Mi participación en el reto de El Tintero de Oro: La Paleta de las Emociones, consiste en escribir un micro inspirado en una emoción como mínimo.Yo utilicé: alegría, confianza, miedo, tristeza, remordimiento.

La llegada de Toñito me hizo sentir liviana, como una pluma flotando en el viento. Sus hermanos ya eran mayorcitos y yo extrañaba cuidar un bebé.
Aborrecida por ellos, de esa familia nunca supe ya nada, y con el tiempo solo recordaría a Toñito, eternamente congelado en los dieciocho meses y en el día en que lo tiré por accidente y los médicos dijeron que crecería jorobadito. Después de eso, siempre me faltó el aire y todas las desgracias las atribuí a una suerte de justicia divina. Incluso cuando un fuereño me violó y quedé embarazada creí que me lo merecía. Fantaseaba que al nacer, también tiraba a mi bebé y quedaba jorobado, volviendo el equilibrio a mi mundo.
Una noche arropada en niebla nació José. «No podías haber tenido un muchacho más sano, Chayito» dijo el doctor mientras lo ponía en mi pecho. Juro que me arrepentí de mis pensamientos y le prometí cuidarlo.
A José no lo tiré yo, sino un caballo encanijado, y ahí empezó otro calvario. Acabé en Guadalajara, en una clínica muy elegante, frente a un afamado especialista de columna, muy joven y bien parecido, pero jorobado. Nada más verlo supe quién era y sentí que el piso se abría bajo mis pies. Con mis ojos nadando en lágrimas, le confesé que yo había sido su nana y la causante de su desgracia.
Mi hijo volvió a caminar y yo ya puedo respirar. El perdón sabe a gloria.
244 palabras
Autor Ana Laura Piera.
