Un Cadáver en el Ascensor – microrrelato.

Mi participación en el microrreto del blog El Tintero de Oro. Requisitos: que aparezca un cadáver en un ascensor y de máximo 250 palabras.

Si quieres participar en el reto, dale clic en la foto, te llevará al blog El Tintero de Oro

Debo reconocerlo, siempre fui débil y sensual y me entregaba sin empacho a los placeres furtivos. Eso no cambió al casarme y ante los dramáticos reclamos de Ester, mi fuerza y autoridad hacían que se replegara. Llevarle casi veinte años tenía sus ventajas.

Poco antes de cumplir setenta intuí que las cosas cambiaban. Mientras ella aún estaba en la flor de la edad madura, yo ya necesitaba ayuda para todo. Ahí comenzó su asedio brutal hacia mi persona con indudable sabor a venganza. Confieso que nunca lo vi venir.

Con el cuerpo en franca retirada de esta vida, no hay mucho que pueda hacer para enfrentarla. He propuesto que nos divorciemos y se ha reído. Sé que encuentra placer en ver mi decadencia y sufrimiento.

Los micro infartos y los disgustos se van sucediendo a diario, los primeros, los mitigo con una pastilla sublingual que me hace sentir mejor en minutos, pero anoche tomé una decisión.

Reconozco el dolor y no me tomo el medicamento. Trato de salir lo más calmadamente del departamento y me enfilo con paso vacilante al elevador. Haciendo un esfuerzo, manoteo tratando torpemente de pisar el botón y cuando las puertas se abren me precipito dentro de ese espacio, milagrosamente vacío de gente, e iluminado con luz neón. La punzada en el pecho es intolerable, me derrumbo y la frialdad del piso es de las últimas sensaciones que percibo. Me estoy muriendo, pero no le daré a la maldita la satisfacción de verme agonizar.

248 palabras.

Autor: Ana Laura Piera

https://bloguers.net/literatura/un-cadaver-en-el-ascensor-microrrelato/

El Club de la Microficción

El blog «El Tintero de Oro», de David Rubio ha sacado una colección de microrrelatos salidos del microrreto llamado ¡Fobias! y la verdad es que ha quedado una publicación muy chula y en la que una servidora participa con un relato basado en la Talasofobia (fobia al océano), titulado «Las Vacaciones»

Si les interesa la pueden descargar gratis en LETKU o también se puede leer on line en YEMPU, para lo cual te dejo el enlace a la página del blog de EL TINTERO DE ORO donde solo tendrás que buscar la sección donde está el «flipbook» que podrás disfrutar de inmediato.

Saludos a todos.

Un Buen Susto -cuento corto.

Da clic sobre la imagen para ir al blog El Tintero de Oro

Fue una absoluta sorpresa para el joven Guillermo enterarse de que sus tíos lejanos le habían dejado una casa de campo en Inglaterra. Se entusiasmó, pues aunque siempre andaba a la caza de oportunidades para ganar dinero, la mala suerte parecía perseguirle.

Se trataba de una ruinosa y antigua granja en el poblado de Pluckley, en Kent, conocida como «Woolridge Farm». Aquel pueblo tenía fama de ser uno de los lugares más embrujados del país y atraía turistas buscando emociones fuertes. La granja tenía un tamaño respetable, pues además de la casa principal contaba con espacios que fueron, en días mejores: caballerizas, corrales y almacenes. Pensó que podía servir como un hotel, pero al calcular la cuantiosa suma que tendría que invertir para ello, se entristeció. Lo mejor sería venderla.

Llevaba una bolsa de dormir que puso sobre el viejo sofá de cuero tipo Chesterfield que estaba en el salón y para prender la chimenea juntó muebles viejos y pedazos de madera que encontró aquí y allá.
Encendió la chimenea justo a tiempo. Llovía y hacía mucho frío. Se acostó en su cama improvisada, no estaba muy cómodo, pero al menos estaba caliente.

En la madrugada le despertó un frío intenso y vio el fuego agonizar. Se puso a buscar algo para alimentarlo. Fue ahí cuando lo vio: era un hombre viejo, barbado; lucía demasiado delgado y triste. Sus vestimentas eran de otra época. Estaba sentado en una de las sillas que Guillermo pensaba tirar al fuego. El cuerpo se veía como hecho de niebla. Quiso tomar la silla de cualquier forma, pero un frío gélido lo envolvió y comenzó a tiritar. Se dirigió a otra, pero cuando estaba a punto de asirla, la figura apareció sentada en ella. Dondequiera que aquel ente se movía el frío se sentía polar.

—Estos son mis muebles. Estás destruyendo mi casa —dijo el viejo, su voz denotaba enojo y tristeza. A Guillermo le costaba ya hablar pues temblaba incontrolablemente—. Soy Walter King, un antepasado tuyo, y te pido que abandones este lugar. —Guillermo estaba tan helado que creyó que se enfermaría.

—Ma…ña…na, lo ju…ro… —dijo el joven castañetéandole los dientes.

—Si prometes que mañana no estarás aquí te permitiré usar un mueble más.

Guillermo asintió y en ese momento Walter se desvaneció como humo de cigarro. El joven tiró un banco a la chimenea, las llamas lo envolvieron y el frío mengüó. Se metió nuevamente en su bolsa de dormir, pero ya no pudo pegar un ojo. Así lo encontró el amanecer, preguntándose si la experiencia había sido real o fruto de su imaginación.

Al otro día averiguo en el ayuntamiento todo sobre la propiedad. Aparecía el nombre de Walter en los registros, se enteró de que no había deudas pues existía una especie de fideicomiso encargado de cubrir todos los gastos de impuestos. El dinero fue legado por… ¡Walter King! A finales del siglo XVIII. Sin embargo, los recursos ya estaban a punto de agotarse.

Aunque seguía escéptico, para evitar problemas, pidió que le enviaran varias cargas de leña para la chimenea y esa noche alimentó el fuego con la madera comprada. De repente la estancia se sintió anormalmente fría y el espectro se dejó ver. Vestía la misma ropa anticuada y tenía el mismo aire triste que la noche anterior. Como flotando, fue y se posó en una de las sillas.

—Así que no te has ido. ¡Y lo prometiste!
—Si, pero como puedes ver, los muebles no están en peligro —y Guillermo señaló muy orondo las cargas de leña.
—Muy considerado de tu parte —dijo irónico el espectro.
—Tengo una noticia para ti. Hoy descubrí que el dinero que dejaste para mantener este lugar está a punto de acabarse.
—¿Tan pronto? —dijo Walter escandalizado.
—Walter, el costo de la vida ha subido tremendamente. No te imaginas… El problema es que, acabándose el dinero, la granja se tendrá que vender.
—¡No! —gritó Walter desesperado— ¡Este es mi hogar!
—Lo sé, pero no hay modo.
—Escucha —dijo Walter—. Aún tengo algo guardado, te lo daré, pero hay que salvar esta propiedad.

Walter hizo prometerle que no vendería y le advirtió que si lo hacía una maldición caería sobre él. Esa misma noche Guillermo encontró un anillo antiguo de oro con incrustaciones de rubíes. Al frente cuatro pequeños diamantes cubrían un compartimento secreto que revelaba el retrato en miniatura de un joven y distinguido Walter King. Al otro día viajó a Londres donde obtuvo una pequeña fortuna por él. De regreso a Pluckley puso la propiedad en venta. Trató de sacar a Walter de su mente, al fin y al cabo ya solo tendría que pasar una noche más en Woolridge Farm. Lo hacía más por curiosidad que por otra cosa. Luego, regresaría a su país donde invertiría en un negocio de tecnología.

Meses más tarde, un turista llegó a desayunar a la famosa posada The Swan, en Pluckley, y una linda pelirroja le sirvió té y pancakes.

—¿Serías tan amable de decirme qué lugar embrujado visitar?
—¡Sí! Woolridge Farm es una buena opción. A mucha gente le gusta pasar la noche ahí y ver cómo se pelean el fantasma de Walter King y uno de sus descendientes que murió ahí hace poco tiempo. Se dice que no cumplió un juramento, y una maldición le hizo cometer suicidio.
—Suena espeluznante.
—¿Verdad que sí?

893 palabras.

Autor: Ana Laura Piera.

https://bloguers.net/literatura/un-buen-susto-relato-corto/

Anatomía de Grey Z (fanfic) – Microrrelato.

Mi participación en:

Da clic en la imagen para que te lleve al blog El Tintero de Oro

Los fanfics son historias escritas por fans de una obra de ficción y sus personajes. Son relatos que varían la historia original o la complementan. Si quieres saber más asómate al Tintero de Oro.

El auditorio estaba abarrotado de gente esperando escuchar a la eminente doctora e investigadora Meredith Grey. La misma que desarrolló una cura definitiva contra el virus zombi, mejor conocido como virus Z.

Al aparecer, los asistentes se pusieron de pie y le aplaudieron a rabiar. La bata médica que la Dra. Grey portaba, cubría parte de los estragos que el virus Z había infligido en ella, mas su cara, cuello y manos los delataban: piel verdosa, faltante en algunas partes, ojos apagados y sin brillo, como los de un pescado muerto. Parcial ausencia de pelo en un cráneo demasiado visible; pero estaba libre del virus. El remedio no había llegado a tiempo para muchos, donde el avanzado estado de la enfermedad impidió la recuperación, en otros, logró detenerla, y en los menos afectados incluso revirtió los daños.

—Quiero agradecer a mi equipo del Hospital Seattle-Grace —dijo con una voz rasposa y extraña al tiempo que aparecían sus entrañables amigos, George O´Malley y Cristina Yang, también algo afectados: A George le faltaba un brazo, que había sido devorado, y Cristina no tenía ojos, y renqueaba, pero aún se adivinaba en ella su espíritu desafiante.

—No puedo dejar de mencionar a los ausentes: Miranda Bailey, Richard Webber, Izzie Stevens y Alex Karev que dieron su vida para que la humanidad nunca más vuelva a sufrir el ataque del terrible y cruel virus zombie.

La ovación fue unánime.

239 palabras.

Autor: Ana Laura Piera

Como muchos ya habrán adivinado, me basé en los personajes de la serie Anatomía de Grey y en la serie The Walking Dead. En verdad me divertí mucho imaginando este relato.

https://bloguers.net/literatura/anatomia-de-grey-fanfic-de-menos-de-250-palabras/

4ta. Antología de El Tintero de Oro, titulada «Anoche soñé que…»

Queridos amigos, desde hace algún tiempo participo en el excelente blog El Tintero de Oro, de David Rubio, que en esta recta final del año ha sacado su 4ta. Antología donde se incluye un relato mío. Todas las creaciones que se pueden leer en la Antología son de una gran calidad, el contenido es variado y para todos los gustos. La Antología se publicó en Amazon a precio de costo. Si alguien está interesado en adquirirla pueden cliquear AQUI Si desean conocer El Tintero de Oro denle clic al enlace abajo de la imagen. Aprovecho para desearles a todos felicidades en estas fechas y que el 2022 nos traiga a todo alegrías y bendiciones.

El Viajero del Tiempo – Cuento Corto.

Haz clic en la imagen para visitar el Tintero de Oro, también puedes participar.

Le bastaba con pensar en una fecha y lugar y la esfera programaba las coordenadas de destino. Así, Sindri viajó por el universo utilizando atajos en el espacio-tiempo, sistema perfeccionado en el año 3050.

Destino: Roma, noche del 24 de diciembre, año 50 a.C.
Era la celebración de las Saturnales, las fiestas paganas en honor a Saturno, el dios de la agricultura. Antes de salir de la esfera, imprimió la vestimenta propia de la época: túnica y toga, para no desentonar.

La ciudad estaba engalanada con adornos y luminarias. Sus habitantes, jubilosos por no tener que regresar más a los campos, se entregaban a los placeres; corría el vino y la comida en abundancia. Se unió a una de las fiestas callejeras, patrocinada por un hombre rico llamado Gayo Pompeyo. Tras el banquete, Gayo lo llevó a su lujosa villa donde fue testigo del intercambio de regalos entre familiares. Le propusieron quedarse esa noche y celebrar el día 25 el «Natalis Solis Invicti», fiesta asociada al nacimiento del dios Apolo. Amablemente, declinó y se despidió de los anfitriones. En un lugar solitario llamó con el pensamiento a la esfera. Dentro de ella dictó algunas observaciones:

«Con esta visita confirmo que esta tonta tradición que ha perdurado hasta nuestros días tiene orígenes paganos».

Belén, noche del 24 de diciembre, año 6 a.C. *
Salió vestido de pastor, pero no encontró a ninguno pues hacía demasiado frío para sacar al rebaño a pastar. Regresó feliz al vehículo, donde calentó su aterido cuerpo y dictó: «El nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre es una falacia y lo hicieron coincidir con una fiesta pagana. Debió nacer en primavera o verano».

Ahora la esfera buscaría gente emparentada con él, en diferentes épocas. Les visitaría y trataría de disuadirlos de celebrar algo que no resistía un mínimo de análisis histórico.

Londres, 24 de diciembre, 1860:
Con abrigo y sombrero de copa Sindri parecía un londinense más. Buscó la dirección de su parentela, sin éxito. Contrariado fue a sentarse en un banco. No había mucha gente, la mayoría ya estaban en casa para la tradicional cena. Una mujer iba muy apurada y al verle solo, le ofreció pasar la noche con su familia. Aceptó. Dentro de la casa cuatro niños revoloteaban alrededor de un árbol ricamente adornado. El marido, un hombre agradable, le convidó una bebida con vino, frutas y canela, para el frío. La cena fue abundante y deliciosa, antes del postre todos abrieron un paquetito personal, jalando de unos cordones en los extremos; al hacerlo saltaban regalitos en medio de una pequeña explosión que lo sorprendió e hizo que todos se desternillaran de risa. Su obsequio fue una nota que le deseaba buena fortuna. Acabada la cena se despidió, desconcertado por lo agradable de la velada. Hubo alusiones cristianas, pero más que nada se trató de una fiesta familiar. Era hora de regresar a la esfera.

Londres, 24 de diciembre, 1941:
Esta vez sí encontró la dirección. Le abrió una mujer de rostro triste, quien explicó que el hombre que buscaba, su esposo, estaba en el frente de batalla. Sindri fue invitado a cenar. No había árbol ni decoraciones ostentosas. La comida era escasa, aun así la compartieron con él, cosa que lo conmovió. Hubo una oración de agradecimiento y pidieron por la seguridad del padre ausente. Observó que los hijos, dos traviesos pelirrojos, no recibieron regalos. Regresó al otro día con algunas cosas impresas en su esfera: ropa para toda la familia y juguetes. Jamás olvidaría aquellos rostros de gratitud.

Decidió que haría una última parada, su celo por acabar con la tradición navideña en la familia se desvanecía. No había tenido corazón para aguar los festejos de nadie con sus diatribas. La fiesta despertaba sentimientos y actitudes nobles en todos, ¡incluso en él mismo!

México, 24 de diciembre, 2033. Sus parientes vivían en un precioso rancho de la Sierra. Gente hospitalaria, lo acogieron también.

Esta vez sí se animó a soltar los datos recopilados en sus viajes por el tiempo, sin revelar que él venía del futuro, y cuestionó la validez de la celebración. El patriarca de la familia, Don Artemio, lo miró con interés y le dijo que no importaba si no había rigor histórico. «El asunto es que nació y esta fiesta conmemora ese día». «¿Y qué me dice de los orígenes paganos de las fechas?» El hombre se encogió de hombros con esa sencillez de la gente que no se complica mucho. Luego lo invitó a bajar al pueblo para ir a repartir regalos y comida a la gente más desfavorecida. Hicieron una escala en la iglesia donde su anfitrión insistió en entrar unos minutos. Esto último incomodó a Sindri pero se resignó. Más tarde, el rancho se llenó de parientes y nuevamente una grata atmósfera familiar lo envolvió todo con abrazos, risas, brindis y mucho tequila.

Dictó sus últimos apuntes: «He decidido no perseguir ya mi idea de desterrar la Navidad. Entiendo ahora que más allá de lo que se celebra, estas fiestas sirven para unir a las personas, sacar lo mejor que hay en ellas y eso por sí solo bien vale la pena el festejo». Con una sonrisa el viajero del tiempo pensó en la noche de Navidad del año 3050 y regresó a casa, a tiempo para unirse a la celebración.

891 palabras

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

*Nota:

«Ateniéndonos al registro de Flavio Josefo y a las repetidas menciones al rey Herodes, es más seguro tomar como referencia válida la que señala el nacimiento en vida de este rey y, por lo tanto, situarlo alrededor del año 6 a.C. La fecha incorrectamente considerada como año 1 fue establecida -ya fuera por accidente o intencionadamente- en el siglo VI por un monje bizantino llamado Dionisio el Exiguo, quien diseñó un nuevo sistema de datación de los años para separar la era pagana de la cristiana: el Anno Domini -“año del Señor”, es decir, del nacimiento de Jesús-, en sustitución de la datación romana ad Urbe condita -“desde la fundación de la ciudad”, es decir, de Roma.» fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/que-ano-nacio-jesus-segun-historia_15207

https://bloguers.net/literatura/el-viajero-del-tiempo/

Leyenda Urbana: Gustavo – Microrrelato.

Da clic en la imagen para que te lleve al sitio El Tintero de Oro.

El meme se hizo viral. Trataba sobre el joven actor de veintidós años que falleció trágicamente. Aparecía en su etapa de niño, cuando actuaba en el programa que lo hizo famoso, diciendo con cara de cansancio: «¡Tuve una semana tan pesada! ¡Estoy muerto!».

Detrás del ordenador que había parido esa y otras publicaciones, estaba Gustavo. No se levantaba más que para recibir sus pedidos por internet e ir al baño. Dormía muy poco y sufría de obesidad mórbida. Él siempre estaba a la caza de las noticias más recientes y de los chismes más jugosos para elaborar sarcásticos contenidos. Su marca personal era el humor negro.

Un día le encontraron muerto en su departamento. En la pantalla del ordenador había una imagen: el cuerpo de Gustavo tras tres días de fallecido, la boca embadurnada de comida y con una magdalena firmemente sostenida en una de sus rígidas manos. Una leyenda mencionaba: «No actúes con mala leche, porque así acabarás». Como todos los memes de Gustavo este se había viralizado. La polícía forense confirmó que Gustavo no la había publicado. El ordenador lo hizo por sí mismo, como si hubiera aprendido a imitar su estilo. Desde entonces, cada cierto tiempo aparecían nuevas imágenes firmadas con su nombre, y nadie pudo explicar cómo..

212 palabras.

Autor: Ana Laura Piera

https://bloguers.net/literatura/la-leyenda-de-gustavo-la-leyenda-del-mala-leche/

La «Invasión»

Propuesta literaria inspirada en La Guerra de Los Mundos de H.G. Wells. Visita el blog de El Tintero de Oro en caso de que te interese participar y saber más de la vida y obra de este gran maestro de la ciencia ficción. Te dejo con mi relato:

Llegaron cuando al planeta le empezó a fallar el pulso. Cambios nunca antes vistos en el movimiento polar de la Tierra hizo de los terremotos y erupciones el pan de cada día. El clima enloqueció. En medio de la devastación, las estaciones de radio, TV e internet que aún funcionaban dieron cuenta de su aparición: Una escuadra de gigantescas naves alienígenas iba entrando en la exosfera terrestre.

Las señales emitidas por las naves confundieron a los científicos que intentaban dar una respuesta a lo que estaba sucediendo. No hubo consenso: unos decían que esos seres venían a salvarnos y otros creían que venían a terminar con lo que quedaba de la raza humana y del planeta. Yo era de los primeros. Para mí, la visión de esas naves alargadas, con sus cambios de luz de rojo a verde, significaba una advertencia de peligro seguida de un aviso de salvamento. ¡Si tan solo hubiéramos sido mayoría los que pensábamos así! Al penetrar las naves en la troposfera, los gobiernos mundiales enviaron una miríada de misiles y aviones-caza para contrarrestar el «ataque». Los pocos que sobrevivimos lo supimos después: los extraterrestres venían en una misión de rescate pues la Tierra estaba condenada.

Tendido en la blanca superficie, estoy a punto de iniciar lo que ellos llaman: «asimilación». Gor-Mir me lo explica lo mejor que puede, tratando de hablar con naturalidad a pesar de los tonos guturales que emite su garganta. Todo su ser despide luz de diferentes colores, ahora que me habla lo hace emitiendo un suave resplandor azulado.

—En este momento te conviertes en uno de nosotros. No usarás ya tu sistema vocal salvo para emergencias, pero podrás entender los pensamientos. Se hará un trasplante de corazón, la mejor mitad humana se quedará y la otra será sustituida con una mitad de tejido cardiaco-cerebral propio de nuestra raza. No te preocupes, la unión será armoniosa. Tu imagen seguirá siendo bípeda, pero te añadiremos un par extra de brazos y ojos para que te asemejes exteriormente más a nosotros.

—¿La Tierra? —pregunto con apenas voz y noto que su luz cambia de azul a gris.

—Su decisión de usar armas nucleares contra nosotros, más los cataclismos naturales, la han destruido por completo. Lo que queda de ella vaga en el universo, algunos pedazos están siendo atraídos por la gravedad de cuerpos celestes de mayor tamaño y otros están encaminándose al cinturón de asteroides que hay entre Marte y Júpiter. Rescatamos a todos los humanos que pudimos, lo siento, no son muchos.

La superficie donde me encuentro empieza a vibrar y a emitir un haz de luz blanca enceguecedora que me envuelve. Yo siento que «trabajan» en mí, mas no hay dolor. La voz de Gor-Mir no me abandona, pero ahora la escucho en mi mente, tranquilizándome: «Fuerza hermano. Ojalá fueran más. Tan solo son un puñado, pero ahora son parte de nosotros. Bienvenidos».

Suena en mi cabeza la sonata «Claro de Luna», de Beethoven. Escucho a Gor-Mir decir algo sobre lo hermosa que es.

Presiento que estaremos bien.

Autor: Ana Laura Piera

https://bloguers.net/literatura/la-invasion-relato-corto/

Cantando Bajo La Lluvia – Microrrelato

Reto: escribir un micro de 250 palabras como máximo, inspirado en el título de una película. ¡Ojo! Digo inspirado en el título no que guarde relación con la película que eso sería muy aburrido. Si quieres participar te invito a que visites el blog de El Tintero de Oro.

A continuación va mi relato, acuérdate que no tiene nada que ver con la película:

Parados en medio de aquella selva de verdor perenne, con la opresiva humedad pasando la lengua por nuestros cuerpos rotos, esperábamos la señal del comandante. Era él un hombre de baja estatura y mirada cruel que se paseaba entre nosotros exhibiendo en su rostro una mueca de satisfacción.

No era muy frecuente que nos sacaran de las celdas en grupo. Miré de reojo a los demás: parecíamos espantapájaros obscurecidos y deshilachados por el tiempo. Reconocí con dificultad a Sanders a White y a Thompson. Había uno con la cara tan hinchada que parecía un globo sanguinolento a punto de explotar. Imposible saber de quién se trataba, pero adiviné que los gritos de dolor que inundaron la noche, habían sido suyos. Vi también a los soldados norvietnamitas cercándonos, listas sus armas en caso de negarnos a los caprichos de nuestro atormentador.

Sobre nuestras cabezas el cielo comenzó a resquebrajarse y un viento insidioso se levantó y nos lanzó arena a la cara hasta que el cielo se derramó y cortinas de agua nos envolvieron.

El comandante se apresuró a colocarse bajo un tejado y como si fuera un ceremonioso director de orquesta comenzó a mover sus manos lentamente haciendo semicírculos… La señal.

Abrimos todos nuestras bocas … para cantar bajo la lluvia.

212 palabras.

https://bloguers.net/literatura/cantando-bajo-la-lluvia-microrrelato/

Autor: Ana Laura Piera

Quetzalpilli – Cuento Corto.

Este relato salió ganador del reconocimiento El Tintero de Bronce.

Quetzalpilli parecía un bultito color canela en medio de su cuna. Sus rasgos indígenas eran muy armoniosos y el negro de sus ojos tenía el brillo de la piedra de obsidiana. Resultó ser un niño fuera de lo común. A los tres meses yo lo vi moviendo de forma extraña sus manitas, como si el aire fuera tierra y quisiera moldearlo, se formó un pequeño remolino que se soltó por la casa levantando objetos: un cenicero, un bolígrafo y el libro de mi madre. Sentí mi cabello moverse por las ráfagas que levantaba, de repente el remolino perdió fuerza: el cenicero acabó golpeando a mi padre, el bolígrafo se clavó en una pared y el libro quedó deshojado por la estancia. Alicia corrió para recoger a su hijo y se encerró en su habitación antes de que alguien tuviera tiempo de quejarse por el incidente.

Alicia era mi abuela que, tras siete noches de sueños extraños con un indio muy viejo que le hablaba en una lengua desconocida, en la octava increíblemente recuperó la juventud y también dio a luz a un bebé. Tras escuchar berridos, corrí a su habitación y lo que vi no lo olvidaré jamás: sobre su cama estaba una atractiva mujer de aspecto familiar que me miraba con una mezcla de espanto y sorpresa. De sus magníficos senos manaba un río de leche, y entre sus piernas ensangrentadas se asomaba un recién nacido, unido aún a ella por el cordón umbilical. Alicia lo nombró Quetzalpilli que en náhuatl significa «Hijo del Quetzal».

A todos en casa nos costó trabajo aceptar la nueva realidad de la abuela, que ya no lo era, sino una sobrina de mi madre que había llegado a vivir con nosotros y acababa de dar a luz. «¿Y Doña Alicia?» preguntaban las vecinas. «La abuela se marchó al pueblo». Esa versión acallaba unas sospechas y levantaba otras, pues las vecinas chismosas se escandalizaron de que mi madre aceptara a una joven en la casa sabiendo el tremendo donjuán que era su marido. Y tenían razón. A mi padre se le encendió un apetito voraz por Alicia, la piropeaba, le pellizcaba el trasero, la miraba lascivamente y todo frente a mi madre. Una noche lo sorprendimos queriendo entrar a la habitación donde dormían Alicia y su hijo, pero la cerradura se puso inexplicablemente al rojo vivo y le quemó la mano. Dejó de molestarla, o eso pensamos, hasta el incidente de las culebras.

Alicia me contó que papá había querido darle un beso a la fuerza en la cocina. Fue entonces cuando el piso perdió firmeza y en su lugar había un mar de culebras color agua sucia, tallándose y enredándose unas con otras. Yo estaba en el jardín y entré al oír los gritos ahogados de mi padre a quien las culebras ya habían casi cubierto por completo. Curiosamente, alrededor de Alicia no había ninguna. De repente, desaparecieron todas excepto dos, Quetzalpilli blandía una en cada mano y sonreía.

Después de eso mis padres discutían siempre. Él quería correr a Alicia y a su hijo, ella le reclamaba su actitud. Una noche, además de los usuales gritos, oímos golpes y lamentos. Salimos al pasillo, Alicia llevaba al niño en brazos. Nos pusimos frente a la habitación principal para escuchar mejor. Quetzalpilli —que por esa época ya caminaba— hizo ademán de que lo bajaran al suelo. Con una seriedad y determinación que no correspondían a su edad, extendió un brazo y la puerta se abrió de golpe a pesar de estar con el seguro. Vimos a mi padre a punto de soltarle un puñetazo a mamá que ya estaba malherida y en el suelo. El niño levantó su mano y papá se elevó también, como tirado por una cuerda invisible hasta que quedó casi en el techo. Algo le impedía gritar, pero pataleaba fuertemente y sus ojos parecían querer salírsele de las órbitas. De repente Quetzalpilli movió la cabeza hacia un lado y la triste marioneta se esfumó, exactamente como las culebras, unos días antes.

No crean que lo extraño, todos estamos mejor sin él, pero tengo curiosidad de saber a dónde lo mandó el niño. También me gustaría conocer cuál es la misión de Quetzalpilli en este mundo. Creo que cuando pueda hablar se lo preguntaré. Mientras tanto estoy seguro de que seguirá sorprendiéndonos.

Autor: Ana Laura Piera

La idea del personaje de Quetzalpilli lo inspiró un cuento mío, previo, titulado: El Sueño.