EL ÁNGEL

Un ser celestial encuentra un motivo para no regresar al cielo.

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El ángel se deshizo rápidamente de toda la parafernalia angelical: alas, túnica, aureola, todo fue a dar a la basura. Y aunque no quería ser más un ángel decidió conservar la cuerda dorada con que anudaba su túnica. Se maldijo por ser tan débil y fue a sentarse a la orilla de la carretera.

Llamó la atención de Perla de inmediato y ¡cómo no!: un hombre hermoso, desnudo, salvo por un resplandor dorado en la cintura. La chica detuvo su auto compacto y bajó el vidrio para hablar con él. Pacientemente le explicó que si la policía lo veía, se lo llevaría preso por faltas a la moral. Le preguntó qué le había pasado y si lo podía llevar a algún lado, pero aquel ser parecía tan desorientado que tomó la decisión de llevarlo a su casa. Hizo todo lo que su madre siempre le había dicho que nunca hiciera, pero algo había en él que le transmitía tranquilidad.

Lo alojó en el cuarto extra que tenía su departamento y le dio algo de ropa de hombre que su ex pareja había olvidado recoger. Aunque no era la talla exacta, le sirvió. Aquella noche Perla no pudo evitarlo, se sentía atraída hacia aquel hombre misterioso. Entró a la habitación donde el ángel se encontraba adormilado y se deslizó en la cama. Él parecía completamente desconcertado ante los embates de besos y caricias de la muchacha, pero poco a poco comenzó a responder, primero torpemente y después con una pasión que él mismo no sabía que tenía; pero que encontró maravillosa.

Al otro día le despertó el delicioso olor a café que Perla preparaba en la cocina y de repente recordó la cuerda celestial que había conservado. Ahora sabía que nunca más la necesitaría pues había encontrado OTRO CIELO.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

DESEO – Microcuento

Cuando el deseo se hace insoportable sólo quieres llenarte de placer.

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Él todavía se encontraba sentado frente a su monitor de trabajo cuando la idea comenzó a gestarse en su cabeza. Sintió mariposas volando en su vientre solo de imaginar lo que haría al llegar. Una rápida mirada al reloj de la oficina le confirmó que la hora de salida se acercaba.

Durante el trayecto a casa no pudo evitar mojarse los labios en anticipación. Sus dedos temblaban de imaginar el primer contacto. En un cruce estuvo a punto de saltarse el semáforo por lo que tuvo que frenar de improviso y casi causa un accidente. Su ensoñación se vio interrumpida por los bocinazos de protesta y los insultos hacia su persona. Trató de concentrarse hasta llegar a su destino pero era difícil. El deseo lo dominaba.

Cuando por fin pudo bajarse del auto y abrir con manos temblorosas la puerta de su morada, la vio a lo lejos: Hermosa, erguida e imponente, esperándolo. Dejó caer sus cosas ahí mismo: portafolio, llaves y saco acabaron en el piso de madera. La urgencia ya era incontrolable. Buscó torpemente lo que necesitaba y con movimientos lentos y suaves la descorchó.

«Abrir una botella de vino es lo más parecido a tener sexo… sin sexo» pensó, mientras servía el rojo líquido en una copa y después mojaba su boca explotando de placer.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Lizzet y el sexo…

Un año ominoso, un escape de la realidad.

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Era Lizzet una diosa, lo más increíble que él hubiera visto jamás. Siempre tenía una sonrisa en el rostro, nunca una queja. Ante sus continuos y ácidos monólogos, ella guardaba comprensivo y amoroso silencio. Le recompensaba las tristezas con placer y fantasía, era ella un escape de la cruda realidad de aquel ominoso año cuando no acababa de pasar una tragedia cuando ya se tenía otra encima. A menudo y a pesar de no creer en nada en particular, se sorprendía a sí mismo, agradeciendo a la vida por aquella bendición.

Los que más contentos estaban, eran los de la fábrica de muñecas sexuales Orient, con su nuevo modelo robótico: Lizett 2021, que gracias a la pandemia había salvado a la empresa de la bancarrota.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

https://bloguers.net/literatura/lizzet-el-sexo-microrrelato/

LUJURIA

Desafío: Hacer un cuento corto con las palabras: vitaminas, guayabera, ranas, mar, herramienta.

Vestido con su cotidiana guayabera blanca, y animado por sus vitaminas mañaneras, Don Fausto se estaciona en el lugar más solitario del malecón. Al apagar las luces de su auto solo alcanza a escuchar el bramido del mar sin poder verlo. Hoy no hay luna. Ya lo espera ahí Lourdes, la chica que ayuda en casa y que apenas pasa de los quince años. Mientras se la quita con impaciencia, el viejo piensa en lo absurda que resulta esa camiseta de ranas rosas que trae puesta la chica; después saca su herramienta y comienza a trabajar en su propio placer.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

(Eso de la herramienta reconozco que no suena muy bien, pero tenía que usar la dichosa palabrita, jajaja). Quizás tú puedas escribir algo mejor con ellas, ¿te animas?

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla – 7 agosto 2009

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