Un Mundo Mejor – Microrrelato.

Mi participación en el microrreto: «¡Cita a la Vista!« de el blog El Tintero de Oro. Se trata de escribir un relato a partir de una cita. Máximo de palabras: 250

(Al final sabrás sobre qué cita me he basado).

Nada más empezar a leer, se transportó a ese santuario propio.
Todo era bello: el selecto mobiliario, la luz cálida que, como la caricia de un amante devoto, se filtraba suavemente por las ventanas. Sam se acercó a saludarla y se restregó entre sus piernas, ronroneado de placer. Cuando estaba a punto de tirarse en su sillón favorito, notó que algo no encajaba: las plantas mostraban unos bordes muy secos, parecían viejos pergaminos. Trató de no pensar en cómo pudo pasar eso si ella no lo había escrito. Fue por unas tijeras y recortó las partes malas. «Si tan solo pudiéramos hacer lo mismo con la vida» —reflexionó.

Regresó antes de lo previsto, quería asegurarse que sus helechos y filodendros estuvieran bien, pero no era así: nuevamente mostraban signos de estrés, Sam apareció rodeado de hojas secas y algo en su postura le indicó que había muerto. Tomó una toalla y lo envolvió con cuidado, dejándolo en el piso. Salió rápidamente con lágrimas en los ojos.

Tras el diagnóstico que le dio el doctor entendió: el cáncer la estaba pudriendo, como le sucedía a sus ensueños.

Entró de nuevo. El recuerdo de Sam flotaba en el ambiente, trató de no ver las plantas agonizantes. Sacó lápiz y papel y escribió sobre otro lugar, un nuevo refugio para la tempestad. Se aseguró de no incluir nada que necesitara oxígeno para sobrevivir, tan solo ella, sus libros, algunas fotografías y cuadernos para escribir.

244 palabras.

Autor: Ana Laura Piera

Este relato está inspirado en la cita de la escritora Anaïs Nin: «Escribimos para inventarnos un mundo mejor del que conocemos» (Esta autora murió de cáncer).

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EN LA OFICINA

Microrrelato.

Los aburridos cubículos del enorme piso de oficinas se le antojaban cual angostas trincheras, los ordenadores eran caballos sudados por mil batallas y los diversos accesorios, filosas espadas capaces de partir a un hombre por la mitad. Su jefe encarnaba a un maligno magistrado quien, desde un lugar seguro, alejado de la matanza, firmaba sentencias de muerte. Mas cuando María, la Asistente de Recursos Humanos se acercaba, aquel encarnizado campo de combate mudaba a la más hermosa catedral. Desde el mismo cielo, bajaba una deidad resplandeciente y benévola que lo hacía descansar de tanta fatiga pues con tan solo verla, su pobre cuerpo retomaba fuerzas para continuar.

Una mañana cuando vio que la diosa venía directamente hacia él, en su cabeza sonaron melodías heroicas y triunfales que casi le impidieron escucharla, implacable y burlona:

—Martínez, ¡qué imbécil eres! Ya te despidieron por andar siempre distraído.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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