Amnesia por Ana Laura Piera — MasticadoresMéxico

Tenía algunas semanas que sospechábamos que algo andaba mal pues cada vez que el tren pasaba sobre el puente como una bestia furiosa, la estructura se cimbraba y emitía unos ruidos agónicos mientras un aguacero de pequeños pedazos de concreto y polvo caía sobre nuestras cabezas. El puente era […]

Amnesia por Ana Laura Piera — MasticadoresMéxico

https://bloguers.net/literatura/titulo-amnesia/

EL ENFERMERO

Photo by Dim Hou on Unsplash

Vestido con mi mono de enfermero al que llevo prendido un gafete de identificación falso, me siento un fraude ambulante recorriendo los pasillos de este enorme complejo hospitalario. Procuro imprimir a mis pasos una urgencia que logre convencer a los demás de que tengo un propósito y así evitar que me hagan preguntas incómodas que sé muy bien que no podré responder.

El truco ha funcionado, mi caminar enérgico, mi mirada de determinación, mi presencia constante han logrado al fin que el personal me vea como uno más de los suyos. Me he librado de sus miradas recelosas pero no de mi problema, si no fuera por eso todo sería perfecto.

Tras incontables horas de observar y escuchar atentamente todo a mi alrededor, he ido absorbiendo la jerga médica e incluso he realizado algunos procedimientos sencillos con éxito: suturas e inyecciones, he dejado de pensar que soy un fraude y fantaseo con que en verdad fui a la Facultad.

Casi no recuerdo ya cómo era mi vida antes: vagar en las calles, buscar en la basura, drogarme. Cuando me llegan esos pensamientos los ahuyento. Me anima mucho que el Gastroenterólogo, el Dr. Cortes, me salude siempre y yo procuro estar al pendiente para lo que necesite: llevarle un café, preparar a un paciente, ayudarlo con el interminable papeleo ¡hay mucho que hacer en este hospital!

Hoy el Dr. Cortes me ha pedido que lo asista en una apendectomía. Casi no lo puedo creer ¡mi primera cirugía! Estoy emocionado y feliz de seguir aprendiendo. Me daré una vuelta por Psiquiatría, tan sólo necesito aprender qué medicamento tomar para que desaparezcan mis alucinaciones. Ya no puedo posponerlo, estoy convencido de que los pacientes merecen lo mejor, tengo actitud y ganas, si me lo propongo podré hacer la transición a médico y ¿porque no? quizás llegar a ser un gran cirujano.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla.

https://bloguers.net/literatura/el-enfermero-cuento-corto/

LA GRANJA – Microcuento

Photo by Michael Bourgault on Unsplash

En la granja, un enorme robot en forma de araña se dedica a sembrar en los surcos de tierra las preciadas semillas. Estas son de colores: negras para los escritores oscuros, verdes para aquellos que escribirán con un sesgo ecológico, rojas para los románticos, azules para los que se decantarán por la ciencia ficción, moradas para los amantes del género fantástico… Después de sembradas, son regadas todos los días con letras compradas a granel y empacadas en grandes sacos que se irán vaciando poco a poco. Tras un tiempo se van asomando los mechones de cabello o las calvas a ras de tierra y poco a poco va emergiendo el cuerpo.

Cuando el proceso se completa, la araña robot los cosecha amorosamente y los empaca. Cada uno será enviado donde más se necesite de sus frutos.

Acabo de recibir a mi escritora de ciencia ficción y ya he leído un relato distópico sobre la vida después de la pandemia y un par de poemas sobre el amor entre una selenita y un marciano. Me entretengo tanto que casi me he olvidado de la cardiopatía que me matará. No podría estar más satisfecha.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

https://bloguers.net/literatura/la-granja-microcuento/

Por cierto Bloggers Net me parece una buena herramienta para promocionar nuestros blogs y descubrir otros, quizás quieras echarles un vistazo, si estás ya ahí, déjame enlace a tu perfil para visitarte y votar tus creaciones. Si tienes alguna opinion sobre éste sitio me encantaría que me la compartieras.

Noche de San Juan – Microcuento

De lejos le despertó el jolgorio de la noche de San Juan. Emocionado, se dejó guiar por el barullo hasta la playa. Subió a una palmera para tener una mejor vista de las hogueras encendidas, y luego se acercó con cautela a los grupos de jóvenes que disfrutaban comiendo, bebiendo y saltando las llamas. La música, la luz de la luna y el ruido del mar lo emborracharon.

De regreso a su morada le sobrevino una pesada resaca con sabor a nostalgia. Extrañaba la vida. Entró en su tumba y se derrumbó en el olvido a la espera de la magia de la siguiente noche de San Juan.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

https://bloguers.net/literatura/noche-de-san-juan-microrrelato/

El Ruego – Microcuento

No entendía. Su ruego había sido sincero: «No me dejes caer en tentación», y sin embargo, ahí estaba, pecando de nuevo. Por primera vez y con miedo, se atrevió a mirar su reflejo en el espejo mientras pecaba. Quizás descender al abismo era la única manera de conocerse y…salir de él.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

El privilegio de los difuntos por Ana Laura Piera

Imagen tomada de Unsplash

El intenso frío me pegó como patada de mula; después fui consciente de la tierra, una tierra granulosa y húmeda que me envolvía cual mortaja. “Ni siquiera fui digno de una caja”, pensé. Abrí la boca y quise gritar de indignación y toda esa tierra se precipitó a mis […]

El privilegio de los difuntos por Ana Laura Piera

HIPERREALISTA – microcuento

Photo by cottonbro on Pexels.com

Recibió por mensajería la muñeca sexual cuya publicidad prometía «realismo extremo». Con cuidado, casi con veneración, la sacó del empaque. Tal como la había pedido, era asiática, con hermoso pelo castaño, grandes y exuberantes pechos, cuerpo elástico, piel hiperrealista con pliegues y protuberancias internas muy prometedoras… La enchufó a la corriente para que se cargara y actualizara un software con el que podría hablar con su dueño. Mientras tanto, él pacientemente preparó todo para el primer encuentro: música suave, luz de velas, whiskey y el mejor lubricante a la mano.

En cuanto pudo activarla, la muñeca cumplió lo prometido: era tan real que enseguida le dijo que solo lo quería como amigo.

Autor: Ana Laura Piera Amat / Tigrilla

https://bloguers.net/literatura/hiperrealista-microcuento/

QUETZALPILLI

Este relato salió ganador del reconocimiento El Tintero de Bronce.

Quetzalpilli parecía un bultito color canela en medio de su cuna. Sus rasgos indígenas eran muy armoniosos y el negro de sus ojos tenía el brillo de la piedra de obsidiana. Resultó ser un niño fuera de lo común. A los tres meses yo lo vi moviendo de forma extraña sus manitas, como si el aire fuera tierra y quisiera moldearlo, se formó un pequeño remolino que se soltó por la casa levantando objetos: un cenicero, un bolígrafo y el libro de mi madre. Sentí mi cabello moverse por las ráfagas que levantaba, de repente el remolino perdió fuerza: el cenicero acabó golpeando a mi padre, el bolígrafo se clavó en una pared y el libro quedó deshojado por la estancia. Alicia corrió para recoger a su hijo y se encerró en su habitación antes de que alguien tuviera tiempo de quejarse por el incidente.

Alicia era mi abuela que, tras siete noches de sueños extraños con un indio muy viejo que le hablaba en una lengua desconocida, en la octava increíblemente recuperó la juventud y también dio a luz a un bebé. Tras escuchar berridos, corrí a su habitación y lo que vi no lo olvidaré jamás: sobre su cama estaba una atractiva mujer de aspecto familiar que me miraba con una mezcla de espanto y sorpresa. De sus magníficos senos manaba un río de leche, y entre sus piernas ensangrentadas se asomaba un recién nacido, unido aún a ella por el cordón umbilical. Alicia lo nombró Quetzalpilli que en náhuatl significa «Hijo del Quetzal».

A todos en casa nos costó trabajo aceptar la nueva realidad de la abuela, que ya no lo era, sino una sobrina de mi madre que había llegado a vivir con nosotros y acababa de dar a luz. «¿Y Doña Alicia?» preguntaban las vecinas. «La abuela se marchó al pueblo». Esa versión acallaba unas sospechas y levantaba otras, pues las vecinas chismosas se escandalizaron de que mi madre aceptara a una joven en la casa sabiendo el tremendo donjuán que era su marido. Y tenían razón. A mi padre se le encendió un apetito voraz por Alicia, la piropeaba, le pellizcaba el trasero, la miraba lascivamente y todo frente a mi madre. Una noche lo sorprendimos queriendo entrar a la habitación donde dormían Alicia y su hijo, pero la cerradura se puso inexplicablemente al rojo vivo y le quemó la mano. Dejó de molestarla, o eso pensamos, hasta el incidente de las culebras.

Alicia me contó que papá había querido darle un beso a la fuerza en la cocina. Fue entonces cuando el piso perdió firmeza y en su lugar había un mar de culebras color agua sucia, tallándose y enredándose unas con otras. Yo estaba en el jardín y entré al oír los gritos ahogados de mi padre a quien las culebras ya habían casi cubierto por completo. Curiosamente, alrededor de Alicia no había ninguna. De repente, desaparecieron todas excepto dos, Quetzalpilli blandía una en cada mano y sonreía.

Después de eso mis padres discutían siempre. Él quería correr a Alicia y a su hijo, ella le reclamaba su actitud. Una noche, además de los usuales gritos, oímos golpes y lamentos. Salimos al pasillo, Alicia llevaba al niño en brazos. Nos pusimos frente a la habitación principal para escuchar mejor. Quetzalpilli —que por esa época ya caminaba— hizo ademán de que lo bajaran al suelo. Con una seriedad y determinación que no correspondían a su edad, extendió un brazo y la puerta se abrió de golpe a pesar de estar con el seguro. Vimos a mi padre a punto de soltarle un puñetazo a mamá que ya estaba malherida y en el suelo. El niño levantó su mano y papá se elevó también, como tirado por una cuerda invisible hasta que quedó casi en el techo. Algo le impedía gritar, pero pataleaba fuertemente y sus ojos parecían querer salírsele de las órbitas. De repente Quetzalpilli movió la cabeza hacia un lado y la triste marioneta se esfumó, exactamente como las culebras, unos días antes.

No crean que lo extraño, todos estamos mejor sin él, pero tengo curiosidad de saber a dónde lo mandó el niño. También me gustaría conocer cuál es la misión de Quetzalpilli en este mundo. Creo que cuando pueda hablar se lo preguntaré. Mientras tanto estoy seguro de que seguirá sorprendiéndonos.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

La idea del personaje de Quetzalpilli lo inspiró un cuento mío, previo, titulado: El Sueño.

EQUILIBRIO-microrelato

Mi participación en el reto de Lidia Castro Navás: «Escribir Jugando». Consiste en hacer un micro de máximo 100 palabras inspirado en la carta, donde aparezca el objeto del dado (tierra, planeta, mundo), opcional que aparezca algo relacionado con el cuadro Impresión, Sol Naciente de Monet (año, pintor o cuadro).

En el salón del Sr. Nishimura conviven lo “moderno” y lo antiguo en perfecta armonía. De un lado, una reproducción de «Impresión Sol Naciente» de Monet, que en su tiempo constituyó una provocación a lo establecido, y por el otro, la katana familiar salvada de la destrucción de la II Guerra Mundial. Antes de cualquier reto, el Sr. Nishimura practica con su sable frente al cuadro. La pintura le infunde un espíritu desafiante y al empuñar su katana recuerda su libre albedrío y responsabilidad, encontrando así el tan ansiado equilibrio.

(91 palabras incluyendo título)

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Las katanas (sables japoneses) eran usados por los guerreros samurais y tienen su propio simbolismo, por ejemplo: la empuñadura es la inteligencia, mente, razón, libre albedrío. La guarda simboliza el límite, frontera, muro. La funda, lo femenino…etc.

Con «Impresión, Sol Naciente» de Monet da inicio el Movimiento Impresionista a finales del siglo XIX. Implicó un desafío al arte academicista, el cual en un principio se burló de este movimiento y su propuesta.

Impresión, Sol Naciente de Monet.

El cuadro por Ana Laura Piera — MasticadoresMéxico

José Luis se acercó cauteloso, como si en vez de aproximarse a una pintura lo estuviera haciendo a un animal salvaje. En un lienzo de tamaño mediano, Juliana había pintado la figura erguida de un hombre robusto. Tapizando casi por completo el cuerpo, se podían ver decenas de cuadros […]

El cuadro por Ana Laura Piera — MasticadoresMéxico