LOS AMANTES

Una tarea: escribir sobre un cuadro.

Cuadro Los Amantes . Autor: Rene Magritte.

—¡Despierten! ¿Qué carajos ven en ese maldito cuadro? —el golpe propinado en la mesa fue lo suficientemente fuerte para llamar la atención de sus compañeras.

Tina hizo una mueca de hastío mientras observaba “Los Amantes” de René Magritte. La mirada de Renata denotaba un poco más de interés. Antonio había perdido la paciencia. Debían terminar entre los tres un relato inspirado en aquel cuadro extraño y no habían avanzado nada. Renata salió de la habitación y Antonio, molesto, empezó a guardar sus cosas. Pero la chica regresó con dos pañuelos blancos y se envolvió el rostro con uno de ellos mientras le lanzaba a Antonio la otra prenda. Tina comenzó a reír estúpidamente, pero luego calló al ver que el joven imitaba a Renata. Luego ambos se acercaron torpemente y unieron sus bocas cubiertas de tela. Así estuvieron mucho rato, tanto, que Tina acabó por irse.

Fue un beso extraño, revelador. La experiencia les habló de pérdidas y no solo sensoriales, también de amigos, amores y libertades. Acabaron llorando y comenzaron a escribir sobre un amor imposible. Al terminar el borrador, Renata se acercó a Antonio, esta vez con deseo. —Nosotros no somos ellos —le dijo mirando el cuadro. Él se acercó y unió su boca desnuda a la de ella, primero tiernamente y luego con fuerza.

Años después, viviendo juntos, una pandemia azotó la Tierra y la proximidad con otros se consideraba una amenaza. Abrazados en su cama durante el estricto confinamiento, recordaban esa experiencia:

—Fue una suerte encontrarte —dijo él acariciándola.

Ella apagó la televisión con el control remoto y acercó su boca a la de Antonio. Afuera, el mundo estaba oculto, pero ellos podían verse y amarse.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Lizzet y el sexo…

Un año ominoso, un escape de la realidad.

Photo by Agafonova Photo on Pexels.com

Era Lizzet una diosa, lo más increíble que él hubiera visto jamás. Siempre tenía una sonrisa en el rostro, nunca una queja. Ante sus continuos y ácidos monólogos, ella guardaba comprensivo y amoroso silencio. Le recompensaba las tristezas con placer y fantasía, era ella un escape de la cruda realidad de aquel ominoso año cuando no acababa de pasar una tragedia cuando ya se tenía otra encima. A menudo y a pesar de no creer en nada en particular, se sorprendía a sí mismo, agradeciendo a la vida por aquella bendición.

Los que más contentos estaban, eran los de la fábrica de muñecas sexuales Orient, con su nuevo modelo robótico: Lizett 2021, que gracias a la pandemia había salvado a la empresa de la bancarrota.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

https://bloguers.net/literatura/lizzet-el-sexo-microrrelato/

SONATA EN EL AIRE – microrelato

Un encuentro fantástico que eleva o abate nuestro espíritu. (Depende del ser mágico con el que te topes).

Desconozco autor de la foto, pero me encantò.

Damián observaba la sonata compuesta por suaves y exquisitos aleteos. La pequeña hada volaba alrededor de él siguiendo compases invisibles, haciendo un despliegue de libertad y maestría en el oficio de volar. Él imaginaba la música y embelesado escuchaba aquella melodía silenciosa.

De repente el pequeño ser se detuvo en el aire, a la manera de los colibríes y le miró de frente. Una risa negra y despiadada salió de su boca diminuta y en sus ojos se asomó un brillo perverso que él nunca olvidaría. El hada se alejó rápidamente y su horrible mofa se fue desvaneciendo en el aire.

Damián, abatido se alejó lentamente en… su silla de ruedas.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

https://bloguers.net/literatura/sonata-en-el-aire-microrrelato/

DE VÍCTIMAS Y DEPREDADORES…

Relato corto como respuesta al reto lanzado en:

https://lidiacastronavas.wordpress.com/2020/11/01/escribir-jugando-noviembre-3/

consiste en  hacer un microrrelato de máximo 100 palabras inspirándome en la carta, y en el objeto del dado (Caronte: el barquero del inframundo). Y como reto opcional tiene que aparecer algo relacionado con la creación del Ford T (el coche, el creador o el año).

Ratón y zorro esperaban pacientemente en la orilla de aquel río pantanoso. Por fin las ondas en el agua anunciaron la llegada de la barca. Caronte se sorprendió al verlos juntos, pero accedió a llevarlos. Peores depredadores y más víctimas se anunciaban para el mundo. Como ominoso signo estaba la creación en serie del Ford T.

Desde entonces todas las almas que llevaba la barca de Caronte olvidaban por un momento su infortunio, mientras acariciaban al zorro y mimaban al ratón.

(80 palabras según https://www.contadordepalabras.com/)

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

VIAJES INOLVIDABLES

El Matterhorn visto desde el pueblo de Zermatt, cantòn de Valais en Suiza.

ZERMATT, SUIZA, CANTON DE VALAIS

2020 no ha sido un buen año para los viajes. En mi caso la mayor parte del tiempo la he pasado en mi casa, saliendo solo a lo indispensable. Así que hoy quise recordar un viaje inolvidable. Espero en el futuro haya otros para mí,no importa lo lejos o lo cerca, lo sencillo o lo sofisticado.

Espero que para tí haya también viajes inolvidables. ¿Recuerdas alguno en especial?

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

IR A CONTRACORRIENTE

En medio del caos 2020, hay luces de esperanza.

dibujo por Ana Piera /Tigrilla

Todos hemos estado ahí, en ese lugar al borde del abismo, cuando tienes la opción de saltar a un estado de tristeza o de plano depresión, o decides dar dos pasitos atrás y empiezas a dar gracias por todo lo que SI tienes.

Sin duda son tiempos difíciles. Hay que estar siempre conscientes de que para algunos lo es más que para otros. Aunque a veces sale nuestro yo egoísta a quien le vale un pepino los demás y solo quiere revolcarse en su pena. Está bien, siempre y cuando regresemos a ese punto donde damos esos dos pasitos atrás y nuevamente nos cuidamos a nosotros mismos y tenemos la capacidad de ser empáticos de nuevo. A veces hay cosas que ayudan.

Estos días la “cosa” que me ha ayudado mucho es el nacimiento de un nuevo integrante de mi familia: mi primer nieto. Y ahí tengo dos reflexiones al respecto: una: mi hijo me hizo abuela joven y pues por un lado quisiera ahorcarlo, (cosas de la vanidad), pero por otro, esa pequeña personita que acaba de llegar a este magullado mundo me da esperanza. Debo confesar que cuando supe del embarazo no me entusiasmé mucho, pensaba que no era momento para esto. Tendemos a pensar que lo que nos pasa es lo PEOR que ha pasado en este mundo y NO ES CIERTO. Una mirada al pasado nos confirma que todo el tiempo están pasando cosas que ponen a la humanidad a prueba y de alguna u otra forma salimos adelante.

Ir a contracorriente de todo lo malo que sucede es hacer una declaración de esperanza en un futuro mejor. ¿A ti qué te ayuda a seguir?, ¿qué te consuela cuando estás al borde del abismo?

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

We found love in a hopeless place… (encontramos amor en los lugares imposibles)

fotografía por Ana Laura Piera, Tigrilla)

Checando fotos y haciendo una conexión….

SOÑANDO CON MARIPOSAS

Para este cuento me inspiré en la migración de la mariposa Monarca.

fotografía de Ana Laura Piera

—¡Ya vienen!

Su corazón se regocijó evocando cielos anaranjados y árboles cubiertos de pequeños fuegos vivientes. Como un olvidado eco de su niñez perdida, creyó escuchar otra vez la sabia voz del abuelo:

—Son las mariposas Monarca, Juanito: “Papalotl”. Así le decían los antiguos mexicanos. No hay insecto más valiente que ellas, ¡No señor, no lo hay!

Y aquella tarde, como tantas otras, abuelo y nieto habían espiado el horizonte para verlas llegar, cada uno con la ilusión de ser el primero en anunciar su retorno. Juan Manuel recordaba quedarse dormido, para después despertar ante el grito jubiloso del anciano:

—¡Niño, levántate, ya están aquí!

Entonces, sus ojos jóvenes y sedientos, se abrían inmensos para beber sin medida el espectáculo fascinante de millones de pequeñas mariposas llegando a los bosques de Oyamel en tierras Michoacanas.

—Vienen del norte hijo, de muy lejos. Vienen huyendo del frío. Son increíbles, recorren muchos, demasiados kilómetros para llegar aquí. Si hubiera ido a la escuela te podría decir cuántos, pero no lo sé.

La voz del abuelo sonaba diferente cuando hablaba de las Monarcas. Juan Manuel pensaba que parecía otra persona, rejuvenecido por la emoción y el asombro. Al igual que un terrón de azúcar diluyéndose lentamente en la boca hasta que solo queda un dulce regusto, así se desdibujó el recuerdo del viejo. Ahora, Juan Manuel ya no era el niñito de 8 años, sino el joven de 17, soñando con emigrar como las mariposas. “Quiero ser como ellas” pensaba. “Elevarme y recorrer todo el camino hasta el norte, ganar mucho dinero con mi trabajo”.

Le habían hablado de los peligros que enfrentaban los migrantes que viajaban a los Estados Unidos, pero cuando pensaba en las Monarcas todo le parecía posible: “Ellas son tan osadas, tan fuertes y resilientes. Algo me habrán enseñado todos estos años de observarlas”.

Y Juan Manuel se fue de su tierra natal sintiendo aletear dentro de él, un par de hermosas y simétricas alas. Tenía la voluntad puesta en un solo objetivo: llegar y triunfar. Había iniciado el viaje al mismo tiempo que las mariposas regresaban al Norte después de cumplir con parte de su ciclo de vida en el refugio boscoso. El cielo azul de abril se tiñó entonces de inquietos anaranjados, y siguiéndolas iba él. ¡Que importaban los pies sangrantes, la sed perenne, el hambre, los peligros y los maltratos! Él era una Monarca, como las que llegaban a su tierra y al igual que ellas, llegaría a su destino.

El “Norte”, la tierra prometida y sus habitantes, le recibieron cual pequeña y repulsiva larva, pero luego él se había vuelto una crisálida llena de promesas, para después emerger imago, adulto, alcanzando un modesto éxito como forastero en tierra ajena. Así, se había forjado una vida, se había reinventado a sí mismo, pero nunca había olvidado México, su tierra, cuya voz constantemente escuchaba por las noches, llamándolo: “Juanito, Juan, Juan Manuel…”

Igual que las mariposas, un buen día emprendió el viaje de regreso. Juan Manuel espera hoy nuevamente a las Monarcas. Las arrugas surcan su rostro, su pelo se ha teñido de blanco. Ya no sueña con irse o regresar, sino con ser como esos guerreros mexicas de los que su abuelo le hablaba. Aquellos que, muertos en batalla, se elevaban hasta el sol, y después de ayudarlo a andar por cuatro años, se iban al paraíso. Ahí, eran transformados en pájaros o mariposas, y pasaban el tiempo libando miel de las flores. Él sabe qué clase de mariposa desea ser: Quiere ser una Monarca, lo desea con toda su alma.

Autor: Ana Laura Piera Amat / Tigrilla

 

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Si te ha gustado este cuento puedes compartirlo o rebloguearlo, sòlo te pido mencionarme como su autora y de ser posible mencionar este blog. ¡Gracias por leerme!

COMO DICE MORRISEY: «Everyday is like Sunday» en el 2020

2020

LA TRAICIÓN

O CON EL AMOR NO SE JUEGA…

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En algún lugar lo había leído, o acaso fue el tema de una película, o tal vez un videojuego que jugó en casa de algún amigo. El caso es que la idea le retumbaba en el cerebro desde entonces. Era una idea loca, sucia, imposible. Pero no podía evitar sentir una curiosidad malsana que lo llevó a dar el primer paso.

Ocurrió en el baño, mientras se cortaba las uñas, actividad despreciable, más necesaria. Ya en alguna ocasión casi le había sacado un ojo a un compañero de la escuela con sus uñas demasiado largas. Igual que cuando pelaba manzanas y lograba una roja espiral continua y sin cortes, le satisfacía enormemente obtener un recorte perfecto de la uña sin arruinar la característica forma de media luna. Aquella ocasión no tiró las lunitas a la basura, cuidadosamente las juntó y las guardó.

Otro día en que lo llevaron a la peluquería, aprovechó una distracción del peluquero y que su madre estuviera leyendo una revista de chismes para hacerse de unos mechones de su propio pelo. Con un rápido movimiento, digno de un carterista se guardó en una bolsa del pantalón los húmedos cabellos. Una niña de largo pelo rubio recién liberado de una cola de caballo, se le quedó mirando extrañada, pero él le sacó la lengua, lo que bastó para que la niña, ofendida, volteara para otro lado.

Como si el universo conspirara para hacerle las cosas más fáciles, cayó enfermo de gripe. Se la pasó moqueando por tres días y sin que nadie se diera cuenta, guardó en un frasquito los líquidos viscosos y burbujeantes que sacaba por la nariz. Después de eso consiguió más frascos para guardar otras cosas, entre ellas un buen pedazo de mierda, costras de heridas forzadas a desprenderse a la fuerza, pestañas, cerilla de los oídos etc. Cuando sintió que tenía bastantes muestras decidió dar el siguiente paso.

Fue un acierto quedarse solo en casa aquella tarde alegando dolor de estómago mientras los demás salían a comprar helados y pasear por el centro. Si hubiera habido gente en la casa los hubiera alertado el asqueroso olor que despedían las muestras una vez destapadas y mezcladas en un recipiente de vidrio tomado de la cocina. No estaba seguro de qué hacer, pero le pareció apropiado intentar con el microondas. El calor tal vez serviría para despertar a la vida a aquella masa informe y maloliente. Programó el aparato en la potencia más alta por un minuto. Lo que siguió fue una sucesión de pequeñas explosiones y crujidos, salpicaduras al interior del micro y un olor a mierda horneada que lo hizo pensar por primera vez si lo que estaba haciendo no era una locura. Sacó con cuidado el recipiente y observó el contenido: se entusiasmó al ver que una parte se había levantado como cuando se esponja un pastel. ¡Un hálito de vida!—pensó. Más luego se abrió una burbuja en la superficie por donde salió un gas nauseabundo al mismo tiempo que su creación se desinflaba.

Quedó devastado, pero no se dio por vencido. Siguió juntando excrecencias: orina, lagañas, lo que se acumula entre los dedos de los pies cuando no te bañas por varios días. Se le ocurrió que debía mezclarlo con algo para unirlo a la cadena de la vida, así que agregó tierra y agua a la mezcla y lo puso al horno, aunque ahora al horno tradicional. Igual que la vez anterior, escogió un día cuando se encontraba solo. Todos habían ido a ver los abuelos, y él se excusó diciendo que tenía tareas. Por si las moscas abrió todas las ventanas de la casa y tenía en la cocina cloro, escoba y trapeador listos en caso de un posible desastre. Después de poner la mezcla en el horno por algunos minutos, la masa comenzó a levantarse, primero muy sutilmente, luego fue levantándose más y tomando forma, forma humana. Acabó horneando una réplica de sí mismo, muy pequeña, no pasaba de 20 centímetros, pero le impactó el parecido. Era como una galleta extraña aunque podía reconocer sus facciones en ella. La tomó y borró sus rastros.

Se llevó la “galleta” a su habitación. La emoción del día lo rindió y cayó en un sueño profundo. Había puesto a su gemelo debajo de la cama. Soñó que de alguna forma extraña cobraba vida y se encontraba frente a él, ahora con un tamaño mayor y lo miraba fijamente. Pero dentro del sueño, presintió algo: el sueño ya no era sueño, era la realidad. Abrió los ojos y ahí estaba su réplica, viva, respirando y latiendo… esperando algo. Ya no podía esconderla debajo de la cama, así que la metió en el clóset y cerró con llave. Supo que tenía entre manos algo muy especial.

Aprendió a sacarle provecho: se encerraba en su cuarto y le ordenaba que hiciera sus tareas. Aquel ser las hacía, no con excelencia, sino al mismo nivel con que las hubiera hecho él mismo. Era perfecto en su imperfección. Lo vistió con su ropa y lo envío a la escuela, él se quedaba descansando. Sus padres salían temprano y nadie descubrió el engaño. Comenzó a pedirle cosas: “tráeme esto”, “haz aquello”. Se sentía como un rey con su esclavo. Un día, su gemelo besó a Daniela, una de las niñas más feas del salón y fue el hazmerreír de todos. Se enteró por las redes sociales y estaba en shock, sobre todo porque había fotos circulando.

Nuevamente se aseguró de estar solo en casa para regañarle e incluso lo amenazó con quitarle la vida. Su clon no decía nada, le escuchaba sin expresión, solo el movimiento provocado por su respiración indicaba que estaba vivo, oyéndolo. La primera cuchillada lo tomó por sorpresa, alcanzó a ver que su réplica alzaba la mano para propinarle una más… la definitiva.

El joven Frankenstein se deslizó en la muerte mientras su creación lo metía en una caja de plástico donde guardó el cuerpo y le vació una botella de ácido. Limpió muy bien cualquier rastro de lo sucedido y se llevó la caja a enterrar a un lugar lejano. Después asumió por completo la personalidad de su hacedor. La pasión por Daniela había resultado ser mucho mayor a su lealtad. Con el amor no se juega.

AUTOR: Ana Laura Piera (Tigrilla)