La Mujer del Humedal: Microrrelato de metamorfosis y deseo.

Esta es una segunda versión. La primera tenía solo 100 palabras. A veces, lo breve no basta para decir todo lo que uno quiere. Esta vez me permití quedarme un poco más.


Con cada inundación, desde hacía dos años, la mujer sentía un latido fuerte que ascendía por su cuerpo y se instalaba, insoportable, en sus oídos. Solo menguaba al encontrarse cerca del humedal y desaparecía cuando se metía en él, siempre de noche.

Ayudándose con la luz de la luna, su mirada inquieta iba de los juncos, a los nenúfares, a las isletas. Tocaba y revolvía todo con desesperación, buscando alguna pista que pudiera llevarle a él. Su sentido del oído estaba siempre presto a reconocerle entre el croar de cientos de sapos y ranas que en medio de la oscuridad buscaban pareja.

Cada temporada de lluvias era lo mismo, hasta que una tarde, un sonido fuerte, grave y anhelante, resultó inequívoco. Ella buscó el origen de aquel canto y le vio encima de una isleta. El pequeño y repulsivo ser inflaba su saco bucal, produciendo aquel sonido que tenía un efecto hipnotizante.

Instintivamente, se llevó la mano al collar de calcedonia que pendía del cuello, el instrumento mágico que impedía su transformación. Hizo ademán de quitárselo.

Alguna vez, cuando ella aún era una criatura anfibia, había saltado sin querer sobre aquella joya que yacía en la charca, envuelta en cieno, e inmediatamente su cuerpo de batracio mutó, de pequeño, rugoso y regordete, a una grácil figura de mujer humana. Conmocionada, se había alejado hasta encontrarse un caserío cercano, donde unas mujeres la encontraron, chorreando agua y desnuda, a excepción de aquel collar misterioso. Con ayuda de ellas, había podido hacer una nueva vida ahí.

La noche que lo encontró, jugueteó la piedra entre sus dedos y estuvo a punto de despojarse del collar bajo el influjo de aquella melodía encantadora, mas algo la detenía, algo que se abría paso en su interior con desesperación. No sabía bien de qué se trataba, hasta que su mente se iluminó al recordar a un bebé acostado en una cunita hecha de juncos. Lloraba a todo pulmón y ese llanto opacó el bullicio de la charca.

Como saliendo de un ensueño, se dirigió a la orilla, resistiendo el impulso de mirar atrás. Una vez fuera, corrió presurosa hacia el caserío.

360 palabras.

Autor: Ana Piera

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19 comentarios en “La Mujer del Humedal: Microrrelato de metamorfosis y deseo.

  1. A veces, sentimos que algo nos llama desde lo más profundo, como un eco que resuena en el humedal de nuestras emociones. Es en esos momentos —cuando la lógica se disuelve y el deseo toma forma— que descubrimos quiénes somos realmente. Este espacio es mi intento de tocar esas aguas, de revolver los juncos de la memoria y encontrar, entre croares y silencios, las verdades que me transforman. Gracias por acompañarme en esta búsqueda Ana. Abrazos virtuales desde Venezuela.

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  2. Hola, Ana, la llamada del amor, aunque sea croar y sean sapos… Pensé que cogería al sapo y le pondría el collar y así los dos juntos con el collar, los dos humanos. Al final ganó el amor del niño llorando.

    Sí, a veces, nuestra idea no cabe en 100 palabras, es inevitable.

    Un abrazo. 🤗

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    1. Jajaja, me imaginé al sapo con el collar hacerse humano y ella regresar a sapo hembra jajaja solo hay 1 solo collar y como de origen eran batracios, solo funciona que ella se lo quite y vuelva a su forma original. Pero bueno, si ya hay una criatura de por medio, ya lo pensó mejor, jejeje. Saludos y gracias por leer. Abrazo.

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  3. Hola Ana

    Leí en su momento tu aporte al reto y me gustó mucho pero, te hacía muchas preguntas porque quería saber lo que completaba para ti el cuadro. Evidentemente soy persona de muchas palabras y aunque mi imaginación completa porqués, cómo, quiénes… me gusta saber la idea del escritor. Aquí la tengo, escrita maravillosamente y me encanta. El puzzle está completo, tiene sentido, sentimientos encontrados, anhelos, el drama de la elección, la llamada del llanto infantil, amor. ¡Genial!

    Gracias por darnos también tu preciosa versión completa. Yo también alguna vez lo he hecho y… no será la única. A veces, lo necesitamos. Como bien dices, no nos basta. Un abrazo.

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  4. Hola Ana. La imagen de la mujer sintiendo ese latido que la lleva al humedal en plena noche, guiada por la luna y buscando entre juncos y nenúfares, crea una atmósfera mágica, casi hipnótica, que me encanta. La idea de que su búsqueda está ligada a un sonido, el canto grave de un anfibio, es muy intrigante, y la descripción del “pequeño y repulsivo ser” inflando su saco bucal tiene un toque que mezcla lo fascinante con lo inquietante precisamente.

    El momento en que duda si quitarse el collar, tentada por el canto, pero se detiene al recordar al bebé en la cuna de juncos, es el corazón del relato para mí. Ese llanto que opaca el bullicio de la charca es un contraste poderoso que te hace sentir su lucha entre el instinto y su nueva realidad humana. El final, con ella corriendo hacia el caserío sin mirar atrás, es intenso y deja un sabor agridulce, aunque me habría gustado saber quién es el bebé o qué significa para ella.

    Es un relato breve pero cargado de emociones y simbolismo, con esa mezcla de folclore y transformación que deja mucho a la imaginación. En mi opinión, la atmósfera del humedal y el conflicto de la protagonista están muy bien logrados.

    Te felicito.

    Un abrazo

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    1. Muchas gracias Marcos, en mi visión, el bebé es de ella, solo un amor de madre puede rivalizar con una llamada de amor, aunque sea una llamada primitiva, que la impulsa a regresar a su origen. Ella con el collar de calcedonia es humana y puede hacer todo lo que hacen los humanos. En fin, mil gracias por tu comentario, siempre son interesantes tus valoraciones. Abrazo de vuelta.

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    1. Hola Cabrónidas, yo también me lo imaginé así. Ella siempre luchando contra esa llamada primigenia. Quizás algún día, cuando el bebé ya no la necesite, ella decida regresar al humedal. Saludos.

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  5. Una mutación, una imagen que te quedó exquisita. Manifestaciones de una búsqueda que se convierte en esencial. Y de pronto el llanto del bebito le da un giro, otro sentido.

    Deseo mucho leer el anterior. Te felicito Ana, y te dejo un abrazo grande.

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    1. Gracias Maty, el anterior está «linkeado» en el relato en la parte de arriba por si quieres echarle un vistazo, aunque no es necesario, pues contiene todo lo que tiene este, solo que en este hay más palabras y por ende, pude explayarme un poco más. Mil gracias por tu visita. Abrazo fuerte.

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