún conservaba su mente humana, pero sintió que con cada segundo el bicho la iba anulando cada vez más. Se dio cuenta de que Leo no estaba a su lado y se quedó ahí tratando de entender qué estaba pasando.

Escuchó o sintió, no supo diferenciarlo, una puerta abrirse. Bajó de la cama y cuatro patas peludas la llevaron al baño, donde Leo estaba orinando. Seguramente acababa de llegar después de coger con quién sabe quién, estaba borracho y le costaba mantenerse derecho. Una rabia incontenible se apoderó del insecto y violentamente entró al baño. El hombre apenas se dio cuenta de lo que pasaba. Las formidables tenazas cortaron el pene y Leo empezó a deshacerse en gritos de dolor que solo pararon cuando su cabeza cercenada rodó por el piso cual pelota. Todo fue rápido y automático. Ver a Leo así, decapitado y con el pene sangrante le dio una extraña satisfacción.

«¿Qué te pasa pendeja? Estás gritando como loca. Cállate hija de tu puta madre o te rompo el hocico». La silueta de Leo se dibujó en la puerta y Cecilia se percató que todo había sido un sueño. Se limpió la cara llena de lágrimas y se acomodó para seguir durmiendo. En ese momento tomó una determinación: lo dejaría por fin.

Autor: Ana Laura Piera

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Nota: Me queda claro que la violencia se ejerce, no por ser hombre o mujer, sino por otros factores, y que no es privativo de un solo género. También que dentro de las relaciones humanas se dan muchos tipos de violencia: verbal, física, económica, etc.