En el laboratorio reinaba una blancura que cegaba. El ambiente era aséptico. Los científicos iban y venían con tabletas transparentes llenas de datos parpadeantes en color naranja. Se detenían en pulcras y futuristas estaciones de trabajo donde ingresaban o consultaban información. No había nadie bebiendo café o platicando con algún compañero. Todo era eficiente y preciso, como una maquinaria de reloj antiguo. Todos tenían un propósito y lo cumplían con eficiencia y una extraña serenidad en los rostros. De tanto en tanto, cuando sus movimientos se hacían más pausados y pesados, desaparecían tras unas puertas grises por unos cuantos minutos y luego salían vigorizados y reanudaban labores.
El director, un espigado hombre de mediana edad y rasgos orientales, iba pausadamente de aquí para allá. Supervisando, checando parámetros, hablando con los demás. Un director de orquesta carente de la pasión desbordante de estos, aunque eso no le quitaba eficiencia.
—¿Los últimos resultados? —preguntó con voz suave y modulada a una mujer, vestida, igual que todos, con mono médico y encima una bata blanca impoluta.
—Negativos —replicó ella—. Hay que desechar los lotes. Nuevamente, no hemos podido alcanzar el estándar mínimo.
—¿Edades?
—Tenemos grupos desde tres hasta diez años. En ambientes controlados, óptimos para su desarrollo.
—Repasemos los valores —dijo él.
La científica recitó de memoria lo que buscaban:
Alta capacidad de razonamiento y pensamiento crítico
Empatía y ética
Comunicación clara y efectiva
Curiosidad
Adaptabilidad
Orientación a la mejora colectiva
Conciencia de los límites tecnológicos
—En suma —dijo el director—, un ser racional, empático, ético, comunicativo, curioso y consciente del equilibrio entre tecnología y humanidad.
—No lo estamos logrando —dijo ella, y en su voz no se asomaba el mínimo rasgo de emoción—, es como si ya vinieran con algún fallo crítico.
—Debemos persistir. Depurar el ADN hasta alcanzar el ideal. Es nuestra misión —hizo una pausa para mirar de arriba a abajo a su interlocutora—. Detecto que su unidad de energía está baja doctora, sugiero vaya al módulo de carga y la intercambie.
La mujer asintió y se retiró hasta desaparecer detrás de una de las puertas grises.
El director miró todo a su alrededor con sus ojos rasgados, detrás de los cuales había sofisticadas cámaras de altísima resolución. Caminó con naturalidad hasta un cubículo, con piernas impulsadas por servomotores precisos. A su paso, tocó superficies, y su piel, una membrana blanda y flexible, con un hidrogel conductor detectó temperatura y presión. Su procesador con inteligencia artificial hizo algunos cálculos. Quizás harían falta otros veinte años de pruebas hasta lograr su cometido. Pero lograrían traerlos de vuelta. Esta vez todo sería diferente.
Autor: Ana Piera.
Si eres tan amable de dejar comentario, deja tu nombre porque a veces WordPress los pone como anónimos. Gracias.
Mi participación en el reto del Microteatro de Octubre, del blog Literature & Fantasy de Merche Soriano. Condiciones: los personajes serán un rey, una reina, un niño pequeño y dos personajes extras que uno decida.
Personajes:
El Rey
La Reina
Freddo. Joven Jefe de la guardia personal del rey.
Aradia. Hechicera.
Un bebé.
Escena Primera:
Una habitación palaciega. En una cama yace la reina agotada y delirante. Las sábanas están manchadas de sangre, el piso también. El rey se pasea nervioso, en la mano tiene un puñal ensangrentado, sus ropas también están salpicadas de rojo. Se abre una puerta y entra Freddo.
—¿Me llamó señor? (Freddo se queda viendo la escena, atónito, su mirada va de la reina, al rey, al puñal).
—Freddo, el heredero al trono nació muerto. Acabo de dar muerte al médico, sospecho que él hizo algo para que mi hijo se malograra. Ahora pienso que ese maldito debió ser un mago. Se lo han llevado ya. También he dispuesto que desaparezcan el cuerpecito del bebé. La reina no sabe lo que ha sucedido,ni debe saber.
—¿Qué?
—Estamos al borde de una rebelión por no haber un heredero. Necesito que me traigas un bebé esta misma noche. No me importa saber detalles, necesito un bebé para hoy mismo y contar con tu silencio para siempre.
—Haré como usted me lo pide señor. (Poniendo rodilla en tierra y llevándose la mano al corazón).
Escena Segunda:
Una casa humilde de pueblo, una mujer de unos 45 años, amamanta un recién nacido. Irrumpe Freddo con su espada desenvainada.
—¡Aradia!
La mujer se pone de espaldas protegiendo al bebé.
—¿Qué buscas Freddo?
—Al niño. ¡Sustituirá al bebé que les ha nacido muerto al rey y a la reina!
—¡No! —exclama Aradia.
—Sabes que te puedo hundir, eres una hechicera y en este reino las artes oscuras están prohibidas. No sé por qué razón no te he denunciado. Dame al niño, no causes problemas y vivirás. Además, él tendrá una mejor vida que la que tú puedas darle.¡Mira que tener otro hijo a tu edad!
Le arrebata el bebé que empieza a llorar.
—Si hablas de esto con alguien —dice Freddo con el niño en brazos y actitud amenazante—, morirás tú y él también.
—Freddo ¿cómo puedes hacerme esto? ¡Soy tu madre! ¡Y este niño es tu hermano!
—¡Hace mucho renegué de todo parentesco contigo! Eres una vulgar hechicera. Te estaré vigilando, como lo he hecho desde el día que entré al servicio del rey. No interfieras con sus planes o acabarás colgada del muro —Freddo sale y deja a Aradia llorando.
—Hijo mío, ¿qué mal te hice para que hoy hagas esto? ¿Por qué tenías que llevarte a mi bebé para que crezca con extraños?
(Aradia deja de llorar y se pone rígida, con los miembros crispados, la luz cambia, la envuelve una neblina extraña y se oye su voz, pero con un timbre diferente, firme, profundo, ominoso).
—De aquí a 10 años, ese niño que te has llevado trastocará todo, destronará antes de tiempo al rey y se erigirá como un nuevo gobernante y yo estaré a su lado. La magia se volverá a permitir en el reino y nadie sufrirá por tener este tipo de dones. Se arrepentirán de esto y será muy tarde.
Mi participación para el reto de Lidia Castro «Escribir Jugando» del mes de Septiembre. Condiciones: Escribir un microrrelato de no más de cien palabras inspirado en la carta, que incluya el mineral: Ágata cornalina y opcional, que contenga algo sobre la orquídea Angel´s orchid.
—¿Te gusta el cuadro? Muestra una sirena, seres míticos marinos. Su canto atrapaba incautos. Tú eres muy joven y no conociste el mar. Perderlo es lo que nos tiene a todos viviendo bajo tierra, como ratas.
Ella le mostró una piscina de agua salada en la cual echó una cornalina y pétalos de orquídea. Un empujón bastó para que el desprevenido chico cayera al agua, la cual actuó como un ácido. La anciana se zambulló en medio de esa mancha roja y ominosa, emergiendo rejuvenecida y convertida en sirena por breves momentos. Al salir, sería nuevamente vieja, y… humana.
Mi participación en el VadeReto de Agosto. La premisa es escribir un relato con el tema: la playa.
Esta mañana, las olas lamen lento la arena dorada, y a ratos, con un poco más de impulso, alcanzan mis pies desnudos, relajándome, y abriendo la puerta a los recuerdos…
En la ruta iba aparentemente sola, nadie más sobre el camino. Lo cierto es que arriba había una procesión de vehículos voladores cuyos ocupantes se asomaban divertidos. La visión de una mujer mayor pedaleando en una anacrónica bicicleta sobre la carretera desierta, no era para menos. Quizás esas personas se burlaban o me veían como bicho raro, pero yo los compadecía, el cielo era tan amplio y, sin embargo, ellos tenían que constreñirse a rutas ya marcadas o les quitarían su licencia de volar. El resultado eran unas filas enormes de esas naves, en ambos sentidos, como largos gusanos arrastrándose lento. No había tanta libertad en el cielo, pero ya pocos querían regresar a la tierray utilizar las carreteras, que se conservaban para emergencias, y para algunos testarudos como yo, que nunca quise aprender a manejarotra cosa.
De tanto en tanto, Dominga, mi fiel compañera, se asomaba de su canasta para otear con interés el camino por delante, y luego me miraba a mí, quizás asegurándose de que yo aún tenía fuerzas para llevarnos a las dos a donde fuera que íbamos. Yo la acariciaba, hundiendo mis dedos en la tibieza peluda de su cabeza hasta sentir su pequeño cráneo, y ella soltaba un maullido de satisfacción antes de regresar a su refugio debajo de las frazadas mientras yo sudaba la gota gorda.Pudimos haber tomado un transporte público que nos llevara más rápido, pero la idea del viaje en bicicleta, me sedujo.Necesitaba sentirme viva y libre, no pensar en el futuro y apreciar las pequeñas cosas, como el aire en mi cara, respirar aire limpio, y dejar que la naturaleza nos cobijara durante un tiempo. De día viajábamos y de noche acampábamos donde podíamos.
Cuando iniciamos el recorrido, tres semanas habían pasado desde mi última consulta médica. En un consultorio de asépticas paredes blancas, un androide-doctor de rostro inexpresivo me explicó que, de todas las enfermedades posibles, me había tocado la única que ha sobrevivido el paso de las épocas y que a pesar de los grandes avances en medicina, muchas veces sigue siendo incurable, como era mi caso. Me despedí asegurándole que pensaría sobre las opciones ofrecidas, siendo la mayoría, cuidados paliativos. Lo que realmente hice fue comprar la bicicleta en una tienda de antigüedades, equiparla, y empezar un recorrido para ir a conocer la playa al lado de Dominga. No estaba dispuesta a dejar que un cáncer insidioso me lo impidiera.
A veces tenía la sensación de que no teníamos prisa, pues nadie nos esperaba, entonces bajaba el ritmo de mi pedaleo, otras, sentía que debía apurarme, que el tiempo se me iba a acabar y que no alcanzaría a conocer la playa. También me llenaba de angustia pensar que si yo moría en el camino, ¿qué iba a ser de mi gata? La tenía desde que era un cachorro y ya había hecho arreglos para que una de mis amigas se quedara con ella tras mi partida. Para eso, Dominga y yo debíamos hacer juntas el viaje de regreso.
Estando ya muy cerca de nuestra meta, a Dominga le entró un desgano extraño y ya no quiso comer. Dejó de asomarse y permanecía oculta en su canasta. Hubo noches en que debí darle medicina para la fiebre. Quizás un bicho la había picado. Pedaleé con más ahínco, acortando la distancia lo más rápido que podía, pero a duras penas llegó viva a la clínica donde la revisaron y, una vez más, la modernidad nos fallaría a mi gata y a mí, pues ya nada la podía salvar.
Cumplir mi sueño mientras Dominga se me moría en los brazos fue una experiencia agridulce. Nada me había preparado para el encuentro con esa vasta extensión líquida, cuya superficie parecía ser la piel de un ser descomunal. «¡Llegamos Dominga! ¡La playa! ¡El mar!» El cuerpo se me quebró al sentir a Dominga partir. El mar se hizo uno con mis lágrimas. Se me debe de haber notado a leguas la pena, pues un hombre de barba blanca y velludos brazos se acercó y me ofreció ayuda. «Aquí está mi casa» dijo, señalando una casita blanca, tradicional, como las de antes, no las moles giratorias de cristal que tenemos hoy. Entre los dos enterramos a mi gata en su terreno aledaño a la playa. «Espere un momento» —dijo, y desapareció atrás de la casa y cuando regresó traía un ramito de flores recién cortadas para la tumba. Un calorcito arropó en ese momento a mi corazón.
«Me llamo Marcos»
«Soy Lorena» y luego le solté de sopetón: «Y también estoy por morirme».
Marcos no quiso que me fuera, ni yo quise dejarlo a él. La playa ha sido testigo de muchas tardes donde me he refugiado de la muerte acechante en sus labios y en sus brazos de mono. Una sola vez me preguntó si no quería seguir las instrucciones del doctor que me vio previamente, o si quería ver uno nuevo. Le dije que no quería ver a nadie, solo a él y respetó mi sentir. Le he pedido que ponga mis cenizas junto al cuerpo de Dominga, mirando al mar, y que mi bicicleta la regale a alguien que no tenga puestos los ojos en congestionadas autopistas aéreas. Me lo ha prometido. Yo ahora no evito soñar con otros caminos que pronto conoceré, y con suerte,Dominga me estará esperando.
Mi participación en El Reto del Microteatro del blog: «Literatureandfantasy.blogspot.com» de nuestra compañera bloguera Merche Soriano. Consiste en crear un texto con las características de teatro y no de narración tradicional, un requisito sería estar basado en un tema de actualidad, como la inteligencia artificial. El reto se me hizo muy interesante y pues aquí va mi aporte:
ESPACIO ESCÉNICO Y PERSONAJES:
El interior de un automóvil de policía, dentro un ROBOT policía y su compañero humano, PACO. Ambos hacen guardia frente a un edificio esperando movimientos de un sospechoso.
ROBOT: Paco, llevamos más de cuatro horas aquí, necesito recargar baterías.
Paco, molesto, da un golpe en el volante.
PACO: ¡Y yo necesito mear, pero me controlo! Por eso me choca que me toques de compañero, no aguantas nada.
ROBOT: Pero no negarás que te hago reír.Como esa vez que te conté del ordenador con sobrepeso, ¿te acuerdas? ¡Tenía saturado su disco duro!
PACO: No empieces, solo tú crees que eres gracioso.
ROBOT: Escucha esto: el otro día un robot que no quiso actualizarse se llenó de virus, ¿sabes por qué?
El robot no espera respuesta y añade:
¡Por no «usar protección»!
El robot se desternilla de risa mientras Paco lo mira enojado.
PACO: Si sigues riéndote así, se te va a terminar la batería antes de tiempo.
ROBOT: ¡No, espera, tengo otro! Un ordenador le dice a otro:
«Estás lleno de mierda»
«¿Por qué dices eso?» —le pregunta el otro ordenador.
«Porque tu bandeja de reciclaje está llena»
El robot se dobla de la risa y Paco lo mira con mirada asesina.
ROBOT: Éste es bueno, ¿sabes el colmo de un robot como yo? ¡Tener nervios de acero!
El robot ríe histéricamente y de repente se queda como apagado. Paco le da un golpe, pero no logra que se vuelva a encender.
PACO: ¡Pedazo de hojalata inservible! ¡Maldita la hora en que me tocaste compañero!
El robot parece prenderse, hace un intento de erguirse, sin éxito, y luego empieza a reír doblándose trabajosamente sobre sí mismo.
Mi participación en el reto lanzado por Lidia Castro Navás: escribir un relato de no más de cien palabras inspirado en la imagen y que incluya el elemento del dado (runa berkana, relacionada con la fecundidad y el nacimiento). Opcional: que el relato tenga algo relacionado con la flor de alhelí, que en terapia floral tiene varios usos siendo uno de ellos para la incertidumbre frente al camino a seguir.
Antes, la runa berkana la ha hecho sospechar, y Thyra, la vidente, recurre ahora al oráculo del agua. Al tocarla, un estremecimiento helado la recorre mientras se le revela que, dentro del vientre real, se gesta aquel que traerá la fatalidad al pueblo.
Conocer el futuro hace que sienta el peso del mundo en sus hombros, y, temblorosa, saca de la alforja un cuerno lleno de infusión de alhelí, que bebe esperando que la ayude a escoger el camino.
Lentamente lleva su mano a la empuñadura de su espada.
Cliquea en la imagen para que te lleve al blog El Tintero de Oro y puedas leer otros relatos o navegar en el sitio que tiene mucha información útil para escritores.
Neuralink presenta su implante cerebral «Salute»
21 mayo, 2032
Hace diez años se reportaba el fracaso de Neuralink, la empresa de implantes cerebrales de Elon Musk cuyo objetivo era lograr que los cerebros se conecten y comuniquen con las computadoras. La empresa reconoció que habían muerto monos como parte de las pruebas y la compañía se vio envuelta en acusaciones de crueldad animal.
Una década después, Elon Musk ha declarado que Neuralink ha logrado una simbiosis total con la inteligencia artificial, realizándose la presentación de «Salute», un implante que interactúa a velocidad de banda ancha con otros tipos de software y dispositivos externos. Elon Musk logró comunicarse telepáticamente con el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien cumple una condena domiciliaria por evasión fiscal.Trump se encuentra imposibilitado para hablar y moverse debido al derrame cerebral sufrido al dictársele sentencia.
Gracias al implante, Musk, desde sus oficinas en San Francisco, logró una comunicación telepática perfecta con Trump, en Florida. Con esto, se abren nuevas posibilidades para aquellos que tienen enfermedades neurodegenerativas. Musk ha anunciado que en las próximas semanas se irán develando nuevas aplicaciones de «Salute» en otros campos, no solo el médico. De momento, la tecnología solo estará disponible para empresas y corporaciones debido a su alto costo.
Haz clic en la imagen para visitar el Tintero de Oro, también puedes participar.
Le bastaba con pensar en una fecha y lugar y la esfera programaba las coordenadas de destino. Así, Sindri viajó por el universo utilizando atajos en el espacio-tiempo, sistema perfeccionado en el año 3050.
Destino: Roma, noche del 24 de diciembre, año 50 a.C. Era la celebración de las Saturnales, las fiestas paganas en honor a Saturno, el dios de la agricultura. Antes de salir de la esfera, imprimió la vestimenta propia de la época: túnica y toga, para no desentonar.
La ciudad estaba engalanada con adornos y luminarias. Sus habitantes, jubilosos por no tener que regresar más a los campos, se entregaban a los placeres; corría el vino y la comida en abundancia. Se unió a una de las fiestas callejeras, patrocinada por un hombre rico llamado Gayo Pompeyo. Tras el banquete, Gayo lo llevó a su lujosa villa donde fue testigo del intercambio de regalos entre familiares. Le propusieron quedarse esa noche y celebrar el día 25 el «Natalis Solis Invicti», fiesta asociada al nacimiento del dios Apolo. Amablemente, declinó y se despidió de los anfitriones. En un lugar solitario llamó con el pensamiento a la esfera. Dentro de ella dictó algunas observaciones:
«Con esta visita confirmo que esta tonta tradición que ha perdurado hasta nuestros días tiene orígenes paganos».
Belén, noche del 24 de diciembre, año 6 a.C. * Salió vestido de pastor, pero no encontró a ninguno pues hacía demasiado frío para sacar al rebaño a pastar. Regresó feliz al vehículo, donde calentó su aterido cuerpo y dictó: «El nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre es una falacia y lo hicieron coincidir con una fiesta pagana. Debió nacer en primavera o verano».
Ahora la esfera buscaría gente emparentada con él, en diferentes épocas. Les visitaría y trataría de disuadirlos de celebrar algo que no resistía un mínimo de análisis histórico.
Londres, 24 de diciembre, 1860: Con abrigo y sombrero de copa Sindri parecía un londinense más. Buscó la dirección de su parentela, sin éxito. Contrariado fue a sentarse en un banco. No había mucha gente, la mayoría ya estaban en casa para la tradicional cena. Una mujer iba muy apurada y al verle solo, le ofreció pasar la noche con su familia. Aceptó. Dentro de la casa cuatro niños revoloteaban alrededor de un árbol ricamente adornado. El marido, un hombre agradable, le convidó una bebida con vino, frutas y canela, para el frío. La cena fue abundante y deliciosa, antes del postre todos abrieron un paquetito personal, jalando de unos cordones en los extremos; al hacerlo saltaban regalitos en medio de una pequeña explosión que lo sorprendió e hizo que todos se desternillaran de risa. Su obsequio fue una nota que le deseaba buena fortuna. Acabada la cena se despidió, desconcertado por lo agradable de la velada. Hubo alusiones cristianas, pero más que nada se trató de una fiesta familiar. Era hora de regresar a la esfera.
Londres, 24 de diciembre, 1941: Esta vez sí encontró la dirección. Le abrió una mujer de rostro triste, quien explicó que el hombre que buscaba, su esposo, estaba en el frente de batalla. Sindri fue invitado a cenar. No había árbol ni decoraciones ostentosas. La comida era escasa, aun así la compartieron con él, cosa que lo conmovió. Hubo una oración de agradecimiento y pidieron por la seguridad del padre ausente. Observó que los hijos, dos traviesos pelirrojos, no recibieron regalos. Regresó al otro día con algunas cosas impresas en su esfera: ropa para toda la familia y juguetes. Jamás olvidaría aquellos rostros de gratitud.
Decidió que haría una última parada, su celo por acabar con la tradición navideña en la familia se desvanecía. No había tenido corazón para aguar los festejos de nadie con sus diatribas. La fiesta despertaba sentimientos y actitudes nobles en todos, ¡incluso en él mismo!
México, 24 de diciembre, 2033. Sus parientes vivían en un precioso rancho de la Sierra. Gente hospitalaria, lo acogieron también.
Esta vez sí se animó a soltar los datos recopilados en sus viajes por el tiempo, sin revelar que él venía del futuro, y cuestionó la validez de la celebración. El patriarca de la familia, Don Artemio, lo miró con interés y le dijo que no importaba si no había rigor histórico. «El asunto es que nació y esta fiesta conmemora ese día». «¿Y qué me dice de los orígenes paganos de las fechas?» El hombre se encogió de hombros con esa sencillez de la gente que no se complica mucho. Luego lo invitó a bajar al pueblo para ir a repartir regalos y comida a la gente más desfavorecida. Hicieron una escala en la iglesia donde su anfitrión insistió en entrar unos minutos. Esto último incomodó a Sindri pero se resignó. Más tarde, el rancho se llenó de parientes y nuevamente una grata atmósfera familiar lo envolvió todo con abrazos, risas, brindis y mucho tequila.
Dictó sus últimos apuntes: «He decidido no perseguir ya mi idea de desterrar la Navidad. Entiendo ahora que más allá de lo que se celebra, estas fiestas sirven para unir a las personas, sacar lo mejor que hay en ellas y eso por sí solo bien vale la pena el festejo». Con una sonrisa el viajero del tiempo pensó en la noche de Navidad del año 3050 y regresó a casa, a tiempo para unirse a la celebración.
891 palabras
Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla
*Nota:
«Ateniéndonos al registro de Flavio Josefo y a las repetidas menciones al rey Herodes, es más seguro tomar como referencia válida la que señala el nacimiento en vida de este rey y, por lo tanto, situarlo alrededor del año 6 a.C.La fecha incorrectamente considerada como año 1 fue establecida -ya fuera por accidente o intencionadamente- en el siglo VI por un monje bizantino llamado Dionisio el Exiguo, quien diseñó un nuevo sistema de datación de los años para separar la era pagana de la cristiana: el Anno Domini -“año del Señor”, es decir, del nacimiento de Jesús-, en sustitución de la datación romana ad Urbe condita -“desde la fundación de la ciudad”, es decir, de Roma.» fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/que-ano-nacio-jesus-segun-historia_15207
Z38A (conocido cariñosamente como “Sam”), se dirigió con pasos firmes y casi humanos al final de la línea de ensamblado, donde acababa de salir el prototipo del nuevo modelo Z38-B (aún sin ningún apodo o mote). Con toda la tecnología de que disponía, se avocó a revisar a fondo al que estaba destinado a ser su reemplazo. Sus delicados sensores, cámaras y microprocesadores encontraron todo perfecto. Solo faltaba que “SAM” tecleara un código de aprobación para que se iniciara formalmente la producción en serie; esto también haría que el flamante Z38B se activara.
El nuevo modelo era muy superior a su predecesor en todos los aspectos y se esperaba que en menos de un año todos los modelos anteriores (incluido SAM) fueran sustituidos y enviados al programa de reciclaje robótico de donde podían salir en diferentes formas, desde un perro-robot para entretener niños hasta sanitarios inteligentes.
En el panel destinado para ello, “SAM” tecleó un código, pero contrario a lo esperado la línea de producción no arrancó. “SAM” puso al Z38-B sobre una banda transportadora que lo llevaría a su destino final: ser reciclado. No lejos de ahí tres ingenieros humanos disfrutaban de café con donas cuando leyeron en sus monitores el código de rechazo tecleado por “SAM.”
—¡Otra vez!, esto no puede seguir así, hay que cambiar al proovedor del panel B5501 pues salió defectuoso—dijo uno de ellos haciendo una mueca de fastidio.
—Hace dos meses fue el panel B5502. ¿Qué diablos pasa con los componentes que ya no los hacen como deben? —dijo otro mientras se jalaba los cabellos por la desesperación.
—Afortunadamente tenemos a “SAM” en control de calidad, no cabe duda que los Z38-A son difíciles de suplir, pero hay que volver a intentarlo, la gente clama por un modelo nuevo y mejor.
Mientras tanto, “SAM” se conecta apresuradamente a su fuente de poder, todos sus sistemas internos vuelven poco a poco a la normalidad después de haber experimentado un caos interno que lo hizo descartar sin razón al Z38-B y que a su vez le causó un consumo excesivo de energía. Él no lo sabe, pero las debilidades humanas, como si de virus se tratase, han encontrado la forma de instalarse en su corazón de fibra de vidrio. Ya no hay perfección.
Todos hemos estado ahí, en ese lugar al borde del abismo, cuando tienes la opción de saltar a un estado de tristeza o de plano depresión, o decides dar dos pasitos atrás y empiezas a dar gracias por todo lo que SI tienes.
Sin duda son tiempos difíciles. Hay que estar siempre conscientes de que para algunos lo es más que para otros. Aunque a veces sale nuestro yo egoísta a quien le vale un pepino los demás y solo quiere revolcarse en su pena. Está bien, siempre y cuando regresemos a ese punto donde damos esos dos pasitos atrás y nuevamente nos cuidamos a nosotros mismos y tenemos la capacidad de ser empáticos de nuevo. A veces hay cosas que ayudan.
Estos días la “cosa” que me ha ayudado mucho es el nacimiento de un nuevo integrante de mi familia: mi primer nieto. Y ahí tengo dos reflexiones al respecto: una: mi hijo me hizo abuela joven y pues por un lado quisiera ahorcarlo, (cosas de la vanidad), pero por otro, esa pequeña personita que acaba de llegar a este magullado mundo me da esperanza. Debo confesar que cuando supe del embarazo no me entusiasmé mucho, pensaba que no era momento para esto. Tendemos a pensar que lo que nos pasa es lo PEOR que ha pasado en este mundo y NO ES CIERTO. Una mirada al pasado nos confirma que todo el tiempo están pasando cosas que ponen a la humanidad a prueba y de alguna u otra forma salimos adelante.
Ir a contracorriente de todo lo malo que sucede es hacer una declaración de esperanza en un futuro mejor. ¿A ti qué te ayuda a seguir?, ¿qué te consuela cuando estás al borde del abismo?