
Mi participación en el reto conjunto del blog Acervo de Letras y el blog El Tintero de Oro. Las condiciones son: El reto consistirá en escribir un microrrelato de 250 palabras protagonizado por un escritor/a desesperado/a por su falta de inspiración que se encuentra un Tintero de Oro con un mensaje grabado: «pídeme un deseo y lo verás por escrito», aunque este contrato tiene una letra pequeña: «pero todo tiene un precio»
Y aquí va mi aporte:
Mi última novela tuvo notoriedad y la editorial exigía adelantos de la siguiente, pero la inspiración me eludía.
Con nostalgia saqué la caja que contenía un tintero y una vieja máquina de escribir que habían pertenecido a mi abuelo, un escritor de renombre que se había suicidado. El tintero era pequeño, de oro macizo. Lo acaricié imaginando las veces que el abuelo debió usarlo. Noté que se calentaba entre mis manos hasta un punto en que lo tuve que soltar. Se revelaron unas palabras sobre la superficie: «Pídeme un deseo y lo verás por escrito». Deseé tener una herramienta que escribiera por mí. «… Pero todo tiene un precio». El tintero bajó su temperatura y las palabras se desvanecieron.
«Vaya broma» —me dije, disgustada.
Por la noche, escuché un clic, clac, dentro de la caja. Como impulsadas por dedos invisibles, las teclas de la máquina de escribir se movían y golpeaban el viejo rodillo. Coloqué una de las cintas de tinta del abuelo y metí una hoja. ¡Al amanecer, el artefacto había terminado mi novela!
«Escribí» novelas, cuentos, ¡incluso una obra de teatro! ¡Solo éxitos! Mas no todo era bello: no había forma de que dejara de hacer ruido, y lo más extraño es que si yo salía de casa el clic, clac me acompañaba en mi cabeza.
Ahora vivo en el pabellón siquiátrico de un hospital, la máquina se quemó cuando prendí fuego a mi casa, pero su ruido es omnipresente, no hay escapatoria.
247 palabras.
Si me dejas algún comentario asegúrate de poner tu nombre o tu blog para que yo te identifique, estos días WordPress me está poniendo algunos comentarios como anónimos, disculpa las molestias y gracias por tu visita.
Autor: Ana Piera.

Ingeniosa historia, le echaste algo de imaginación al hacerla.
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Gracias Arturo, saludos.
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Qué bueno.
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Hola Ánxela, muchas gracias por comentar.
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Hola Ana, muy bueno, sinceramente, me gusta escribir, pero no a ese precio, la letra pequeña, la famosa letra pequeña… Me alegra que entre tus obras escritas, existiera una obra de teatro, jeje, ¡genial!
Un abrazo. 🙂
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Gracias Merche. Eso de querer aprovechar «atajos» no está bien. Creo firmemente en que uno se lo debe de «currar», ¿así dicen ustedes? Saludos.
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La imaginación al poder!!! . Genial.
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Muchas gracias Azurea. Saludos.
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Ana, me ha encantado! Fabuloso final. Ese clic insistente y que escucha incesantemente…. Eso sí, el éxito lo alcanzó. Todo no se puede tener…
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Al final creo que hubiera cambiado el éxito por la paz, es lo que pasa cuando uno quiere ganar sin trabajar. Saludos.
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Que bueno Ana, el pobre tras rescatar al tintero de la caja, descubre que el sonido infernal de la máquina de escribir nunca le dejará descansar tranquilo y eso que prendió fuego a su propia casa, para acabar acabar sin remedio en el psiquiátrico. Qué buena imaginación tuviste. Un aplauso. Abrazos
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Gracias Nuria, agradezco tu comentario, saludos.
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¡Hola, Ana! Muchas gracias por participar en el microrreto. Me ha encantado esta historia de terror psicológico y con ese misterio de la máquina y el tintero del abuelo… Además, es tan sorprendente como inquietante esa idea del constante clic, clac del sonido de la máquina de escribir en la cabeza de alguien que escribe, hasta el punto de hacerlo enloquecer.
Un abrazo.
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Muchas gracias M.A. es un honor participar en el microrreto, gracias por leer y comentar, saludos.
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Hola Ana.
Está claro que lo que se consigue sin esfuerzo, en algún momento pasa factura. Y eso no nos gusta a nadie. Por supuesto, sabiendo que el abuelo fue un escritor de éxito y al final de su carrera, se suicidó, entendemos la historia completa.
¡Muy bien traídos todos los detalles! Un abrazo.
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Hola Marlen, efectivamente el suicidio algo tuvo que ver con ese tintero misterioso. La paz es más valiosa que la fama y creo que eso debió pensarlo antes de embarcarse con el Tintero. Saludos.
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Terrible el precio que tuvo que pagar por su deseo, la locura, quizá su abuelo por eso se suicidó para no seguir escuchando el clic-clac de la máquina de escribir, muy buen micro me gustó mucho.
Un abrazo.
PATRICIA F.
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Muchas gracias por leerlo y comentar Patricia. Saludos.
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El párrafo de la máquina de escribir, esas palabras, esa insinuación… Maravilloso.
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Gracias Joiel, saludos.
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¡Menudo precio tuvo que pagar la pobre escritora! Me ha encantado, Ana. La parte final cambia por completo el tono del relato, la historia se acelera y la conclusión es muy impactante. Fantástico.
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Hola Marta, muchas gracias por leer y comentar, saludos.
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Creo que debe ser la peor tortura jamás concebida.
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Hola Cabrónidas, muchas gracias por comentar. Saludos.
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¡Maravilloso, Ana!
Le has dado una vuelta muy original e interesante al tributo impuesto por El Tintero. Lo que está en nuestra cabeza supera cualquier ruido externo.
Muy bueno. Felicidades.
Abrazo silencioso
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Muchas gracias José por el reto y por tus amables palabras. Saludos.
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Muy logrado, Ana. La maldición de la letra pequeña es un precio muy alto.
Un saludo.
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Muchas gracias Carmen, saludos.
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Buenísimo, Ana. La locura como moneda de cambio. Me ha gustado mucho, compañera.
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Muchas gracias, saludos…
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Muy buen relato Ana. Me ha gustado mucho ese inesperado final.
Saludos!
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Gracias por pasar Antonio, saludos.
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¡Oh, qué buena historia has creado, Ana! El «todo tiene un precio» lo develas al final y nos sorprendes. ¡Vaya qué alto costo! ¡Felicitaciones, Ana!
Un abrazo grande.
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Hola Saricarmen, muchas gracias por tu visita y comentario. Saludos.
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Hola Ana, muy bueno! Me ha gustado mucho, hasta el final he oido el clic clac. Saludos!
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Clic, clac, qué bueno que te gustó. Clic, clac jajaja
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Muy bueno Ana, un magnífico final, abrazo
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Gracias Themis, saludos.
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Link Ana,,, Gracias
Saludos
Juan
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Muchas gracias Juan, muy honrada. Saludos.
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El precio a pagar ha sido muy alto. No imagino nada más horrible, con lo que me molesta el ruido, que tener uno constante metido en los oídos. Muy buen micro.
Un beso.
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Muchas gracias Rosa, saludos.
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Estupendo, de más. Siempre me sorprendes Ana, es increíble la sensación de estar recorriendo las letras y que te impacten las soluciones que das con tu tremenda imaginación, a cada situación. Tremendo final.
Muchas felicidades! 🌹 y un gran abrazo.
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Gracias Maty. Te mando un abrazo.
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¡¡Excelente micro!!. Como un goteo incesante el «clacketeo» incesante puede llevar a la locura. Un abrazo, Ana.
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Así es, el precio del Tintero. Saludos.
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Caramba, Ana. Este micro no solo es mágico, sino también terrorífico. Ese cli clic pone los pelos de punta, je,je.
Me ha gustado mucho.
Un abrazo.
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Gracias Josep, saludos.
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Muy bueno y muy bien ambientado. Tu tintero en particular parece que tiene criterio, y selecciona para cada víctima un precio personalizado.
Las variantes en este reto tienen mucho valor porque nos deja poca libertad con las frases impuestas y la poca longitud.
abrazoo
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El reto de 250 palabras hace que uno se vuelva jardinero porque hay que podar y podar pero aun así logrando que lo plasmado sea una historia y se entienda. Es en verdad un reto aunque creo que sí le quita mucha riqueza a la historia. Saludos.
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Hola, Ana:
Me ha encantado tu relato: ágil en lo narrativo y cautivador en su desarrollo.
Gracias por compartir el “clic-clac” de tu creatividad.
Un abrazo. Ana.
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¡Hola Ana! El personaje se ha quitado de encima el peso de ser quien escriba pero sólo lo ha logrado a cambio de perder la cordura. Le ha salido caro, puesto que ya no podrá disfrutar de sus logros. Ese clic clac lo acompañara de por vida.
Muy buen micro, transmites muy bien ese sonido desquiciante del teclado.
Un saludo.
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¡Muchas gracias!
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Yo me quejo de mis acufenos, je je! El sonido de una maquina de escribir repiqueteando en tu cabeza sin duda ha de ser peor! Genial el relato! Un abrazote!
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Mil gracias, saludos.
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¡Hola, Ana! Tras leer tu micro me vino a la cabeza El corazón delator de Poe. En aquel relato los remordimientos tomaban forma de latido. En el tuyo, ese clic clac que martillea la mente del autor le recuerda hasta la locura que nada es gratis, que todo tiene un precio y que, sobre todo, atribuirse la autoría de algo salido de la nada es el peor pecado de un escritor. Me encantó. Un abrazo!!
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Muchísimas gracias por tu visita y comentario David, lo aprecio mucho. Saludos.
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Muy inquietante. Enhorabuena.
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Gracias, saludos.
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El abuelo fue el que trajo el objeto, que al ser magico siempre hace algo que perturba la vida de la gente. Por que no daran nada gratis?
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Jajaja, buena observación. Saludos José.
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Hola Ana, pues si que tenia mala leche el tintero. Buen relato. Un abrazo.
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Si, un objeto de esos que te pueden joder la vida si los dejas. Saludos.
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El anterior mensaje era mío. Ainhoa.
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Hola Ainhoa, gracias por aclarar. Algo pasa en mi blog que algunos comentarios me salen sin identificar. Gracias.
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Aquí veo la prueba de cómo de un tema fantástico se puede hacer una obra de arte. Has tomado literalmente toda la difícil propuesta con valentía y seguridad y le has dado un sentido trascendente.
Genial.
Mi enhorabuena y admiración
Un abrazo
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Impresionante relato, Ana. Felicidades.
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Muchas gracias, saludos.
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Hola Ana. Esta es la historia de una obsesión, un clic clac que permanentemente golpea la mente de la protagonista sin poder librarse nunca de su presencia. Efectivamente todo tiene un precio, y el que pagó fue muy alto. La fama no pudo compensarlo. Que la muerte, cuando le llegue, le traiga paz. Un abrazo.
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Muchas gracias, saludos.
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Por cierto, el anónimo anterior soy yo 🙂
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Hola Jorge, gracias. No sé por qué en tu anterior comentario salias como anónimo pero en éste si aparece tu nombre. Otros comentarios igual me aparecen como anónimos.
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Hola Ana, que angustia con ese ruido a todas horas, la decisión que tomó tu protagonista no consiguió acabar con el clic, clac
Muy bueno tu micro relato
Un abrazo
Puri
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Muchas gracias Puri, saludos.
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¡Hola, Ana! Qué bueno ese repiqueteo de la máquina, cala profundo. Buen relato. Un abrazo
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Muchas gracias, saludos.
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Hola Ana, no sé si salió mi comentario. No lo veo por aquí. Muy bueno tu relato. Saluditos
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Hola. Seguramente sí, pero es que algunos comentarios que me dejan no se ven los nombres, no sé por qué están apareciendo como anónimos. Saludos.
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Jo, ahora sí. Los dos anónimos soy la misma. Emerencia. Je,je. Me nuble ja,ja
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Ohhh, ya. Gracias Emerencia. WordPress me está jugando una mala pasada con los comentarios. Saludos.
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Muy buen relato. Pobre hombre, acabó completamente desquiciado.
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Muchas gracias Noelia. Saludos.
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Hay deseos que mejor no se cumplan. Ese tic tac se lo recordará siempre. Muy bueno.
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Muchas gracias, saludos.
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Hola, Ana, ese clic clac tiene una fuerza que da la clave a todo el micro. Y es más, parece que se cuela en nuestras cabezas de lectores como un tinnitus, sin cura de por vida. Qué terrible y qué gran micro. Me ha encantado.
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Gracias María Pilar, aprecio mucho tu comentario, saludos.
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Cuando iba leyendo pensaba que la protagonista terminaría suicidándose como el abuelo. Muy buen final, con ese clic, clac que la vuelve. Excelente. Besos, Ana
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Muchas gracias por leerlo y comentar… saludos..
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Cuando iba leyendo pensaba que la protagonista terminaría suicidándose como el abuelo. Muy buen final, con ese clic, clac que la vuelve. Excelente. Besos, Ana
Soy Myriam del Blog DE amores y relaciones.
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Muchas gracias Myriam, saludos.
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La letra pequeña de ese tintero esta dejando unos resultados.macabros, este me ha encantado, la escritura hasta el desenlace fatal y pasado por fuego. Muy bien utilizado el reto.
Un abrazo, Ana
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Muchísimas gracias, saludos.
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Un relato estupendo, Ana.
Lleno de magia, pero también muy inquietante.
Un final triste, pero sorprendente.
Un fuerte abrazo.
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Muchas gracias, saludos.
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¡Madre mía!! Qué cara está costando esa letra pequeña.
Me ha encantado. Abrazo
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Gracias Amaia, saludos.
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Hola, Ana! Un relato estupendo! Puedo imaginarme el ruido ese retumbando en la cabeza! Infernal! Un abrazo
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Muchas gracias Mireugen. Saludos.
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Hola, Ana. Lo de cumplir nuestros deseos nos puede dejar secuelas y si son con pabellón psiquiátrico de por medio igual mejor seguir desmusados.
Saludos
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Jajaja si, exacto. Saludos JM
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Estupenda historia, Ana!! Que la máquina de escribir hiciera el trabajo me ha encantado y el clic, clac como maldición me parece un final chulísimo. Enhorabuena, a ti no te falla la inspiración. Un abrazo!
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Gracias por leerlo Lola, te mando un abrazo de vuelta.
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