Las Babosas – microcuento por Ana Laura Piera

cuento publicado en Masticadores, México

Se arrastran envueltas en su propia humedad. Nada recuerdan de su pasado humano ni de por qué se encuentran condenadas a vivir reptando lentamente por el suelo. En sus inicios, la Tierra fue un planeta formidable y majestuoso que, canibalizada por sus habitantes humanos, fue llevada a la esterilidad […] Da clic para seguir leyendo…

Las babosas por Ana Laura Piera

Pequeños, grandes inicios

He estado un poco perdida y no he podido ponerme al día con las lecturas de sus blogs, pido una disculpa. Estuve fuera de vacaciones y dentro de los sitios que tuve oportunidad de visitar está el lugar de nacimiento del Río Mississippi dentro del Parque Estatal Itasca en el norte del estado de Minnesota, en EUA.

En el sitio donde se considera que «nace», este se puede cruzar a pie. Es un pequeño y humilde lugar de inicio para un río formidable, uno de los más largos de América del Norte que, junto con el Misuri, conforma uno de los sistemas fluviales más grandes e importantes del mundo. (Y el que me recuerda una lectura preferida de mi niñez: Las Aventuras de Tom Sawyer, del escritor Mark Twain).

A veces los inicios pequeños desembocan en algo gigantesco, no lo olvidemos cuando nos sintamos frustrados o insignificantes.

Un abrazo para todos los que me siguen y llegan a leer mis cuentos.

Ana Laura Piera /Tigrilla

Bestiario. Cuento para Masticadores.

Imagen tomada de internet     ¿Recuerdas que decías que nunca soñabas nada, y lo mucho que te gustaría recordar aunque fuera un pedacito de algún sueño? Ese día tras varias noches de horror te diste cuenta de que no era que no soñaras, sino que muy dentro de ti preferías que a tus pesadillas […]

Bestiario por Ana Laura Piera

EL VAGABUNDO Y EL MANIQUÍ

Microcuento

Todas las noches, arropado en su cobija sucia, el vagabundo la miraba a través del cristal del almacén. ¡Era tan hermosa! Sus ojos la desnudaban hambrientos y en su mente bullían fantasías donde él la acariciaba y la hacía suya. Ella también le observaba con ojos vacíos y lejanos que enmascaraban un deseo imperioso de libertad. Le envidiaba.

Una noche, al acercarse, él se percató que la puerta de la tienda tienda estaba abierta…

Al día siguiente, el dueño del local se sorprendió al ver que en vez del bello maniquí femenino, en su lugar se encontraba el de un vagabundo. El dueño era un hombre práctico que sabía sacar partido a las situaciones adversas. Así que lo limpió y arregló para que anunciara un traje.

Esa noche, la que miraba desde la calle era ella, sabía que detrás de la fría indiferencia del maniquí, había desesperación. Estaba hecho, era ella o él. Se dió medio vuelta y se perdió en la ciudad.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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EL ESCARABAJO

«Convivir es difícil», pensó Cecilia mientras se ponía crema desinflamatoria sobre los golpes. «Las parejas tienen problemas, superaremos esto». Pero muy en el fondo sabía que no, que los arranques de Leo no eran normales y las palizas cada vez eran más frecuentes. Se maldijo por ser mujer pues ella no era contrincante para él. Reflexionó que en lugar de que a una le enseñaran a cocinar o a lavar ropa, mejor sería aprender a defenderse. Una vez ella había tratado de darle una patada en los huevos, pero le fue peor, ya que esa vez su marido le pegó como nunca. Terminó de ponerse el ungüento y cojeando fue a la cocina a preparar la cena de Leo y se la dejó sobre la mesa. Quién sabe a qué hora llegaría, últimamente le daba por llegar en la madrugada borracho y provocador.
Se durmió llorando de dolor y de coraje.

Despertó convertida en un gigantesco escarabajo. Vio con horror que en lugar de piel su cuerpo estaba cubierto con un exoesqueleto iridiscente y sus manos eran ahora tenazas mortíferas. «¿Pero qué diablos?», pensó mientras el miedo la dominaba. Aún conservaba su mente humana, pero sintió que con cada segundo el bicho la iba anulando cada vez más. Se dio cuenta de que Leo no estaba a su lado y se quedó ahí tratando de entender qué estaba pasando.

Escuchó o sintió, no supo diferenciarlo, una puerta abrirse. Bajó de la cama y cuatro patas peludas la llevaron al baño, donde Leo estaba orinando. Seguramente acababa de llegar después de coger con quién sabe quién, estaba borracho y le costaba mantenerse derecho. Una rabia incontenible se apoderó del insecto y violentamente entró al baño. El hombre apenas se dio cuenta de lo que pasaba. Las formidables tenazas cortaron el pene y Leo empezó a deshacerse en gritos de dolor que solo pararon cuando su cabeza cercenada rodó por el piso cual pelota. Todo fue rápido y automático. Ver a Leo así, decapitado y con el pene sangrante le dio una extraña satisfacción.

«¿Qué te pasa pendeja? Estás gritando como loca. Cállate hija de tu puta madre o te rompo el hocico». La silueta de Leo se dibujó en la puerta y Cecilia se percató que todo había sido un sueño. Se limpió la cara llena de lágrimas y se acomodó para seguir durmiendo. En ese momento tomó una determinación: lo dejaría por fin.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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Nota: Me queda claro que la violencia se ejerce, no por ser hombre o mujer sino por otros factores, y que no es privativo de un solo género. También que dentro de las relaciones humanas se dan muchos tipos de violencia: verbal, física, económica, etc.

EN LA NOCHE

Mi participación para Va de Reto Agosto 2021: Crear un relato donde la noche sea la protagonista.

Si das clic en la imagen te llevará al sitio de JascNet «Acervo de Letras»

Todas las noches, expectante, he sido testigo de la transformación de la Luna: ayer aún estaba en su fase menguante y hoy es ya un ojo con iris de plata asomado entre las nubes. Su luz blanquecina baña las calles y edificios y le confiere cierta belleza a esta ciudad hostil. De una esquina veo salir a un borracho tambaleándose; yo también tiemblo y me desgarro por dentro, el instinto me dice que vaya a por él, pero lo dejo perderse en las calles desiertas. Nunca sabrá lo cerca que alguna vez le acechó la maldición de la eternidad. Continuará su camino sumido en esa ignorancia feliz.

Desde mi primer cambio no me he alimentado, me es imposible. Reconozco que soy débil. No pertenezco a este mundo de sombras y ya no puedo regresar a lo que era. Un aullido lejano me llena de alegría. ¡Por fin! En otro tiempo y en otra vida me hubiera helado la sangre, pero hoy me dirijo hacia él sin temor.

Ahora lo veo. Es terriblemente hermoso. Su fornido cuerpo está cubierto por un denso pelaje, es mitad humano y mitad lobo, su mirada es feroz y rojiza, sus colmillos, afilados.

—Pensé que no llegarías a la cita —dice jadeante, todavía adolorido por su reciente transmutación.

—¡Ayúdame! —acierto a decir con apenas un hilo de voz.

—¿Estás segura? —su voz ahora es firme, imponente y ansiosa. Sus fosas nasales se ensanchan llenándose con mi olor.

—Sí.

Se abalanza sobre mí y con sus potentes fauces me inmoviliza. En una de sus garras lleva una estaca de madera que clava con fuerza en mi pecho y que atraviesa mi corazón.

Soy libre.

Desde otro plano observo al hombre lobo devorar a la vampira. El rostro pálido y helado, ya carece de expresión. Escucho el ruido seco de la espina dorsal al partirse en dos, mas yo ya no estoy ahí. Me elevo libre y la noche me recibe en sus negros brazos.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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«Recuerdos» por Ana Laura Piera en Masticadores

Con mucho sigilo se deslizó dentro de la casa; deambuló de aquí para allá, y se sintió especialmente atraído por la calidez que emanaba de la cocina, calidez que abrió la llave a los recuerdos: Le vino a la mente el postre de higos en almíbar […]

Recuerdos por Ana Laura Piera

NECRONOMICÓN (Mi participación para «Escribir Jugando» Agosto 2021)

Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta. En tu creación debe aparecer el objeto del dado: torre.
Opcional: Que aparezca en la historia algo relacionado con la invención del papel. Pincha en la imagen para ir al blog de Lidia Castro que es quien lanza el desafío.

En contra del consejo de ministros, el Rey se aisló en la Torre del castillo. Quiso leer y hacer suyo todo el conocimiento encerrado en el Necronomicón. Lo encontraron casi sin respiración, hinchado, cubierto de llagas y pus; en su boca había trozos de papel arrancados al ejemplar y que al parecer, intentó devorar. La tinta maldita lo condenó a morir vomitando demonios y con la mirada perdida en oscuras visiones del infierno.

73 palabras.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

EL REGALO

El vendedor, olfateando su primera venta del día, gesticula dramáticamente mientras explica a su cliente por qué debe decidirse a comprar:

¡Mire que líneas! No me va a decir que no son perfectas, ahora, échele una miradita a las molduras, vea el detalle. Observe el interior, sienta la tela… ¡Ah! ¿Ve? ¡Pura calidad! Además cuenta con alarma, algo muy conveniente. Usted sabe que las apariencias engañan y que hasta lo más definitivo que hay en esta vida, puede no ser tan definitivo.

—Si, me lo llevo, envuélvanmelo para regalo —dice Justino Martínez muy convencido.

El vendedor, conocedor de su oficio, esconde la sorpresa que le causa tal petición y enseguida envía al mandadero para que compre lo necesario. Tardan un poco en dejarlo listo, después de todo es la primera vez que les piden algo así, muy pronto el color caoba del féretro, queda oculto detrás del papel de regalo, parece una barra de chocolate gigante con envoltorio rosa chillón. Terminan colocando un gran moño a juego.

—Súbanmelo a mi camioneta.

Y ahí va Justino, mientras maneja, va pensando: “¡Las cosas que me obligas a hacer Gloria! A ver si con esto se te acaban los achaques. Desde que nos casamos hemos hecho más visitas al hospital que a ningún otro lado. Que si te duele aquí, que si te duele allá. Que si ya vas a estirar la pata, ¡tanto dinero gastado en medicinas que no te curan! Primero pensé era mal de ojo; entonces te llevé con Doña Angustias para que te hiciera una buena limpia. Estuviste bien por un tiempo, pero ya estás otra vez con tus dolencias. Creo más bien que eres una mañosa. Con este regalito debes de reaccionar, ya verás”

Cuando ve llegar la camioneta de su marido, Gloria se emociona mucho. En vísperas de su cumpleaños, seguro que su marido le compró algo bueno, tal vez un mueble. Casi se muere de verdad cuando Justino le pide que quite la envoltura y se encuentra tan lúgubre regalo.

Mujer, tú siempre estás diciendo que ya te vas a morir y no sé que tanto, por eso decidí traerte esto, no te puedes quejar, es de lo mejorcito que hay, estarás muy a gusto aquí.

A la par que se recupera del disgusto, el inesperado regalo hace reaccionar a Gloria: la artritis se esfuma, ya no le da la migraña, la presión alta la deja en paz y su diabetes se controla de un día para otro. Tras la incomodidad inicial (no encontraban donde ponerlo), el féretro se hace útil e indispensable a los pies de la cama matrimonial que Gloria y Justino comparten desde hace veinte años. Los calzones de Justino y los pijamas mata pasiones de su mujer, encuentran un hogar dentro de él.

—¡Ay mujer! El día que te mueras voy a extrañar tanto el mueblecito, mira ¡que bueno nos ha salido!

Una noche en que no puede conciliar el sueño, a Justino se le ocurre intentar dormir dentro de la caja. Descarta la idea por descabellada y rara, pero cuando en sus noches comienza a abundar el insomnio, decide probar. Saca toda la ropa que guardan y se duerme muy tranquilito a los pies de Gloria. Esa noche, Justino sueña que está enterrado dentro del féretro, tres metros bajo tierra. No es una pesadilla sino un sueño apacible y tranquilo, siente su cuerpo suavemente arropado, como si estuviera dentro de un capullo de mariposa. Las preocupaciones y los afanes cotidianos se quedan lejos, muy lejos.

A la mañana siguiente despierta más descansado que nunca y reflexiona sobre si el morir se parece a su sueño. Gloria está histérica por el desorden dejado por su marido, pero eso no lo detiene y Justino repite la experiencia. Muy pronto no puede dormir en otro lado que no sea su “cajita” como cariñosamente la llama. Siempre sueña que está plácidamente… muerto. Está convencido que la muerte es como volver a una patria abandonada en el momento de nacer y olvidada con la primera bocanada de oxígeno que entra a los pulmones. Quizás no hay nada que temer de ella. Primero duerme con la tapa del ataúd abierta, pero con el tiempo se acostumbra a dormir con la tapa cerrada.

Pareces el conde raro ese que se convierte en vampiro. Estoy harta. Además, era mi regalo y el que lo usas eres tú. ¡No es justo! —se queja Gloria.

Un día la muerte acaba por seducir completamente a Justino y Gloria ya no lo puede despertar. En el velorio todos comentan la felicidad pintada en el rostro del difunto. Gloria a su vez lamenta muchísimo la pérdida de su regalo.

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Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

OLORES Y RECUERDOS

“A gato viejo, ratón tierno”, solía decir descaradamente mi padre. No había pasado ni un mes del suicidio de mamá y el viejo ya hacía de las suyas. Sin ella, sus correrías se volvieron aún más desvergonzadas. Creo que nunca tuvo la capacidad de amar a nadie y yo temía ser como él, pero tú me salvaste.

Una imagen interrumpió esa idea: un campo en primavera. El culpable era el aroma a tomillo que hervía junto con la carne. Rememoré cuando en alguno de nuestros viajes, fuimos a ver cómo hacían queso de forma artesanal en esa granja remota. Lo degustamos y nos dieron vino, ¡estabas tan contenta! Al final de ese día mágico, nuestros cuerpos se fundieron en una colisión exquisita.

El olor a orégano me golpeó la nariz ¿o fue acaso la mejorana? ¡Malditas hierbas!, ¡nunca las supe diferenciar!. Les tenía aversión pues me recordaban los jarabes caseros con que mi abuela pretendía curar cualquier gripe cuando era pequeño. Pero a ti sí te agradaban.

Los aromas me atrajeron al cazo donde hervía tu carne junto con las especias. No pude distinguir qué era qué. ¿Acaso parte de tus piernas?, ¿un pedazo de vientre?, tal vez un fragmento de tus pechos. La cocción te había transformado. Saqué un trozo, lo probé y se deshizo en mi boca inundándola con un sabor delicioso . Mi cuerpo se estremeció de emoción y sentí la urgencia de seguir comiendo. Te amé tanto, que busqué la manera de estar siempre juntos. Yo nunca sería mi padre.

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AUTOR: Ana Laura Piera / Tigrilla

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