Melancolía – Microrrelato

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Eran días muy tristes. Subí al ático a distraerme con los cachivaches que guardaba ahí mi familia. Me encontré el diario del abuelo, que fue payaso en un circo. Soplé y me envolvió una nube de polvo que me hizo toser mientras lo abría. Estaba lleno de anécdotas felices, trucos y rutinas para hacer reír. En algunas hojas, las letras aparecían desdibujadas y reconocí el patrón de arrugas que dejan las lágrimas en el papel.

Atraje el libro hacia mi pecho y la melancolía se disipó como lo hacen las nubes de tormenta frente a un poderoso viento.

Autor: Ana Laura Piera

(Relato ficticio)

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Recuerdos – Microrrelato.

Con mucho sigilo se deslizó dentro de la casa; deambuló de aquí para allá, y se sintió especialmente atraído por la calidez que emanaba de la cocina, calidez que abrió la llave a los recuerdos: Le vino a la mente el postre de higos en almíbar […]

Recuerdos por Ana Laura Piera

Noche de San Juan – Microrrelato.

De lejos le despertó el jolgorio de la noche de San Juan. Emocionado, se dejó guiar por el barullo hasta la playa. Subió a una palmera para tener una mejor vista de las hogueras encendidas, y luego se acercó con cautela a los grupos de jóvenes que disfrutaban comiendo, bebiendo y saltando las llamas. La música, la luz de la luna y el ruido del mar lo emborracharon.

De regreso a su morada le sobrevino una pesada resaca con sabor a nostalgia. Extrañaba la vida. Entró en su tumba y se derrumbó en el olvido a la espera de la magia de la siguiente noche de San Juan.

Autor: Ana Laura Piera

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Como una sombra – Microrrelato.

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Ella dormía profundamente y no sintió la puerta de la habitación abrirse. Como una sombra, me escabullí dentro y me senté con cuidado al borde de la cama. ¡Era tan hermosa! Sentí mi sangre espesa de amor a causa de esa mujer, que era mi dueña. Aspiré con deleite el perfume a manzanas frescas que anidaba en sus cabellos y volaba en el ambiente. Mis manos, temerosas de despertarla, flotaban sobre su rostro esbozando tenues caricias mientras la boca entreabierta me incitaba a besarla. Posé delicadamente mis labios en los suyos, apenas rozándolos, resistiéndome a la dulce tentación de fundirnos en un beso inmenso.

De pronto, un pensamiento irracional me invadió, pues su serenidad se parecía a la de la muerte. Miré su pecho y el movimiento de olas de sus senos me dijo que respiraba, que estaba viva… soñando. Continué observándola un buen rato, pero llegó el momento en que solo verla no bastaba. Yo quería más: quería sentir el fuego incontrolable producido por la unión de nuestros cuerpos, besarla con besos enfermos de pasión y morir en su piel una y otra vez. No me pude contener y me fui metiendo lentamente en las sábanas tibias. Se movió un poco y esperé que se aquietara, luego continué arrastrándome por esa playa que era su lecho. Ahora la tenía frente a mí.

Respirando el cálido aire que exhalaba, acerqué nuevamente mi boca a la de ella. Al contacto con sus labios sobrevino la desgracia: despertó, y mientras abría los ojos yo me desdibujé de su cama, pues la gente que habita en los sueños de otros, tenemos una existencia breve al capricho de los párpados de quien nos sueña. Por un instante, antes de desvanecerme por completo, nuestras miradas se cruzaron, ella se frotó los ojos y luego… Se olvidó de mí.

Autor: Ana Laura Piera

Recuerdos – Microrrelato.

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Con mucho sigilo se deslizó dentro de la casa. Deambuló de aquí para allá, pero le atrajo especialmente la calidez que emanaba de la cocina y que abrió la llave a los recuerdos:

Le vino a la mente el postre de higos en almíbar que le preparaba Isabel y que tanto le gustaba; la deliciosa sensación que dejaban en su cuerpo de hombre las caricias, como aleteos de paloma, que le prodigaba aquella maravillosa mujer. Recordó también cómo le gustaba perderse en esa mirada de un azul deslavado que a ratos se asemejaba más al gris. «Es que llegué tarde a la repartición de color», solía decir ella a manera de explicación y ambos reían.

Un fuerte ruido interrumpió su remembranza. De repente de todos lados le llovían golpes. Era Isabel, sus ojos azul-grisáceos relampagueando de furia y queriéndolo sacar a escobazos. Tuvo que hacer gala de toda su pericia y agilidad para poder huir.

«Esto de reencarnar en gato tiene sus ventajas» pensó, mientras se alejaba a toda prisa.

Autor: Ana Laura Piera

Frente a la Puerta – Microrrelato.

Todos tenemos un secreto oscuro y una añoranza. ¿Te arriesgarías a perderlo todo por acercarte?

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Hacía años que no iba por esos rumbos, que no se paraba frente a aquella puerta, tan temida, tan añorada. Pasó lentamente sus dedos por la fría herrería que protegía los secretos de aquella propiedad y por la gruesa cadena que impedía el paso.

Un letrero descolorido en una esquina anunciaba que la casa estaba en venta. Era un anuncio viejo pues la casa tenía mala fama y nadie la quería. Se decía que el hijo de los dueños, estando muy drogado, los había matado con saña para escapar luego con rumbo desconocido.

De repente unos gritos cortaron el aire y se dio cuenta de que este momento de debilidad podía salirle caro. Los gritos no cesaban; cada vez más cerca, cada vez más fuerte:

“¡Atrápenlo! ¡Ahí está el asesino!”

Autor: Ana Laura Piera