Pequeños, grandes inicios

He estado un poco perdida y no he podido ponerme al día con las lecturas de sus blogs, pido una disculpa. Estuve fuera de vacaciones y dentro de los sitios que tuve oportunidad de visitar está el lugar de nacimiento del Río Mississippi dentro del Parque Estatal Itasca en el norte del estado de Minnesota, en EUA.

En el sitio donde se considera que «nace», este se puede cruzar a pie. Es un pequeño y humilde lugar de inicio para un río formidable, uno de los más largos de América del Norte que, junto con el Misuri, conforma uno de los sistemas fluviales más grandes e importantes del mundo. (Y el que me recuerda una lectura preferida de mi niñez: Las Aventuras de Tom Sawyer, del escritor Mark Twain).

A veces los inicios pequeños desembocan en algo gigantesco, no lo olvidemos cuando nos sintamos frustrados o insignificantes.

Un abrazo para todos los que me siguen y llegan a leer mis cuentos.

Ana Laura Piera

Pálido reflejo – Reflexión.

Caminando, haciendo unas compras, vi mi reflejo en una vidriera. No pude evitar tomar una foto. Esto no pretende ser una reflexión triste, de alguna forma nos hemos “adaptado” a todo esto que hemos vivido. ¿Se extraña nuestras vidas de antes? Pues si, pero aún dentro de estos tiempos difíciles hay momentos buenos. Valorémoslos. Sobre todo apreciemos lo que verdaderamente importa, creo que es una de las enseñanzas de esta pandemia. Aprovecho para agradecer sus visitas a mi rincón de la blogósfera. ¡Gracias!

Foto tomada por Ana Laura Piera

Hoy no hay cuentos…

Hoy no hay cuentos, sólo deseos de que pronto podamos hacer lo que más nos gusta. Saludos desde México, y esperanza en este 2021 para todos…

Ir a contracorriente – Reflexión

En medio del caos 2020, hay luces de esperanza.

Todos hemos estado ahí, en ese lugar al borde del abismo, cuando tienes la opción de saltar a un estado de tristeza o de plano depresión, o decides dar dos pasitos atrás y empiezas a dar gracias por todo lo que SI tienes.

Sin duda son tiempos difíciles. Hay que estar siempre conscientes de que para algunos lo es más que para otros. Aunque a veces sale nuestro yo egoísta a quien le vale un pepino los demás y solo quiere revolcarse en su pena. Está bien, siempre y cuando regresemos a ese punto donde damos esos dos pasitos atrás y nuevamente nos cuidamos a nosotros mismos y tenemos la capacidad de ser empáticos de nuevo. A veces hay cosas que ayudan.

Estos días la “cosa” que me ha ayudado mucho es el nacimiento de un nuevo integrante de mi familia: mi primer nieto. Y ahí tengo dos reflexiones al respecto: una: mi hijo me hizo abuela joven y pues por un lado quisiera ahorcarlo, (cosas de la vanidad), pero por otro, esa pequeña personita que acaba de llegar a este magullado mundo me da esperanza. Debo confesar que cuando supe del embarazo no me entusiasmé mucho, pensaba que no era momento para esto. Tendemos a pensar que lo que nos pasa es lo PEOR que ha pasado en este mundo y NO ES CIERTO. Una mirada al pasado nos confirma que todo el tiempo están pasando cosas que ponen a la humanidad a prueba y de alguna u otra forma salimos adelante.

Ir a contracorriente de todo lo malo que sucede es hacer una declaración de esperanza en un futuro mejor. ¿A ti qué te ayuda a seguir?, ¿qué te consuela cuando estás al borde del abismo?

Autor: Ana Laura Piera

Cinco motivos para revivir mi blog – Reflexión.

No está MUERTO. El pobre aún respira. No lo han borrado. ¡Qué suerte! ¿No? Eso sí, está casi en las últimas, pero mientras hay vida hay esperanza.

Porque tiene información tuya. Es casi como una amiga íntima a quien le has contado algunas cosas de ti, algunas muy personales. Hay fechas, recuerdos, anécdotas en fin. Habrá que seguir platicando con nuestra amiga, de seguro querrá que nos pongamos al día.

Es el tiempo indicado para revivirlo. Quizás habías dejado de escribir por falta de tiempo. Bueno pues resulta que este monstruito del Covid quizás nos ha dejado con más tiempo que antes. Claro que no será en todos los casos. Si hay tiempo, hay que aprovecharlo y así no nos aburrimos. Hay cosas que decir y compartir. Si, incluso aunque nadie nos lea, esto puede funcionar como una buena terapia. ¿Para qué pagarle a un sicólogo cuando puedes «terapearte» por acá?(Sicólogos: espero no lo tomen a mal, su trabajo es muy necesario, pero a veces solo hace falta escribir un poquito).

También habrá que remozar la casa porque tu amiga íntima ha perdido algunas fotos, algunas imágenes y hay que echar mano de lo necesario para dejarlo todo decente.

CONECTAR con más gente no resulta una idea tan mala. ¿Qué piensas? Si tu mismo tienes un blog y me lo quieres presentar con mucho gusto pasaré a visitarlo. Los temas que me interesan son cuentos, ficción, fantasía, literatura, consejos para escritores, etc. Estaré dando mantenimiento a mis entradas antiguas y por supuesto posteando cosas nuevas. Ya lo veo que va agarrando mejor color…

Autor: Ana Laura Piera

La voz en el viento – Cuento corto.

—¿Escuchas?

Helen negó con la cabeza, Francisco insistió:

—Ahí está, ¿no la oyes?

La chica se alejó de él. Estaba muerta de sueño, se metió a la tienda de campaña y se olvidó de todo.

Francisco se esforzaba en entender esa voz que impregnaba el viento, era una voz antigua, llena de sabiduría, serena, pero a la vez terrible, una voz profética, pero solo él podía oírla aunque no la entendiera. Lágrimas de frustración rodaron por sus mejillas aquella noche cálida en medio del bosque tropical de Costa Rica.

—¿Qué encontraste? —le preguntó Francisco al otro día.

Helen no contestó. Se encontraba a la mitad de la disección de una rana común y su mente bullía con preguntas para las cuales no había respuesta. Algo estaba sucediendo: la población de ranas, sapos y salamandras disminuía dramáticamente. Habían estado en diferentes lugares y la historia siempre era la misma y cada vez con más frecuencia se encontraban ejemplares con malformaciones y enfermedades.

Francisco advirtió que la voz en el viento no cesaba, ahora parecía más un lamento.

Helen dio un trago a la cerveza tibia que compartía con Francisco, ambos se veían preocupados.

—Es tonto —dijo ella rompiendo el silencio y fundiendo el verde de su mirada con el verdor de las copas de los árboles—. Estamos suicidándonos lentamente como especie y no nos damos cuenta, las ranas son solo un aviso. Francisco la miró con tristeza. Helen continuó:

—Como humanidad pensamos que somos huéspedes, cuando en realidad somos parte de la tierra misma, de los ecosistemas. Nos hemos desconectado de la naturaleza y al destruirla nos aniquilamos a nosotros mismos.

Aquella noche Helen pudo escuchar la voz junto con Francisco. Era el llanto de una madre asesinada lentamente por sus hijos, era la voz de la Tierra advirtiendo que si la madre moría, no habría sustento en sus pechos para la camada homicida. Helen y Francisco se abrazaron como dos niños asustados y lloraron con Ella.

Autor: Ana Laura Piera

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