Descontentos. Microteatro.

Imagen creada con inteligencia artificial.

Mi participación en el reto del microteatro del mes de Junio, convocado por Merche en su blog Literatury & Fantasy. Condición: Escribir una obra donde nosotros mismos aparezcamos como un actor más, en mi caso, soy «Ana» que es mi nombre real.

Escenario: Una oficina, donde hay un escritorio, silla y ordenador. También hay una ventana, pero el público no puede ver lo que hay detrás.

Personajes:

Ana, escritora.

Paco, el asistente de Ana.

Dax, Toñito y Karya

Ana llega nerviosa e inquieta. Se asoma por una ventana y hace ademán de sorprenderse. La sigue Paco, también nervioso y compungido.

ANA:

—¿Y esa fila que hay afuera Paco?

PACO:

—Quieren verte y hablar contigo. Ya traté de echarlos y no hay modo.

ANA:

—¡Qué lata! Hoy me iba a poner a trabajar para el reto del microteatro de Merche. ¡En fin! Veré a unos cuantos, hazlos pasar de uno en uno y me traes un café, por favor.

Paco sale. Entra un extraterrestre, es de baja estatura, ojos negros y enormes como los de las moscas, tez verdosa, cabeza más grande que una humana y nariz muy pequeñita.

ANA: (Sorprendida)

—¡Ya sé quién eres! Eres Dax, de mi último cuento «Malditas Pasiones».

DAX:

—Sí. Quería decirte que no estoy de acuerdo con el destino que escribiste para mí: regresar a mi planeta y ser juzgado ya es bastante malo, pero haberme dejado probar el sexo humano y privarme luego de él, eso fue demasiado cruel.

ANA (sorprendida)

—Lo siento.

DAX:

—¿Podrías escribir que en mi planeta podemos tener sexo como los humanos? ¿Y que tenemos genitales como los de ustedes? Eso de que desaparezca mi miembro al cambiar de humano a extraterrestre no fue divertido.

ANA: (inquieta, como queriendo acabar ya la entrevista)

—Bueno, bueno, no te prometo nada, pero lo pensaré. Ahora sal por favor y deja que pase el siguiente.

Dax sale muy abatido. Entra un jorobado.

ANA:

—¡Toñito! El de mi cuento… «Toñito» (dice, como reconociendo la falta de originalidad del título)

TOÑITO: (Enojado)

—Empecemos por ahí: ¿Cómo que «Toñito» así en diminutivo? ¡Soy Antonio! Cambia eso, los diminutivos deberían de estar prohibidos, minimizan a la persona.

ANA: (haciendo ademanes de desesperación).

—¿Algo más?

TOÑITO:

—¿Por qué escribiste que me tiraron de bebé y me hice jorobado? ¿Por qué no escribiste una historia donde yo no sufra tanto?

ANA:

—Es que hay historias así Antonio, no todo puede ser color de rosa. (Se queda callada y luego dice enfática): Y finalmente ustedes no tendrían que andarse quejando. Yo soy la que decido cómo va la historia.

TOÑITO: (desafiante)

—¿Ah, si? ¡Pues exijo una compensación!. ¿Qué te parece que todos los de afuera nos juntamos y formamos un sindicato? ¿Eh?

ANA: (sorprendida y luego, en tono conciliador)

—Bueno, bueno, podría escribir otra historia sobre ti, una donde una operación novedosa te quita la joroba, y te permite crecer un poco.

TOÑITO:

—No suena mal. Acepto.

ANA:

—Bien, ahora por favor, déjame seguir atendiendo gente.

Toñito sale de escena y entra Paco.

PACO:

—¿Qué prefieres? ¿Un robot confundido, un hada quemada o una familia difunta? Están peleándose por pasar, les dije que tú eligirás quién sigue.

ANA: (frustrada y desesperada)

—¿Sabes qué? Ya no me traigas café, mejor tráeme un tequila doble.

Entra Paco con el tequila, Ana se lo toma de un sorbo y hace como que recupera fuerzas.

ANA:

—Ahora si, haz pasar al hada y avisa que por hoy ya no atenderé a nadie más.

Sale Paco y se escucha ruido de discusión afuera, Ana se jala los pelos. Luego entra una mujer de muy bellas facciones pero con el pelo chamuscado y la ropa quemada. En una de sus manos lleva una varita como de hada.

ANA:

—Tú eres… (duda)

KARYA:

—Soy Karya de tu cuento «Las Dos Hadas». ¿Cómo pudiste hacerme eso?

ANA:

—¿Hacerte qué?

KARYA:

—¿Se te hace poco hacerme la mala del cuento y luego que mi final sea chamuscarme en el incendio del bosque encantado? La mejor parte de la historia la reservaste para mi hermana Ptelea.

ANA:

—Reconozco que me pasé un poco contigo.

KARYA (Enojadísima):

—¿Un poco?

ANA:

—No lo prometo, pero modificaré el cuento y trataré de que no seas tan mala-mala y también que te pasen cosas buenas. ¿Contenta?

KARYA:

—Pues espero sí lo hagas. También, ¿podrías escribir sobre un mago guapo que me invite a salir?

ANA:

—Está bien. Ahora por favor, retírate.

Karya sale y entra Paco.

PACO:

—Quedaban muchos más, pero les dije que los atenderás mañana.

ANA: (alarmada)

—¿Muchos?

PACO:

—Casi tantos como los cuentos que has escrito en tu vida.

ANA: (muy desesperada)

—¡¡Tráeme otro tequila!!

Autor: Ana Laura Piera.

https://bloguers.net/literatura/descontentos-microteatro/

«MURCIEGALOS», QUESO Y ORTOGRAFIA….

Relato ficticio, original.

La señora que vende quesos es muy platicadora, se trata de una de esas gorditas simpáticas difíciles de ignorar. Ayer que pasó con su canasta llena de deliciosuras lácteas no pude resistirme a comprarle una panela, aunque sabía que junto con el queso, me iba a vender todo un discurso y así fue:

—¿Trae panela?

—Si, aunque fíjese que por poquito y no traigo.

—¿Ah si?

—¡Síii! Es que en el cuarto donde las preparamos que cree? De repente veo entrar algo por la ventana, una cosa negra que aleteaba muy feo. Primero pensé que sería una de esas mariposas de la mala suerte. Ya sabe, de las negrotas, esas que dicen que si se meten a la casa anuncian que habrá difunto.

—Si, ya sé cuáles dice, y bueno, ¿pues que fue lo que se metió?

—Uy señora, ¡un MURCIEGALO! lo bueno que mi hijo el mayor, que venía de ACEPILLAR al caballo, le aventó el cepillo con tanto tino ¡que le dio! y pues ya atarantado se cayó al piso y ahí lo rematamos. ¡Ay! Viera que cosas tan espantosas son esos bichos, tienen cara de demonio. Por si las dudas y para alejar las malas vibras, yo recé un Padrenuestro.

Me sentí triste por el pobre animal y la ignorancia que lo había matado. La señora siguió con su relato:

El susto me dio mucha hambre, sentí un hueco en el estómago, creo se me bajó, la glocosa esa… O ¿cómo se dice?

—¿Glucosa?

—Si, esa mera, me fui para la cocina y me eché unas ALMÓNDIGAS que tenía para que cenáramos todos. Me las acabé toditas, pero es que con esos sustos pues no anda uno con pequeñeces, yo necesitaba recuperar fuerzas. La cosa que cuando llegó el Rufino —mi marido—, se armó un pleitazo, me dijo que soy una tragona y que conmigo no hay MANTENCIÓN que alcance.

Ya estaba yo con los ojos salidos de desesperación, primero por el relato que se alargaba y yo con unas ganas locas de hincarle el diente a un pedacito de queso, y en segundo lugar porque lo de murciélago, acepillar, almóndigas y mantención no me sonaba nada bien. Me abstuve de corregir a la señora (aunque ganas no me faltaban), y qué bueno que no lo hice, pues una vez que se fue, (y después de hacerme un sandwich), me metí a la computadora, al sitio del diccionario de la RAE y me di cuenta que todas y cada una de esas palabras son correctas tal y como las había escuchado, son palabras que se oyen mal pero que están bien escritas. ¡Así que ya saben!

Palabras vistas en Revista Muy Interesante año XXII No. 11 pag. 20
sitio del diccionario de la RAE: http://www.rae.es

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla.