Libertad – Microrrelato.

Mi participación en Escribir Jugando del mes de Abril. Condiciones: Inspirarte en la carta para crear un microrrelato de cien palabras. Deberá incluír lo que representa el dado: «piscis» y opcional, incluir algo relacionado con la invención del globo aerostático (el mismo invento, su inventor o el año de su fabricación).

Antes de inventar el globo aerostático, el otro Joseph Montgolfier, (que a pesar de ser del signo de piscis no era nada sensible ni empático), pensaba usar cierta raza de pequeñísimas hadas voladoras a las que amaestraría para que elevaran una canastilla en el aire. Necesitaba muchas y las fue apresando.

—¡Jamás seremos simples proovedoras de fuerza motriz! —dijeron, y procedieron a arrancarse las alas.

Cuando las vio sin alas, Joseph las liberó de mala gana e imaginó alternativas para elevar su invento.

Las hadas se alejaron caminando, sus muñones aún en carne viva, rotas, pero libres.

98 palabras incluyendo el título.

Autor: Ana Laura Piera

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De Café y Robots – Cuento corto.

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El día tan temido llegó: ahí estaba él, un amasijo de metal que pretendía ser un barista. Aunque siempre he tratado de abrazar los cambios, este me aterraba. ¿Podía una máquina con inteligencia artificial de última generación, quitarle el trabajo a un artista como yo? ¿Podía?

Fermín, el dueño de la cafetería, estaba contentísimo con su nueva adquisición, se llamaba Romeo, y aunque por fuera parecía humano —era bien parecido, con ojos color miel y cabello de galán de cine— en realidad era puro metal y circuitos electrónicos programados para hacer mis labores.

—No te preocupes —me dijo Fermín—, tu puesto está seguro. Romeo es solo una estrategia para atraer clientes.

—O espantarlos —dije, tratando de que no se asomara demasiado la esperanza en mi voz.

—Ya veremos.

Ese día, Romeo y yo estábamos detrás de la barra y el primer cliente llegó pidiendo un expresso. Era el primer café de la jornada y Romeo se movió con una naturalidad que me puso los pelos de punta: escogió con cuidado los granos a moler, se aseguró de que el molino estuviera calibrado, cuidó que quedaran molidos de forma pareja, procedió a compactarlos y luego colocó el café en la máquina. Escogió la taza adecuada y realizó la extracción por exactamente treinta segundos. Le salió un espresso perfecto.

Desde la puerta, donde se había ubicado para avisar alegremente a los parroquianos de la presencia de un Romeo B-55K, Fermín lanzó una mirada de satisfacción; el del expresso miraba embelesado al nuevo barista y el cliente que seguía en la fila tuvo que arengarlo para que se retirara.

Todos los que entraron querían que Romeo les atendiera. Ninguna preparación se le resistía: doppios, lattes, macchiatos, short blacks, flat whites, incluso adornaba los cappucchinos con una maestría envidiable. Los clientes eran tantos que tuve que intervenir para poder satisfacer la demanda. «Aquí tiene su café» «No, yo quiero que me lo prepare el robot». «Lo siento, será en otra ocasión cuando haya menos gente». No pude evitar que sus miradas de desilusión me afectaran. Terminé la jornada hecho una mierda, pero Romeo estaba fresco como una lechuga, no había parado ni un segundo, no necesitó mear, comer o descansar, tampoco requería de un sueldo, tan solo conectarse al final del día a la corriente y una revisión mensual para seguir funcionando de maravilla.

Tras tres semanas de un éxito total con Romeo, vi en la mirada taimada de Fermín, que ya pensaba en reemplazarme, quizás con otro Romeo B-55K. Mis peores pronósticos se estaban volviendo realidad.

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—¿Dígame, por qué quemó su lugar de trabajo?

Llevo cuatro horas declarando en la estación de policía y estoy cansado, pero el inspector me sigue machacando:

—Se le acusa de causar daños a un local comercial, incluyendo equipo costoso, como un robot barista, modelo Romeo B-55K que resultó en pérdida total.

—Ya le dije por qué lo hice, ¡el maldito me iba a sustituir!

—Se da cuenta de que de todas formas se quedó sin trabajo, ¿verdad? ¿Cuál es la lógica de haber hecho lo que hizo?

El inspector, modelo Magnum P-66K, hace una seña a su asistente, quien entra y me saca esposado. No opongo resistencia, soy culpable, debería sentirme arrepentido, pero lo único que siento son ganas de quemar también la estación de policía.

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Autor: Ana Laura Piera

Alegría – Cuento corto.

Mi participación en el VadeReto de marzo 2023 del blog Acervo de Letras. Este mes el tema es la Alegría y el reto es inspirarnos en la imagen y hacer un relato relacionado con el tema del mes.

Nada más llegar a la playa, corrí emocionada hasta que los frescos brazos del mar me sostuvieron. Envuelta en ellos, miro divertida a Alex que se va metiendo por partes, haciendo grandes aspavientos cada vez que las olas lamen alguna parte de su cuerpo, pues para ella, el agua siempre está fría sin importar la época del año. Después de treinta minutos, por fin ha logrado entrar por completo y unírseme. Ahora ambas platicamos, reímos y jugamos cual dos adolescentes.

El tiempo ha pasado y hemos permanecido cerca de la orilla cuando de repente, algo roza mi pierna y me invade una sensación de pavor, por mucho que me guste el mar, siempre estoy muy consciente de que abajo del agua se mueven «cosas». Alex ríe de buena gana ante la cara que he puesto y luego ella también muda su semblante al sentir lo mismo que yo, y escandalosa, como es, grita, mientras intenta salir a toda prisa. Algunos niños que nadaban cerca la imitan.

No sin algo de repugnancia, tomo entre mis dedos lo que me ha rozado: ¡un trozo de plástico! Luego veo pasar a mi lado algo amarillo, que resulta el envoltorio de un caramelo, y así de repente llega una nata de desperdicios: bolsas de frituras, pedacitos de plástico que de tanto navegar se han ido desintegrando hasta quedar hechos jirones. Salgo hacia la playa, no sin antes recoger lo más que puedo para tirarlo en la basura. Luego Alex y yo entramos y salimos varias veces del agua, llevando los residuos hacia un contenedor que se encuentra ahí para tal efecto, y después, seguimos recogiendo basura, pero ahora en la playa: latas de cervezas, plásticos de todo tipo, juguetes olvidados…

—¡Nunca había visto esto tan sucio! —exclama Alex indignada—, mientras tira en el contenedor la suela de un zapato, que a fuerza de flotar por el océano se ha ganado ya un lugar en la marina nacional.

—¡Mira! —le señalo con el dedo a un par de niños que nos imitan recogiendo desperdicios y llevándolos a la basura. Más tarde, sus padres, avergonzados, se han levantado también de sus mullidas tumbonas y se han unido a nuestra improvisada cuadrilla de limpieza.

Cada vez más niños y adultos se suman a nuestros esfuerzos y miro a Alex y constato que a ella le embarga la misma alegría que a mí. Después de la faena, los chicos, sudorosos, se dan un chapuzón juntos y luego salen para jugar futbol. Las niñas platican animadamente mientras el suave oleaje les moja los pies.

El sol empieza a morir entre los cerros y a regalarnos los clásicos colores del atardecer, todos nos juntamos para apreciarlo, los chicos ríen, los padres se abrazan, y Alex y yo sabemos que aún queda sitio para la esperanza.

Autor: Ana Laura Piera

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Mi compañero, el robot. – Microteatro.

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Mi participación en El Reto del Microteatro del blog: «Literatureandfantasy.blogspot.com» de nuestra compañera bloguera Merche Soriano. Consiste en crear un texto con las características de teatro y no de narración tradicional, un requisito sería estar basado en un tema de actualidad, como la inteligencia artificial. El reto se me hizo muy interesante y pues aquí va mi aporte:

ESPACIO ESCÉNICO Y PERSONAJES:

El interior de un automóvil de policía, dentro un ROBOT policía y su compañero humano, PACO. Ambos hacen guardia frente a un edificio esperando movimientos de un sospechoso.

ROBOT:
Paco, llevamos más de cuatro horas aquí, necesito recargar baterías.

Paco, molesto, da un golpe en el volante.

PACO:
¡Y yo necesito mear, pero me controlo! Por eso me choca que me toques de compañero, no aguantas nada.

ROBOT:
Pero no negarás que te hago reír. Como esa vez que te conté del ordenador con sobrepeso, ¿te acuerdas? ¡Tenía saturado su disco duro!

PACO:
No empieces, solo tú crees que eres gracioso.

ROBOT:
Escucha esto: el otro día un robot que no quiso actualizarse se llenó de virus, ¿sabes por qué?

El robot no espera respuesta y añade:

¡Por no «usar protección»!

El robot se desternilla de risa mientras Paco lo mira enojado.

PACO:
Si sigues riéndote así, se te va a terminar la batería antes de tiempo.

ROBOT:
¡No, espera, tengo otro! Un ordenador le dice a otro:

«Estás lleno de mierda»

«¿Por qué dices eso?» —le pregunta el otro ordenador.

«Porque tu bandeja de reciclaje está llena»

El robot se dobla de la risa y Paco lo mira con mirada asesina.

ROBOT:
Éste es bueno, ¿sabes el colmo de un robot como yo? ¡Tener nervios de acero!

El robot ríe histéricamente y de repente se queda como apagado. Paco le da un golpe, pero no logra que se vuelva a encender.

PACO:
¡Pedazo de hojalata inservible! ¡Maldita la hora en que me tocaste compañero!

El robot parece prenderse, hace un intento de erguirse, sin éxito, y luego empieza a reír doblándose trabajosamente sobre sí mismo.

ROBOT:
¿Hojalata? ¿Yo? ¡Ja… ja… ja! ¡Qu…e…bue… n…o!

El robot se apaga definitivamente y Paco solo suspira.

Autor: Ana Laura Piera

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¡Voy por ti! – Microrrelato.

Mi participación en el reto de El Tintero de Oro: novelizar una escena cinematográfica, la que queramos. No debe pasar de 250 palabras. La escena escogida por mí ocurre en la película Star Wars, en el episodio V «El Imperio Contraataca», cuando Darth Vader revela a Luke Skywalker que él es su padre. Si no te acuerdas de la escena o quieres volver a verla, da clic en la imagen y te llevará a youtube. Ahora sí, vamos al relato:

Tras un intercambio de estocadas le he cercenado la mano que sostenía su sable de luz y el grito de dolor que rasgó el aire remueve algo en mí… lo ignoro, no es momento para debilidades.

El fin se acerca, quisiera que este duelo con él se hubiera extendido más. ¡Cómo disfruto ver su progreso! Aún no alcanza todo su potencial, pero yo puedo terminar de entrenarlo, ¡su lugar es a mi lado y no con los débiles!

—No hay escapatoria, no me obligues a destruirte. ¡Únete a mí!

Cubriéndose el muñón lastimosamente, retrocede sobre la estrecha estructura. Otra vez le pido que se me una, pero aún roto, es desafiante. Jugaré mi última carta. Le pregunto si sabe lo que pasó con su padre y me responde que yo lo maté.

—¡NO! ¡YO SOY TU PADRE! —Un alivio que no esperaba sentir me invade.

A su incredulidad inicial sigue el espanto, que al ir conquistando sus facciones, las distorsiona; brotan las lágrimas y de su boca deformada surge un grito de negación surgido de la impotencia, pues algo le dice que no miento. Le extiendo mi mano y él me mira, ahora con una serenidad que me estremece, y… salta al abismo.

Lo miro caer y me sorprendo lamentando su acción. Aguardo a que esa luz, que es su presencia dentro de mí, se apague, pero no se extingue. ¡Ha sobrevivido! Su resiliencia solo hace que me empeñe más.

«Luke, hijo, voy por ti»

248 palabras incluyendo título

Autor: Ana Laura Piera

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La Revelación – Microrrelato

Mi participación en el reto lanzado por Lidia Castro Navás: escribir un relato de no más de cien palabras inspirado en la imagen y que incluya el elemento del dado (runa berkana, relacionada con la fecundidad y el nacimiento). Opcional: que el relato tenga algo relacionado con la flor de alhelí, que en terapia floral tiene varios usos siendo uno de ellos para la incertidumbre frente al camino a seguir. 

Antes, la runa berkana la ha hecho sospechar, y Thyra, la vidente, recurre ahora al oráculo del agua. Al tocarla, un estremecimiento helado la recorre mientras se le revela que, dentro del vientre real, se gesta aquel que traerá la fatalidad al pueblo.

Conocer el futuro hace que sienta el peso del mundo en sus hombros, y, temblorosa, saca de la alforja un cuerno lleno de infusión de alhelí, que bebe esperando que la ayude a escoger el camino.

Lentamente lleva su mano a la empuñadura de su espada.

Ya sabe lo que tiene que hacer.

98 palabras incluyendo el título.

Autora: Ana Laura Piera.

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15 días por España y un poco de Lisboa. Febrero 2023 (He andado un poco ausente, perdón…)

El Gramófono

Mi participación en «Escribir Jugando» del mes de febrero. Consiste en crear un microrrelato de hasta cien palabras, inspirándonos en la carta y que incluya el objeto del dado (un capazo). Opcional que aparezca algo de «Los Miserables», ya sea el libro, el autor o el año en que se escribió.

Contra todo pronóstico, el bebé gramófono pudo desarrollarse dentro de aquella horrible jaula. De pequeños, las cornetas de los pequeños gramófonos son blanditas y maleables, y por ello, la suya pudo pasar entre los barrotes de su prisión. Como una flor extiende sus pétalos, así pudo al fin extender su corneta y pudo emitir las primeras notas musicales.

Un libro cercano, el de «Los Miserables», se estremeció de placer en medio de una nube de polvo. Dentro de un capazo, varias pelotas olvidadas comenzaron a saltar. El desván nunca volvió a ser el mismo.

95 palabras

Autor: Ana Laura Piera

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La hazaña del Tlacuache – Microrrelato.

Una segunda participación para el reto del blog El Tintero de Oro, hay que escribir un micro de hasta 250 palabras inspirado en algún mito. Yo me he basado en un mito prehispánico que tiene como protagonista a un tlacuache, que es un tipo de zarigüeya.

Con sigilo, el tlacuache se acercó a la hoguera de los dioses. No era la primera vez; ya que era adicto a ese calorcito que le calentaba los huesos y el alma, muy parecido al efecto de su otra gran adicción: el aguamiel robado a los hombres y del que tanto gustaba.

«Si la gente tuviera un poco de este fuego, no morirían de frío y no cazarían tantos animales para cubrirse con sus pieles, ¡y quién sabe qué otras cosas podrían hacer con él!» —pensó, y siendo muy impulsivo, metió su cola en la lumbre; al contacto con las brasas, chilló de forma tan aguda y escandalosa que varias de las divinidades voltearon y lo descubrieron, pero lo vieron tan insignificante que no le hicieron mucho caso.

El tlacuache corrió con la cola encendida como una estrella titilante. Aquella luz le levantó ampollas, que luego se reventaron causándole dolores horribles, pero no paró hasta llegar a la aldea de los hombres, donde, desfallecido, les ofreció aquel regalo. Encendiendo a toda prisa ramas y grasa animal, recolectaron aquella dádiva y luego sofocaron el incendio de la extremidad del animalito y lo curaron; este vio con tristeza que su cola estaba completamente pelada y en carne viva.

Agradecidos, las personas le prometieron no cazar tlacuaches, se hicieron figuras de arcilla del héroe y murales para que nadie olvidara su hazaña. Además, le premiaron, dándole permiso de beber todo el aguamiel que quisiera.

Autor: Ana Laura Piera

245 palabras.

Notas:

El tlacuache es un animal que habita exclusivamente en América. Se le llama de esta manera particularmente en México, en otros países se conoce, entre otros nombres, como zarigüeya.es uno de los tipos de marsupiales que habitan en el nuevo mundo.
En México, el tlacuache tiene un importante significado legendario que forma parte de la cultura popular en algunas áreas de la región. En principio, podemos mencionar que el nombre proviene de la lengua náhuatl, pero, ¿cuál es el significado de tlacuache? Originalmente era “tlacuatzin”, donde «tla» significa «fuego»; «cua» es «comer» y «tzin» se traduce como «chico». En este sentido, el significado hace alusión al «pequeño que come fuego» El mito del tlacuache que roba el fuego y lo regala a los hombres seguramente se inspiró en su cola que carece de pelo a diferencia del resto de su cuerpo.

Aguamiel: es una bebida mexicana tradicional. Esta se extrae del maguey desde el año 200 a. C. y se puede beber directamente de la planta o dejar que se fermente y convertirla en pulque. 

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La Llorona – Microrrelato.

Mi participación en el reto del blog El Tintero de Oro, hay que escribir un micro de hasta 250 palabras inspirado en algún mito. Yo me he basado en el mito prehispánico de La Llorona.

Foto de Mukul Kumar en Unsplash

La Llorona vio acabarse noviembre, su mes favorito, y tembló ante la perspectiva del festivo diciembre.

Ella no estaba para villancicos. Recordó con nostalgia cómo había inspirado terror en las noches previas a la conquista de la gran capital de los mexicas: Tenochtitlán. Conociendo lo que se avecinaba, no había podido más que llorar por la suerte de «sus hijos»: la gente de la ciudad. Sus aullidos de dolor se habían reflejado en las pirámides, circulado por las calzadas, y se habían colado en las casas y los palacios provocando temor. Después de la derrota, había llorado todavía con más ganas, hasta el presente.

Ana Paula, de seis años, la encontró en un rincón del patio.

—¿Qué haces?—preguntó la niña y la avejentada mujer alzó la mirada llena de lágrimas:

—Lloro por mis hijos.

Ante esa respuesta, la pequeña salió corriendo.

—¡Vaya! ¡La he asustado! —pensó satisfecha La Llorona, pero la niña regresó con un pañuelo para que se limpiara los mocos.

—Ten. Entonces, ¿perdiste a tus hijitos?

—Sí.

—Te puedes quedar aquí conmigo, no llores.

—Niña, yo no puedo dejar de llorar. Es mi naturaleza.

—Bueno, entonces lloremos juntas. La próxima vez que me regañen o que mis padres peleen, podemos ponernos a llorar muy fuerte.

La Llorona aceptó, aunque pidió que no contara con ella en noviembre, pues era el único mes donde podía explayarse a gusto, y tampoco quería participar de las fiestas decembrinas. Ana Paula sonrió y le guiñó un ojo. Se pusieron a practicar su plañir juntas.

250 palabras.

Autor: Ana Laura Piera

Los amigos de «Masticadores Sur», me han hecho el honor de publicar este relato, puedes verlo AQUÍ. De paso aprovechas y ves la gran oferta de lectura que tienen.

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