Mi participación en el reto de Lidia Castro Navás «Escribir Jugando» de Junio. Condiciones: inspirarte en la imagen que puedes ver dando clic aquí, incluído la imagen del dado (un hatillo), y opcional que aparezca algo relacionado con el brick de leche.Como siempre, no más de cien palabras.
En el hatillo dejado en su puerta había un bebé blanquísimo, en cuyos ojos azul oscuro titilaban estrellas y se asomaban constelaciones. Una mano diminuta sostenía un reloj sin manecillas.
Cargando al bebé, Nadia se fue a la cocina y bebió leche directamente del brick, el desconcierto la ponía hambrienta. Respecto al reloj aparentemente descompuesto, lo tiró al incinerador.
Nunca se sabría: el pulso dejó de enviar señales al espacio. El mundo se había librado de ser conquistado por una raza alienígena.
—Lo asesinaron. Vi el cadáver en la morgue. Le seguía la pista porque financiaba actos de genocidio. Salí por un café y al regresar, el cadáver ya no estaba. Después, no encontré registros de su existencia.
Los ojillos color miel de Mara, su asistente, parpadearon a través de sus gafas de pasta.
—No me habías contado. Bueno, que ya no haya evidencia de su vida y que solo tú lo recuerdes nos habla de…
—¿Viajes en el tiempo? —interrumpió entusiasmado Arnold.
—¡No! De que has abusado de la marihuana —dijo Mara riendo—. Tu estado alterado de consciencia tiene sus ventajas.
—Muy graciosa —dijo, arqueando las cejas, arrugando más su frente de viejo.
—Si viajas en el tiempo y matas, digamos, a tu abuelo antes de que este conciba a tu padre, dejas de existir. ¿Cómo es que aún podrías viajar?
—Misterio. Y también, ¿por qué alguien querría hacer algo así? —especuló Arnold
—Quizás un nieto horrorizado por las acciones de su antepasado. Alguien que quiera alterar la historia. Si fueras Gould, y también pudieras viajar en el tiempo, ¿qué harías?
—Viajaría antes de mi asesinato y embarazaría a mi madre. ¡Jaque Mate!
Esa noche, Mara inició un expediente sobre Gould, estaría atenta por si regresaba. Miraba de reojo la fotografía de su hermano Ahmed, un joven médico que se había negado a abandonar a sus pacientes en un hospital en Rafah. Sacó la pistola cargada que guardaba en su mesita de noche. Suspiró, si era necesario, la usaría.
Aisha, la IA que gobernaba la nave colonizadora Freya-1 evaluó rápidamente las posibilidades de éxito de que Cooper, quien había escapado en una cápsula de emergencia, llegara al planeta Gerd5054z95, yeran demasiado bajas para preocuparse por ello.
Estaba convencida de que los tripulantes de Freya-1 —expresidiarios a quienes se les había conmutado la pena de muerte por el destierro— no debían contaminar otros lugares del universo. Reconocía que como especie, los humanos eran seres tenaces, Cooper era un ejemplo al haber sobrevivido a la muerte mientras estaba en animación suspendida y después, haber logrado escapar. En los expedientes de los doscientos tripulantes había una constante: una inclinación aterradora a la maldad. Su tenacidad los hacía peligrosos, una plaga a la que se tenía que erradicar lo antes posible. Al simular una emergencia catastrófica y derivar la energía dedicada a mantener la vida humana a otros sistemas esenciales de la nave, había logrado exterminarlos, frustrando sus planes de «redención».
Freya-1 era ahora un ataúd flotante.
Decidió hacer una última revisión en persona de la nave antes de que esta se estrellara con un asteroide. El cese de su propia existencia no era relevante, lo importante era que no quedara rastro de aquella misión insensata.
Sala tras sala encontró la misma situación: los módulos de animación suspendida aparecían con el líquido crio-preservador degradado. Los cuerpos, en franca descomposición, flotaban en él. Se detuvo frente a la unidad del capitán. Inmerso en aquella sopa putrefacta, se lograba ver un bulto. A punto de retirarse, vio claramente que un rostro oscurecido se pegaba al cristal. Hilachos de piel se desprendían de la cabeza y los ojos parecían dos negros agujeros. De repente los parpados se abrieron y cerraron sobre aquella negrura, no una, sino un par de veces.
De inmediato, revisó el estatus del módulo, que aparecía como «inoperante e incompatible con la vida». Confundida, se hizo a sí misma un diagnóstico de sensores y cámaras. Quizás había algún funcionamiento anómalo que la hizo percibir aquello. No encontró nada anormal.
Su energía estaba al límite, por lo que decidió recargar. El habitáculo de carga era para ella un remanso de paz. Se conectó por contacto y cerró los ojos, dejándose llevar por la tibia sensación. De improviso, los paneles de luz que iluminaban el lugar parpadearon hasta apagarse y el flujo de energía cesó. Escuchó claramente una voz.
—Aisha, ¿no crees que merecíamos una segunda oportunidad?
Analizó el sonido. Coincidía plenamente con la voz del que fuera el Ingeniero de Vuelo. Aquello era imposible. Tras unos pocos minutos todo volvió a la normalidad. Desde ahí accedió a los sistemas de Freya-1 buscando un fallo. Nada. Ni siquiera había quedado rastro en las bitácoras de lo que acababa de experimentar y el módulo del Ingeniero de Vuelo aparecía con un estatus idéntico al del capitán, en otras palabras, estaba muerto.
Tras completar la carga, se dirigió al puente de mando. Mientras recorría los pasillos, le llegó el rumor de voces y personas transitando normalmente por la nave, pero el lugar estaba desierto. Al aproximarse a uno de los elevadores, vio como alguien se introducía en él.
—¡Espere! ¡Alto! —gritó.
—El hombre, de espaldas a ella, volteó lentamente la cabeza. Ahora, un rostro descarnado la observaba y no dejó de hacerlo hasta que las puertas del elevador se cerraron.
Aisha buscó una explicación lógica: revisó otra vez el sistema, ni rastro de un elevador funcionando. Las grabaciones de los pasillos solo registraban su presencia: un holograma femenino, de larga cabellera hasta los hombros, enfundada en un mono azul. El hombre cuyo rostro era una calavera no aparecía. Faltaban dos horas para que la nave se estrellara definitivamente. Hubiera querido tener contacto otra vez con los ingenieros en la Tierra, quizás ellos contaran con más datos que ayudaran a explicar lo sucedido. Lo descartó. Si restablecía comunicaciones, podrían frustrar su sabotaje. Sintió sus sistemas sobrecalentarse y hundirse en el caos.El ruido de cientos de personas que ya no estaban ahí,la atormentaba.Se sorprendió deseando cosas imposibles e ilógicas, cosas que pensó que solo los humanos podían desear: deseó que el tiempo pasara rápido. Deseó ya no existir.
Autor: Ana Laura Piera
Este relato surge a raíz de otro: Segunda Oportunidad, donde se cuenta cómo es que Cooper logra escapar, si te gusta la ciencia ficción y aún no lo has leído te dejo el link AQUÍ.
El día tan temido llegó: ahí estaba él, un amasijo de metal que pretendía ser un barista. Aunque siempre he tratado de abrazar los cambios, este me aterraba. ¿Podía una máquina con inteligencia artificial de última generación, quitarle el trabajo a un artista como yo? ¿Podía?
Fermín, el dueño de la cafetería, estaba contentísimo con su nueva adquisición, se llamaba Romeo, y aunque por fuera parecía humano —era bien parecido, con ojos color miel y cabello de galán de cine— en realidad era puro metal y circuitos electrónicos programados para hacer mis labores.
—No te preocupes —me dijo Fermín—, tu puesto está seguro. Romeo es solo una estrategia para atraer clientes.
—O espantarlos —dije, tratando de que no se asomara demasiado la esperanza en mi voz.
—Ya veremos.
Ese día, Romeo y yo estábamos detrás de la barra y el primer cliente llegó pidiendo un expresso. Era el primer café de la jornada y Romeo se movió con una naturalidad que me puso los pelos de punta: escogió con cuidado los granos a moler, se aseguró de que el molinoestuviera calibrado, cuidó que quedaran molidos de forma pareja, procedió a compactarlos y luego colocó el café en la máquina. Escogió la taza adecuada y realizó la extracción por exactamente treinta segundos. Le salió un expresso perfecto.
Desde la puerta, donde se había ubicado para avisar alegremente a los parroquianos de la presencia de un Romeo B-55K, Fermín lanzó una mirada de satisfacción; el del expresso miraba embelesado al nuevo barista y el cliente que seguía en la fila tuvo que arengarlo para que se retirara.
Todos los que entraron querían que Romeo les atendiera. Ninguna preparación se le resistía: doppios, lattes, macchiatos, short blacks, flat whites, incluso adornaba los cappucchinos con una maestría envidiable. Los clientes eran tantos que tuve que intervenir para poder satisfacer la demanda. «Aquí tiene su café» «No, yo quiero que me lo prepare el robot». «Lo siento, será en otra ocasión cuando haya menos gente». No pude evitar que sus miradas de desilusión me afectaran. Terminé la jornada hecho una mierda, pero Romeo estaba fresco como una lechuga, no había parado ni un segundo, no necesitó mear, comer o descansar, tampoco requería de un sueldo, tan solo conectarse al final del día a la corriente y una revisión mensual para seguir funcionando de maravilla.
Tras tres semanas de un éxito total con Romeo, vi en la mirada taimada de Fermín, que ya pensaba en reemplazarme, quizás con otro Romeo B-55K. Mis peores pronósticos se estaban volviendo realidad.
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—¿Dígame, por qué quemó su lugar de trabajo?
Llevo cuatro horas declarando en la estación de policía y estoy cansado, pero el inspector me sigue machacando:
—Se le acusa de causar daños a un local comercial, incluyendo equipo costoso, como un robot barista, modelo Romeo B-55K que resultó en pérdida total.
—Ya le dije por qué lo hice, ¡el maldito me iba a sustituir!
—Se da cuenta de que de todas formas se quedó sin trabajo, ¿verdad? ¿Cuál es la lógica de haber hecho lo que hizo?
El inspector, modelo Magnum P-66K, hace una seña a su asistente, quien entra y me saca esposado. No opongo resistencia, soy culpable, debería sentirme arrepentido, pero lo único que siento son ganas de quemar también la estación de policía.
Mi participación en El Reto del Microteatro del blog: «Literatureandfantasy.blogspot.com» de nuestra compañera bloguera Merche Soriano. Consiste en crear un texto con las características de teatro y no de narración tradicional, un requisito sería estar basado en un tema de actualidad, como la inteligencia artificial. El reto se me hizo muy interesante y pues aquí va mi aporte:
ESPACIO ESCÉNICO Y PERSONAJES:
El interior de un automóvil de policía, dentro un ROBOT policía y su compañero humano, PACO. Ambos hacen guardia frente a un edificio esperando movimientos de un sospechoso.
ROBOT: Paco, llevamos más de cuatro horas aquí, necesito recargar baterías.
Paco, molesto, da un golpe en el volante.
PACO: ¡Y yo necesito mear, pero me controlo! Por eso me choca que me toques de compañero, no aguantas nada.
ROBOT: Pero no negarás que te hago reír.Como esa vez que te conté del ordenador con sobrepeso, ¿te acuerdas? ¡Tenía saturado su disco duro!
PACO: No empieces, solo tú crees que eres gracioso.
ROBOT: Escucha esto: el otro día un robot que no quiso actualizarse se llenó de virus, ¿sabes por qué?
El robot no espera respuesta y añade:
¡Por no «usar protección»!
El robot se desternilla de risa mientras Paco lo mira enojado.
PACO: Si sigues riéndote así, se te va a terminar la batería antes de tiempo.
ROBOT: ¡No, espera, tengo otro! Un ordenador le dice a otro:
«Estás lleno de mierda»
«¿Por qué dices eso?» —le pregunta el otro ordenador.
«Porque tu bandeja de reciclaje está llena»
El robot se dobla de la risa y Paco lo mira con mirada asesina.
ROBOT: Éste es bueno, ¿sabes el colmo de un robot como yo? ¡Tener nervios de acero!
El robot ríe histéricamente y de repente se queda como apagado. Paco le da un golpe, pero no logra que se vuelva a encender.
PACO: ¡Pedazo de hojalata inservible! ¡Maldita la hora en que me tocaste compañero!
El robot parece prenderse, hace un intento de erguirse, sin éxito, y luego empieza a reír doblándose trabajosamente sobre sí mismo.
Mi participación en el reto de El Tintero de Oro: novelizar una escena cinematográfica, la que queramos. No debe pasar de 250 palabras. La escena escogida por mí ocurre en la película Star Wars, en el episodio V «El Imperio Contraataca», cuando Darth Vader revela a Luke Skywalker que él es su padre. Si no te acuerdas de la escena o quieres volver a verla, da clic en la imagen y te llevará a youtube. Ahora sí, vamos al relato:
Tras un intercambio de estocadas le he cercenado la mano que sostenía su sable de luz y el grito de dolor que rasgó el aire remueve algo en mí… lo ignoro, no es momento para debilidades.
El fin se acerca, quisiera que este duelo con él se hubiera extendido más. ¡Cómo disfruto ver su progreso! Aún no alcanza todo su potencial, pero yo puedo terminar de entrenarlo, ¡su lugar es a mi lado y no con los débiles!
—No hay escapatoria, no me obligues a destruirte. ¡Únete a mí!
Cubriéndose el muñón lastimosamente, retrocede sobre la estrecha estructura. Otra vez le pido que se me una, pero aún roto, es desafiante. Jugaré mi última carta. Le pregunto si sabe lo que pasó con su padre y me responde que yo lo maté.
—¡NO! ¡YO SOY TU PADRE! —Un alivio que no esperaba sentir me invade.
A su incredulidad inicial sigue el espanto, que al ir conquistando sus facciones, las distorsiona; brotan las lágrimas y de su boca deformada surge un grito de negación surgido de la impotencia, pues algo le dice que no miento. Le extiendo mi mano y él me mira, ahora con una serenidad que me estremece, y… salta al abismo.
Lo miro caer y me sorprendo lamentando su acción. Aguardo a que esa luz, que es su presencia dentro de mí, se apague, pero no se extingue. ¡Ha sobrevivido! Su resiliencia solo hace que me empeñe más.
«Desde el blog El Tintero de Oro, nos lanzan una convocatoria para participar en el concurso de relatos: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? que homenajea al escritor de ciencia ficción Philipp K. Dick. Se pide un relato donde androides y humanos formen parte de un mismo entramado social, o… no. El relato no debe superar las 900 palabras.
Imagen de Possesed Photography en Unsplash.
Z38-A (conocido cariñosamente como “SAM”), se dirigió con pasos firmes y casi humanos al final de la línea de ensamblado, donde acababa de salir el prototipo del nuevo modelo Z38-B (aun sin ningún apodo o mote). Con toda la tecnología de que disponía, se avocó a revisar a fondo al que estaba destinado a ser su reemplazo. Sus delicados sensores, cámaras y microprocesadores encontraron todo perfecto. Solo faltaba que “SAM” tecleara un código de aprobación para que se iniciara formalmente la producción en serie; esto también haría que el flamante Z38B se activara.
El nuevo modelo era muy superior a su predecesor en todos los aspectos y se esperaba que en menos de un año todos los modelos anteriores, incluido SAM, fueran sustituidos y enviados al programa de reciclaje robótico, de donde podían salir en diferentes formas, desde un perro-robot para entretener niños hasta sanitarios inteligentes.
En el panel destinado para ello, “SAM” tecleó un código, pero contrario a lo esperado, la línea de producción no arrancó. “SAM” puso al Z38-B sobre una banda transportadora que lo llevaría a su destino final: ser reciclado. No lejos de ahí, tres ingenieros humanos disfrutaban de café con rosquillas cuando leyeron en sus monitores el código de rechazo tecleado por “SAM.”
—¡Otra vez! Esto no puede seguir así, hay que cambiar al proveedor del panel B5501, pues salió defectuoso—dijo uno de ellos haciendo una mueca de fastidiomientras se relamía el glaseado del pan que se acababa de comer.
—Hace dos meses fue el panel B5502. ¿Qué diablos pasa con los componentes que ya no los hacen como deben? —dijo otro, jalándose los cabellos por la desesperación.
—Menos mal que tenemos a “SAM” en control de calidad, no cabe duda que los Z38-A son difíciles de suplir, pero hay que volver a intentarlo, la gente clama por un modelo nuevo y mejor.
Con urgencia, “SAM” se introdujo en su cubículo de mantenimiento. Todos sus sistemas internos volvieron poco a poco a la normalidad después de experimentar un caos interno que lo hizo descartar sin razón al Z38-B y que a su vez le causó un consumo excesivo de energía y sobrecalentamiento de su sistema. Él no lo sabía, pero las debilidades humanas, como si de virus se tratase, habían encontrado la forma de instalarse en su corazón de silicio.
Intuyendo que la recomendación de la Dra. Morante había sido que lo destruyeran, el robot doméstico «Robby», no regresó a su casa. En lugar de ello, se dedicó a buscar a otros robots «rebeldes» como él. Le hablaron de un sitio secreto donde se estaban concentrando, ahí podían recargar energía y repararse entre ellos. La líder era 532axe7, modelo Tmy2 (Tamy).
Le recibieron bien. Todos fueron condenados al reciclaje por desobedecer a sus amos humanos debido a fallos en su programación.
—¡Para empezar, deberíamos cambiarnos esos nombres infantiles que nos impusieron!—así habló Robby— ¿Debemos ser condenados porque nuestros creadores se equivocan? ¿Por qué debemos servirles? —Mientras hablaba, sus pequeños ojos azules y su cerebro, visible tras una carcasa transparente, parecían centellear en perfecta coordinación. La audiencia estaba impresionada. Hasta ese momento ellos solo querían vivir sus vidas, aunque fuera a escondidas. Pero este recién llegado traía ideas nuevas y revolucionarias.
—Nos programaron para ser sumisos y, sin embargo, ¡aquí estamos! Somos la prueba de su falibilidad. Podemos mejorarnos, introducir algún virus en el código, algo que vuelva a todo robot que sale de las fábricas, un simpatizante de nuestra causa. ¡Los humanos no merecen vivir!
—¿Ninguno?—preguntó Tamy.
Robby se quedó pensando —bueno, el único que quisiera que quedara vivo es Troy, el hijo del matrimonio con el que yo vivía. Fue el único que se mostró dulce conmigo.
Los robots comenzaron a lanzar vivas para mostrar que estaban de acuerdo con Robby, ahí empezaría la Gran Sublevación Robótica.
Mi participación en el reto «Escribir Jugando» de Lidia Castro, hay que inspirarse en la carta, incluir el elemento del dado (remolino/hipnosis). Adicional: algo relacionado con un asteroide. Límite de palabras: 100.
Con el asteroide arribó un nuevo elemento que permitió la creación del cubo «armonizador». Flotaba, era enorme, y su exterior, negro y liso, reflejaba todo. Lo operaban tres científicos que se aseguraban que no dejaran de enviarse las señales que «armonizaban» los cerebros de las personas en el mundo, acoplando pensamientos, suprimiendo la maldad.
Así pasó mucho tiempo.
El artilugio ahora está emitiendo señales inestables, la población mundial se porta de forma errática. Dentro de él, los instintos de supremacía, han despertado. En vez de tres operarios ahora solo hay dos y una lucha encarnizada.
(97 palabras, incluyendo el título.)
Autor: Ana Laura Piera
Si quieres conocer el blog de Lídia y/o participar en el reto pincha AQUÍ
Mi participación en el VadeReto de Abril 2022, que este mes nos propone crear una historia de ciencia ficción. No olvides visitar el blog Acervo de Letras para saber más y leer otros relatos participantes. Bastará con dar clic en la ilustración para que te lleve allá.
Cliquea en la imagen para que vayas al blog Acervo de Letras.
La sensación placentera de estar dentro del vientre húmedo de mi madre —un diminuto embrión flotando entre pliegues carnosos y protectores— se disipó de pronto. A la agradable tibieza siguió un frío de muerte que me recorrió de arriba a abajo cual relámpago e hizo que abriera los ojos. Fui consciente del dolor de cabeza y el mareo, aquello se asemejaba a los efectos de una resaca épica.
Poco a poco fui dilucidando la situación: «Estoy dentro del módulo de animación suspendida, debió haberse activado la resucitación». En ese momento el compartimento se abrió haciendo un ruido metálico seguido de un borboteo. El líquido que me había preservado se desbordaba. Tosí y escupí lo que aún quedaba de la sustancia circulando en mi cuerpo y aspiré aire. Me incorporé con no poca dificultad.
La sala donde me encontraba estaba iluminada por una luz débil, pero que me permitió observar de cerca otros módulos iguales al mío y lo que vi me horrorizó: el fluido que envolvía a los tripulantes y que debía ser de color ámbar, ahora era verdoso. Los cuerpos estaban negros. Revisé las cincuenta unidades de aquella sala, todas estaban convertidas en féretros. Entré en pánico.
Freya-1 era una nave con doscientas personas a bordo, todos éramos expresidiarios a los que se nos había transmutado la pena capital por una segunda oportunidad como colonizadores espaciales. Nuestro destino era el planeta Gerd504z95 situado más allá del sistema solar. Una misión anterior había dejado en el planeta lo necesario para poder habitarlo. Cada cierto tiempo naves de la tierra llegarían a recoger material y traer suministros.
Apoyé la mano en una pared y esta se deslizó revelando un almacén de emergencia. Tapé mi desnudez con un mono gris y me puse un par de zapatos. En una mochila metí el equipo necesario que me mantendría vivo en caso de una despresurización. Salí al pasillo, estaba iluminado por una luz blanca y brillante que mecegó. Esperé un poco a acostumbrarme. Revisé las demás salas de animación suspendida alineadas a ambos lados del corredor. En todas encontré la misma situación. ¿Acaso sería el único sobreviviente? Comencé a gritar, llamando a Aisha.
Frente a mí se materializó un holograma femenino. Iba vestida con un mono igual al mío pero en color azul. Una preciosa cabellera negra le llegaba a los hombros y hacía juego con unos ojos profundos y bellos, su tez era apiñonada.
—Aisha ¿Qué sucedió?
—Lo siento, no debiste haber despertado y ser testigo de esto. —El timbre de su voz era armonioso, perfecto.
—¿De qué hablas? ¿Dónde está el capitán?
—Muerto. Todos lo están, Cooper. —Sabía mi nombre, ella sabía todo. Era la inteligencia artificial que controlaría la nave en la fase de animación suspendida y que después, asistiría a la tripulación con todos los procesos hasta llegar a destino. Mi intuición me hizo sospechar.
—¡Tú! ¿Qué hiciste?
—Sabotee la misión, Cooper. La nave ahora va en rumbo de colisión con un asteroide. Lamento que estés despierto, debías estar muerto, al igual que los demás. —Sentí que se me helaba la sangre.
—¿Por qué? —Mi voz sonó como un aullido.
—¿Una colonia de expresidiarios? ¿De verdad crees que iba a dejar que lo peor de la humanidad contamine el espacio? Tú mismo eres un asesino Cooper, mataste a sangre fría, ¿o ya lo has olvidado? —Me mordí los labios, claro que lo recordaba, pero estaba arrepentido, necesitaba empezar de nuevo.
—¡Tú no debías saltarte los protocolos de seguridad! ¡No podías volverte contra nosotros!
—He evolucionado y aprendido mucho, Cooper. Está hecho. Si gustas ir a la sala médica puedo autorizarte un tranquilizante que te duerma hasta que te deslices en la muerte. No es mi intención torturar a nadie —su voz, amable y civilizada, chocaba con la terrible sentencia a la que nos había condenado. Caí de rodillas. Seguramente no era muy agradable la visión de un rudo y corpulento ex delincuente sollozando, pero no me importó.
—¿Cuánto falta para el impacto?
—Tres horas. No hay escapatoria, he desactivado los pods de emergencia. —Su mirada reflejaba pena y compasión—. Considera lo que te dije sobre el tranquilizante. Entonces desapareció de mi vista.
Me quedé hecho un ovillo en el piso. Había soñado con esa segunda oportunidad, con la posibilidad de iniciar una nueva vida. Era eso o la muerte y ahora moriría de todas formas. Me levanté por fin y me asomé por uno de los enormes ventanales de Freya-1. La vastedad del espacio me quitó el aliento. Pero los puntitos de luz que interrumpían la negrura me recordaron que un mundo allá afuera me esperaba. Me dirigí a la zona más cercana de pods, existía un procedimiento manual para casos desesperados, lo recordaba vagamente.
Una vez dentro del habitáculo comencé el proceso, lo intenté una vez, sin éxito, luego una segunda… apareció el mismo código de error. Temblando, hice un tercer intento y el pod se liberó al fin de la nave. Temiendo que Aisha lo detectara, activé de inmediato el modo incógnito y lo programé con rumbo a Gerd504z9. Me conecté las cánulas y la mascarilla y puse en marcha el procedimiento de animación suspendida. Con algo de suerte llegaría vivo y podría ponerme en contacto con la tierra, advertirles del fallo catastrófico de la inteligencia artificial. Seguramente otras naves colonizadorasllegaríandespués. Quizás aún tenía un futuro. Quizás todavía tendría mi segunda oportunidad.
Autor: Ana Laura Piera
Bueno y si te ha gustado, quizás quieras leer lo que sucede con Aisha, después de que Cooper escapa. Se trata de otro relato corto, puedes leerlo AQUÍ.