Libertad – Microrrelato.

Mi participación en Escribir Jugando del mes de Abril. Condiciones: Inspirarte en la carta para crear un microrrelato de cien palabras. Deberá incluír lo que representa el dado: «piscis» y opcional, incluir algo relacionado con la invención del globo aerostático (el mismo invento, su inventor o el año de su fabricación).

Antes de inventar el globo aerostático, el otro Joseph Montgolfier, (que a pesar de ser del signo de piscis no era nada sensible ni empático), pensaba usar cierta raza de pequeñísimas hadas voladoras a las que amaestraría para que elevaran una canastilla en el aire. Necesitaba muchas y las fue apresando.

—¡Jamás seremos simples proovedoras de fuerza motriz! —dijeron, y procedieron a arrancarse las alas.

Cuando las vio sin alas, Joseph las liberó de mala gana e imaginó alternativas para elevar su invento.

Las hadas se alejaron caminando, sus muñones aún en carne viva, rotas, pero libres.

98 palabras incluyendo el título.

Autor: Ana Laura Piera

https://bloguers.net/literatura/libertad-microrrelato-de-98-palabras/

Alegría.

Mi participación en el VadeReto de marzo 2023 del blog Acervo de Letras. Este mes el tema es la Alegría y el reto es inspirarnos en la imagen y hacer un relato relacionado con el tema del mes.

Nada más llegar a la playa, corrí emocionada hasta que los frescos brazos del mar me sostuvieron. Envuelta en ellos, miro divertida a Alex que se va metiendo por partes, haciendo grandes aspavientos cada vez que las olas lamen alguna parte de su cuerpo, pues para ella, el agua siempre está fría sin importar la época del año. Después de treinta minutos, por fin ha logrado entrar por completo y unírseme. Ahora ambas platicamos, reímos y jugamos cual dos adolescentes.

El tiempo ha pasado y hemos permanecido cerca de la orilla cuando de repente, algo roza mi pierna y me invade una sensación de pavor, por mucho que me guste el mar, siempre estoy muy consciente de que abajo del agua se mueven «cosas». Alex ríe de buena gana ante la cara que he puesto y luego ella también muda su semblante al sentir lo mismo que yo, y escandalosa, como es, grita, mientras intenta salir a toda prisa. Algunos niños que nadaban cerca la imitan.

No sin algo de repugnancia, tomo entre mis dedos lo que me ha rozado: ¡un trozo de plástico! Luego veo pasar a mi lado algo amarillo, que resulta el envoltorio de un caramelo, y así de repente llega una nata de desperdicios: bolsas de frituras, pedacitos de plástico que de tanto navegar se han ido desintegrando hasta quedar hechos jirones. Salgo hacia la playa, no sin antes recoger lo más que puedo para tirarlo en la basura. Luego Alex y yo entramos y salimos varias veces del agua, llevando los residuos hacia un contenedor que se encuentra ahí para tal efecto, y después, seguimos recogiendo basura, pero ahora en la playa: latas de cervezas, plásticos de todo tipo, juguetes olvidados…

—¡Nunca había visto esto tan sucio! —exclama Alex indignada—, mientras tira en el contenedor la suela de un zapato, que a fuerza de flotar por el océano se ha ganado ya un lugar en la marina nacional.

—¡Mira! —le señalo con el dedo a un par de niños que nos imitan recogiendo desperdicios y llevándolos a la basura. Más tarde, sus padres, avergonzados, se han levantado también de sus mullidas tumbonas y se han unido a nuestra improvisada cuadrilla de limpieza.

Cada vez más niños y adultos se suman a nuestros esfuerzos y miro a Alex y constato que a ella le embarga la misma alegría que a mí. Después de la faena, los chicos, sudorosos, se dan un chapuzón juntos y luego salen para jugar futbol. Las niñas platican animadamente mientras el suave oleaje les moja los pies.

El sol empieza a morir entre los cerros y a regalarnos los clásicos colores del atardecer, todos nos juntamos para apreciarlo, los chicos ríen, los padres se abrazan, y Alex y yo sabemos que aún queda sitio para la esperanza.

Autor: Ana Laura Piera

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Mi compañero, el robot. – Microteatro.

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Mi participación en El Reto del Microteatro del blog: «Literatureandfantasy.blogspot.com» de nuestra compañera bloguera Merche Soriano. Consiste en crear un texto con las características de teatro y no de narración tradicional, un requisito sería estar basado en un tema de actualidad, como la inteligencia artificial. El reto se me hizo muy interesante y pues aquí va mi aporte:

ESPACIO ESCÉNICO Y PERSONAJES:

El interior de un automóvil de policía, dentro un ROBOT policía y su compañero humano, PACO. Ambos hacen guardia frente a un edificio esperando movimientos de un sospechoso.

ROBOT:
Paco, llevamos más de cuatro horas aquí, necesito recargar baterías.

Paco, molesto, da un golpe en el volante.

PACO:
¡Y yo necesito mear, pero me controlo! Por eso me choca que me toques de compañero, no aguantas nada.

ROBOT:
Pero no negarás que te hago reír. Como esa vez que te conté del ordenador con sobrepeso, ¿te acuerdas? ¡Tenía saturado su disco duro!

PACO:
No empieces, solo tú crees que eres gracioso.

ROBOT:
Escucha esto: el otro día un robot que no quiso actualizarse se llenó de virus, ¿sabes por qué?

El robot no espera respuesta y añade:

¡Por no «usar protección»!

El robot se desternilla de risa mientras Paco lo mira enojado.

PACO:
Si sigues riéndote así, se te va a terminar la batería antes de tiempo.

ROBOT:
¡No, espera, tengo otro! Un ordenador le dice a otro:

«Estás lleno de mierda»

«¿Por qué dices eso?» —le pregunta el otro ordenador.

«Porque tu bandeja de reciclaje está llena»

El robot se dobla de la risa y Paco lo mira con mirada asesina.

ROBOT:
Éste es bueno, ¿sabes el colmo de un robot como yo? ¡Tener nervios de acero!

El robot ríe histéricamente y de repente se queda como apagado. Paco le da un golpe, pero no logra que se vuelva a encender.

PACO:
¡Pedazo de hojalata inservible! ¡Maldita la hora en que me tocaste compañero!

El robot parece prenderse, hace un intento de erguirse, sin éxito, y luego empieza a reír doblándose trabajosamente sobre sí mismo.

ROBOT:
¿Hojalata? ¿Yo? ¡Ja… ja… ja! ¡Qu…e…bue… n…o!

El robot se apaga definitivamente y Paco solo suspira.

Autor: Ana Laura Piera

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La Revelación – Microrrelato

Mi participación en el reto lanzado por Lidia Castro Navás: escribir un relato de no más de cien palabras inspirado en la imagen y que incluya el elemento del dado (runa berkana, relacionada con la fecundidad y el nacimiento). Opcional: que el relato tenga algo relacionado con la flor de alhelí, que en terapia floral tiene varios usos siendo uno de ellos para la incertidumbre frente al camino a seguir. 

Antes, la runa berkana la ha hecho sospechar, y Thyra, la vidente, recurre ahora al oráculo del agua. Al tocarla, un estremecimiento helado la recorre mientras se le revela que, dentro del vientre real, se gesta aquel que traerá la fatalidad al pueblo.

Conocer el futuro hace que sienta el peso del mundo en sus hombros, y, temblorosa, saca de la alforja un cuerno lleno de infusión de alhelí, que bebe esperando que la ayude a escoger el camino.

Lentamente lleva su mano a la empuñadura de su espada.

Ya sabe lo que tiene que hacer.

98 palabras incluyendo el título.

Autora: Ana Laura Piera.

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El Gramófono

Mi participación en «Escribir Jugando» del mes de febrero. Consiste en crear un microrrelato de hasta cien palabras, inspirándonos en la carta y que incluya el objeto del dado (un capazo). Opcional que aparezca algo de «Los Miserables», ya sea el libro, el autor o el año en que se escribió.

Contra todo pronóstico, el bebé gramófono pudo desarrollarse dentro de aquella horrible jaula. De pequeños, las cornetas de los pequeños gramófonos son blanditas y maleables, y por ello, la suya pudo pasar entre los barrotes de su prisión. Como una flor extiende sus pétalos, así pudo al fin extender su corneta y pudo emitir las primeras notas musicales.

Un libro cercano, el de «Los Miserables», se estremeció de placer en medio de una nube de polvo. Dentro de un capazo, varias pelotas olvidadas comenzaron a saltar. El desván nunca volvió a ser el mismo.

95 palabras

Autor: Ana Laura Piera

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La hazaña del Tlacuache.

Una segunda participación para el reto del blog El Tintero de Oro, hay que escribir un micro de hasta 250 palabras inspirado en algún mito. Yo me he basado en un mito prehispánico que tiene como protagonista a un tlacuache, que es un tipo de zarigüeya.

Con sigilo, el tlacuache se acercó a la hoguera de los dioses. No era la primera vez; ya que era adicto a ese calorcito que le calentaba los huesos y el alma, muy parecido al efecto de su otra gran adicción: el aguamiel robado a los hombres y del que tanto gustaba.

«Si la gente tuviera un poco de este fuego, no morirían de frío y no cazarían tantos animales para cubrirse con sus pieles, ¡y quién sabe qué otras cosas podrían hacer con él!» —pensó, y siendo muy impulsivo, metió su cola en la lumbre; al contacto con las brasas, chilló de forma tan aguda y escandalosa que varias de las divinidades voltearon y lo descubrieron, pero lo vieron tan insignificante que no le hicieron mucho caso.

El tlacuache corrió con la cola encendida como una estrella titilante. Aquella luz le levantó ampollas, que luego se reventaron causándole dolores horribles, pero no paró hasta llegar a la aldea de los hombres, donde, desfallecido, les ofreció aquel regalo. Encendiendo a toda prisa ramas y grasa animal, recolectaron aquella dádiva y luego sofocaron el incendio de la extremidad del animalito y lo curaron; este vio con tristeza que su cola estaba completamente pelada y en carne viva.

Agradecidos, las personas le prometieron no cazar tlacuaches, se hicieron figuras de arcilla del héroe y murales para que nadie olvidara su hazaña. Además, le premiaron, dándole permiso de beber todo el aguamiel que quisiera.

Autor: Ana Laura Piera

245 palabras.

Notas:

El tlacuache es un animal que habita exclusivamente en América. Se le llama de esta manera particularmente en México, en otros países se conoce, entre otros nombres, como zarigüeya.es uno de los tipos de marsupiales que habitan en el nuevo mundo.
En México, el tlacuache tiene un importante significado legendario que forma parte de la cultura popular en algunas áreas de la región. En principio, podemos mencionar que el nombre proviene de la lengua náhuatl, pero, ¿cuál es el significado de tlacuache? Originalmente era “tlacuatzin”, donde «tla» significa «fuego»; «cua» es «comer» y «tzin» se traduce como «chico». En este sentido, el significado hace alusión al «pequeño que come fuego» El mito del tlacuache que roba el fuego y lo regala a los hombres seguramente se inspiró en su cola que carece de pelo a diferencia del resto de su cuerpo.

Aguamiel: es una bebida mexicana tradicional. Esta se extrae del maguey desde el año 200 a. C. y se puede beber directamente de la planta o dejar que se fermente y convertirla en pulque. 

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La Caja – Cuento Corto.

Mi participación en el VadeReto del mes de Enero, convocado por JascNet del blog Acervo de Letras. Las condiciones son elaborar un relato a partir de un supuesto: ha llegado una caja de improviso en medio de una reunión. El resto corre por nuestra cuenta.

Eugenio arrebató la caja al pequeño Pablo. Fue un movimiento violento e inesperado, pero el niño estaba acostumbrado a aquellos desplantes y, ubicándose con rapidez debajo de aquel adulto odioso, dio un pequeño salto y golpeó la parte inferior de la caja con sus puños, sacándosela de las manos. La caja voló por los aires y aterrizó en el suelo. Siguió un forcejeo salvaje sobre el piso.

—¡Que no! ¡Que esto va para la basura! —Fuerza bruta, ojos inyectados de odio.

—¡Pero si me la mandó mi padre!—chilló Pablo,

—¡Por eso mismo, pequeño demonio! ¡No quiero que recibas nada de él!

Pablo empezó a gritar desesperado: «¡Mamá! ¡Mamááá!»

Isabela tardó en aparecer, tímida, se retorcía las manos, nerviosa.

—Hijo, Eugenio dice que no puedes quedártela. Además, ¿cómo puedes estar seguro de que te la mandó tu papá?

—¡Lo sé! ¡Él me dijo que me mandaría algo para Día de Reyes! —Isabela se quedó mirando aquella caja, que no era ni muy grande ni muy pequeña, nada especial, y señalándola, con su tembloroso dedo índice, deformado y sin uña debido a los continuos mordisqueos a los que lo sometía, dijo:

—Eugenio tiene razón: no trae remitente —Se cruzó de brazos y abrió mucho los ojos mientras miraba a su hijo, como diciendo: «¿Ves?»

—¡Te digo que es de papá! —gritó Pablo con todas sus fuerzas, sus ojos color miel centelleando. —¿Dónde está Linda? ¡Lindaaa! —Linda últimamente se demoraba en llegar, pero cuando lo hizo, respaldó al niño:

—Pablo tiene razón, puede ser de su papá. Isabela, por favor, no hagas caso de Eugenio y deja que Pablo la abra.

Isabela se quedó paralizada unos instantes, Pablo aprovechó para llevarse la caja, que puso sobre la encimera de la cocina, luego rebuscó en los cajones y sonrió triunfante al sacar unas tijeras; estaba a punto de usarlas para rasgar el sello cuando reconoció el andar resuelto de Eugenio que se le abalanzaba. Pablo blandió las tijeras, amenazante:

—No te me acerques o te las clavo, cabrón. Linda ya dijo que me dejen abrirla.

—¡Isabela! ¡Haz algo con tu hijo! Está imposible. Y tenemos que hablar sobre Linda, ¡esa zorra me está colmando la paciencia!

—Pablo, hijo, por favor, obedece. —Ojos llorosos, tono suplicante.

—Dejen al niño abrir la caja, ¡por Dios! —Vehemencia, indignación.

Pablo tomó la caja y corrió. Subió las escaleras a toda la velocidad que le permitían sus piernas de ocho años y una vez en su recámara, dejó la caja sobre una cómoda y buscó en sus bolsillos la llave, que siempre llevaba consigo, y aseguró su cuarto. Luego regresó calmado a la sala-comedor.

—¿Y la caja?

—¿Mamá? Veo que están muy alterados, entiendo que es mi culpa, esperen…

Pablo fue a la cocina y sirvió un vaso de agua, luego, de un sitio poco accesible de la alacena, sacó un gotero, echó unas cuantas gotas al agua y regresó con él. Le extendió el vaso a Isabela quien lo tomó y se lo llevó a los labios.

—Estoy pensando que quizás tengan razón y no deba abrir la caja, es más, en un rato voy por ella y yo mismo la tiro a la basura. Dile a Eugenio que ya no se enfade.

Bastaron unos cuantos minutos para que reinara de nuevo el orden en la casa. Isabela se había derrumbado sobre el sofá, vencida por el sueño, y con ella, Eugenio y Linda. Pablo se quedó muy quieto mirando el frágil cuerpo de su madre, que era capaz de albergar otras dos personalidades. El niño se pasó el dorso de la mano por los ojos húmedos, llevándose las lágrimas, y subió a su cuarto, por fin abriría la maldita caja, en paz.

616 palabras.

Autor: Ana Laura Piera

Este relato aparece en la Revista Masticadores Sur, te invito a que te des una vuelta por la revista que tiene muchas cosas interesantes para leer.

https://bloguers.net/literatura/la-caja-relato-corto/

Nota: La persona que padece el trastorno de identidad disociativa (TID) puede adoptar hasta cien identidades distintas.En otros tiempos, se le llamaba trastorno de personalidad multiple. En una persona con este trastorno, sus alter egos toman el control de su conducta de forma recurrente, teniendo cada una de ellas, recuerdos, relaciones y actitudes propios y totalmente diferentes.

Arpista – Microrrelato.

Mi participación en el reto de Lidia Castro «Escribir Jugando» del mes de Enero. Consiste en crear un microrrelato no mayor a cien palabras, inspirándonos en la carta, debe aparecer el mineral ópalo y opcional algo relacionado con la flor hibbertia.

La llegada del solsticio marca su retorno. Por un año ha deambulado sobre la tierra haciendo música con un arpa de regazo* y se ha asomado al futuro. Ahora tiene muchas cosas que contar y advertir a sus contemporáneos del pasado. Abandona el arpa sobre una roca y se dirige al derruido círculo de piedras que ya refleja la luz del sol. En una mano lleva un ópalo, que potenciará la magia, y en la otra, la flor hibbertia, recordatorio de que debe compartir su saber sin pretensiones. Le espera el esplendor del monumento, milenios atrás.

97 palabras incluyendo el título.

Autor: Ana Laura Piera.

*Nota: Las arpas de regazo son mucho más pequeñas que otros tipos de arpas, generalmente con menos cuerdas que las arpas que descansan en el piso para tocar y son perfectas para «viajar» con ellas.

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El Gran Viaje. Microrrelato.

Desde su blog, Lidia Castro Navás nos invita a crear un microrrelato a partir de la siguiente imagen, donde deberá estar incluído el elemento del dado (bastón) y opcional que aparezca en la historia algo relacionado con el cheque: el año de su invención, su inventor o el propio cheque. Todo en cien palabras o menos. Dado que inicia un mes de lo más amable, dejamos atrás los temas sombríos.

Para ir al reto de Lidia, da clic AQUÍ

Había llegado diciembre, pero el cheque de su exmarido, no. «Sinvergüenza»—pensó. Entonces se montó en el vehículo y decidió irle a reclamar la pensión. Fue por aire y por tierra hasta llegar al Polo Norte, donde se encontró al Sr. Claus muy ocupado preparando su Gran Viaje. Se bajó y alistó el bastón para darle unos buenos bastonazos al viejo gordo. —¡Sabía que vendrías! —dijo él y, esquivando los golpes, le plantó un sonoro beso. —Ven, ¡Ayúdame como antes! ¡Te extraño!

Esa Navidad todo estuvo más organizado y nadie en el mundo se quedó sin regalo.

100 palabras incluyendo el título.

Autor: Ana Laura Piera.

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Instinto – Microcuento

Desde Twitter, @EstherMagar convocó a contar qué historia nos inspira esta imagen. Si se te ocurre algún relato déjamelo en los comentarios.

El perro pastor se interpuso con valentía entre sus ovejas y el peligro. Se turbó al sentir la mirada del licántropo sobre él, que despertó un instinto lobuno dormido por generaciones.

Entre ambos acabaron con el rebaño, no tuvieron piedad.

Autor: Ana Piera

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